POR SILVESTRE DE LA CALLE GARCÍA, CRONISTA OFICIAL DE GUIJO DE SANTA BÁRBARA (CÁCERES)
Extremadura siempre ha sido tierra de ganaderos y de queseros. Los rebaños de ganado menor (ovejas y cabras) han sido fundamentales para la economía y la subsistencia de los extremeños y también para ganaderos de otras regiones que buscaban refugio en los cálidos pastizales y dehesas durante los meses invernales.
Hoy en día, en Extremadura se elaboran quesos durante todo el año pero, en épocas pasadas y salvo en las serranías norteñas de la provincia de Cáceres, la producción de queso era principalmente temporal, elaborándose gran cantidad de queso durante la primavera y poco durante el resto del año, de ahí el refrán que sirve de título a este artículo y que explicaremos detenidamente más adelante.
QUESOS DE OVEJA.
Desde hace siglos, podríamos decir incluso desde hace milenios, la oveja es la reina y señora de los pastizales y dehesas de Extremadura siendo la Merina la principal, y casi única, raza autóctona de la zona, acompañada por su derivada la Talaverana en el oeste de la provincia de Cáceres y sus mestizos con razas de tipo entrefino en el norte donde eran conocidas con denominaciones un tanto imprecisas como entrefinas, serranas o churras.
Hoy en día, aunque la Merina sigue siendo mayoritaria en la región, comparte hábitat con otras razas como el Merino Precoz, la Fleischschaf, la Ile de France, la Lacaune o la Suffolk
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