POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA).
Quizás por abreviar he simplificado el titular en demasía. Podría haberlo titulado El Catillo de Escalona y su relación con Álvaro de Luna y los Villena, que en realidad es de lo que hoy quiero hablar.
Verán amigos lectores, desde hace muchísimos años, antes de que en esta bella e histórica población toledana vivieran mis sobrinas, el ‘sobrino adjunto’ como yo llamo al consorte de mi sobrina Raquel y mis resobrinas Ángela y Sara, ya tenía yo en mi mente esta visita que no se cuajaba, el castillo siempre estaba cerrado… estas líneas ¡van por ellos!
Recortada silueta desde la lejanía, el majestuoso y desafiante castillo de Escalona estaba ahí junto a la carretera de Toledo a su paso por Escalona, en un altozano-atalaya del valle del Alberche, antaño una situación estratégica y paso obligado entre Ávila y Toledo. Pero esa gran fortaleza siempre estaba cerrada, es de propiedad privada me decían… y cuanto más cerrada e inaccesible era, más deseos de conocerla despertaba, y máxime cuando empecé a ver tantas conexiones históricas.
Aunque ya existía un núcleo anterior musulmán almorávide, comienza su vida histórica con Alfonso VI quizás en su paso hacia la reconquista de Toledo. Pero comenzó a tener resonancia cuando en 1423 Juan II la dona a Álvaro de Luna que realiza grandes obras defensivas en el castillo. Pero al caer en desgracia en el Luna, y su mujer Juana de Pimentel la «triste Condesa» de Arenas de San Pedro, volvió al realengo hasta que en 1470 es entregada por Enrique IV a Juan Pacheco, maestre de Santiago con el título de Duque de Escalona, ya había heredado el marquesado de Villena, que construye el palacio dentro del gran recinto fortificado, en un gótico del s. XV, con su magnífica y original capilla en el gran salón, en la torre circular de la fachada, y borra los escudos de su antagónico y anterior dueño, el de Luna. Nombres todos de resonancia en la vida de nuestra Isabel de Castilla.
En su recinto exterior destacan esas potentes torres albarranas, es decir de gran saliente exterior unidas a los muros dejando su parte baja transitable por arcos que las perforan dando paso a una ronda. Muralla y antemuralla y un gran foso por donde ahora transcurre la carretera, y unido a las murallas de la población, la hacían fortaleza inexpugnable.
Ha sido de propiedad privada hasta hace unos meses que la compro el Ayuntamiento y desde principios del verano es visitable, dando fin a tan largo estado de incomunicación y así propiciar tan deseada visita. El recinto prácticamente completo, aunque con algunos muros deteriorados, con un patio de armas que fue campo de futbol ecalonero. En su interior el palacio de los Pacheco, del que destaca la hermosa fachada, lo demás muy reformado modernamente por los antiguos propietarios que lo habitaron. Y el resto de las ruinas, con muchas faltas de materiales ya que durante mucho tiempo fue cantera de la que se extraían materiales… por ejemplo, las bellas columnas del antiguo ayuntamiento, hoy biblioteca, que eran de patio del palacio.
Lo fundamental es que ya es del pueblo de Escalona y es visitable por fin.
Me llamaron la atención los murales que han pintado en diversos lugares de la villa, pero especialmente una que está frente al castillo, con el de Luna y con don Juan Manuel escribiendo El Conde de Lucanor, es bellísimo.
Y la escultura del ciego del lazarillo de Tormes, al zagal lo han desaparecido… una pena porque tiene una escultura en bronce más que notable, a la entrada de la biblioteca, ¡hay vandalismo en todas partes…! me dice mi sobrina Ángela apenada… y buena anfitriona en mi primera visita al gran castillo de Escalona.
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