POR JOSÉ MANUEL TROYANO VIEDMA. CRONISTA OFICIAL DE LAS VILLAS DE BEDMAR Y DE GARCIEZ (JAÉN).

Bedmar.*Voto de San Marcos. Bedmar, 1449.
Así nos relataron D. Francisco Blanco y D. Pedro de la Parra el cumplimiento de este Voto en el Bedmar de 1575: «El voto tuvo origen de que mucho tiempo ha, siendo esta villa de Bedmar muy perseguida de la langosta munchos años arreó, los vecinos pusieron al señor San Marcos por intercesor con Nuestro Señor para que los librase de aquella persecución y prometieron de ayunarle y solemnizar su fiesta aquel día suyo, y sucedióles tan bien que cesó por muchos años, y después como les fue faltando el daño faltoles la devoción, y cumplíase el voto mal y volvió la langosta de manera que totalmente los destruya los panes. Visto lo cual, con nuevo arrepentimiento y devoción volvieron a renovar el voto y hacerlo tan áspero como el que se señala a continuación y nunca más se ha visto en esta villa langosta, ni poca ni mucha«: «El día de San Marcos se hace en Bedmar un ayuno tan áspero por voto del pueblo que no se puede comer más de una vez aquel día, y si algún pasajero pasase por aquí ni le dejaran pasar de esta villa ni ha de comer más de una vez, ni le darán de comer si es ya después que los vecinos han comido, aunque lo pagase demasiadamente, ni se puede aquel día andar a caballo, ni encender lumbre, ni dar de comer a las bestias, ni de mamar a las criaturas hasta después de Misa Mayor. Y no se puede comer leche ni huevos(42)».
Después dejaron de cumplirlo y la langosta volvió a destrozarles las cosechas y ese fue el motivo por el que hicieron tan duro el Voto en Bedmar y fuera de la villa, los vecinos que se trasladaban a otra, pues sucedió que “se ha visto a dos hijos de un vecino de esta villa en término de Guadix, donde vivían, no guardarlo, el uno pareciéndole que no le comprendía la promesa de sus padres y abuelos, y teniendo el haza ambos partida con un surco no más, comerse la langosta el sembrado del que no guardó el voto y no llegar a la del otro, que lo cumplió. Y otros casos notables que a este mismo propósito han sucedido”.
*El Voto de Santo Bastián.
La devoción a San Sebastián –martir romano del S. III- se remonta a la 2ª mitad del siglo XV, fecha en que los Bedmarenses levantaron un Templo-Ermita Extramuros de la villa, como consecuencia de haberles salvado dela Peste y de varias “Hambrunas”. La Ermita de Santo Bastián, ubicada en el Pago del mismo nombre –en la salida norte de la Villa- existía aún en Bedmar, en pleno funcionamiento en 1806 y contaba con su propia Cofradía. Será con la Desamortización eclesiástica de Juan Álvarez Méndez en 1836 cuando se subastaron las ruinas de esta.El motivo del Voto de Bedmar a San Sebastián fue por haberle salvado, además de la peste, ya citada, de unas hambrunas fuertes en la segunda mitad del S. XV, que por la falta de trigo les obligó a nuestros paisanos a comer “grama” –una especie de planta gramínea de tallo rastrero que echa raíces pequeñas por las rugosidades o nudos de su tallo y que por cierto era y es una planta medicinal-, previamente secada al sol y luego bien cortadita para su posterior molienda y realizar el pan de grama después. Por tanto fue el hambre, unida a la peste y a otras enfermedades, lo que originó el Voto, por el que los Bedmarenses “Se obligaban a que en dicha Ermita se dijese una Misa cada día y el día del Santo vaya todo el Pueblo, en Procesión General, a la misma, donde se oficiaba la Misa Mayor, al tiempo que se había de dar caridad de pan y requesón a todos cuantos acudiesen a la referida Fiesta Religiosa y que el sobrante se repartiese entre los Cofrades de la Hermandad de Sano Bastián”. Pero he aquí algunos datos más sobre el Santo, su Ermita y su Cofradía que nos aporta el investigador local D. Matías Gómez Carreras: “Por un expediente de 1503, por el que se proveyó una capellanía vacante en Bedmar, se incluía un Testamento de los fundadores de dicha Capellanía, D. Pedro García de Carmona Izquierdo y Dª. Marina Fernández, en el que se dice que se debían de donarse 25 maravedíes para la fábrica parroquial de Santa María, “con sus casas -Ermitas/Iglesias- de San Marcos, San Nicasio, Santiago, San Sebastián y Santa María de Cuadros”. De igual manera se dice que a la Cofradía de Santo Bastián se le “leguen 100 maravedíes” (43).
En el día de San Sebastián de 1628, a pesar del encontronazo ocurrido entre el sacristán y mayordomo de la Ermita, hermano de D. Francisco de Leiva y el cura de Bedmar, el Licenciado D. Cristóbal de Raya, se celebró la fiesta religiosa, a pesar de la poca gracia que le hizo que el incensario estuviese apagado a la hora de incensar al santo y a todos los presentes. Por tales hechos ocurrido en esta ermita, el arcipreste de la villa, el Doctor D. Luis Ximénez, ordenó que fuesen encerrados en la cárcel pública y como pena les impuso el pago de 4 libras de cera, a cada uno (44). En 1639 el prioste y mayordomo de la Cofradía de Santo Bastián, D. Francisco García, se quejó al Obispado por las muchas deudas que tenían algunos vecinos de Bedmar con la institución, “en concepto de arrendamientos de los bienes afectos a ella” (45). Entre 1680 y 1684 la Ermita quedó arruinada, pero pudo ser reconstruida de nuevo y abierta al culto. De acuerdo con el Catastro de Ensenada de 1751, dicha Ermita contaba con un haza, aneja a ella, lindando con otra propiedad de Juan de la Higuera. En 1775 y de acuerdo con el expediente relativo a la provisión de una capellanía en la Iglesia Parroquial de Bedmar se ordenaba, que por orden de los fundadores se le entregasen a la ermita de Santo Bastián 5 maravedíes y para su Cofradía, la cantidad de 200 maravedíes (46).
*La defensa de la fortaleza de Bedmar por el Comendador D. Luís de la Cueva y Sanmartínen 1460.
«A vueltas del año de mil e cuatrocientos sesenta, viernes santo, siendo de quince años don Luís de la Cueva, y el primer día que ciñó espada y estando en la fortaleza de Bedmar con su madre, doña Leonor de San Martín y algunos criados de su servicio, se concertaron siete vecinos de Úbeda: cuatro de ellos hermanos, los Calanchas; otros dos, también hermanos de la familia de los Córdobas y un fulano llamado Roquez; todos reputados comúnmente por valientes hombres que se habían propuesto acabar con la vida del citado don Luís a traición y quedarse con la fortaleza de esta dicha villa y con la de Albanchez y con la de Solera y Huelma que como Comendador de la Orden de Santiago poseía. Para ello uno de los Córdobas se encargó sólo de entrar por engaño debajo de amistad que tenía con el alcaide de la villa de Solera que está de aquí cuatro leguas a la parte del Xaloque; y uno de los Calanchas había de hacer lo mismo en el castillo de Albanchez, y los cinco que quedaron, tres Calanchas y un Córdoba y otro Roquez, vinieron a esta villa fingiendo que venían de hacer correrías del reino de Granada como otras veces, y que como amigos y valedores del dicho don Luís de la Cueva, por cuya mano el Córdoba había sido rescatado de los moros, lo venían a ver, y estando dentro de esta fortaleza los cinco, se dieron tal maña que con recados falsos a unos y a otros con pedirle al dicho don Luís que los enviase a esta villa por algunas cosas que dijeron tenían necesidad para llevar a sus casas, no quedó hombre que pudiese tomar armas, salvo el portero. Y dejando a Roquez para que entretuviese al citado don Luís de la Cueva, disimuladamente se salieron los demás y se fueron a la puerta donde dieron al portero una gran herida por las tripas, porque, aunque sin armas quiso defenderlos para que no cerrasen la puerta de la fortaleza, adivinándoles la intención que traían. En esta revuelta se salió un pajecillo huyendo y desde el alcazarejo viendo en un balconcillo sentado al dicho don Luís, descuidado de lo que en la puerta pasaba, le dio voces para que se guardase. Éste maravillado de tal novedad y viendo que no había quien pudiese hacer ofensa a sus criados sino era los que vinieron con Roquez, porque no había otros y de fuera no habían de dejar entrar a nadie que no fuese muy conocido, puso mano a una espada -pequeña como para muchacho-, de las que entonces se hacían en Cuéllar, que el primer Duque de Albuquerque, don Beltrán de la Cueva, su tío, le había enviado dos días antes. Y preguntando al Roquez si sabía algo, se lo negó, con el fin de ganar tiempo. Entonces don Luís le dijo a Roquez que no saliese de allí y allí se quedó. Don Luís con la espada en la mano y sin otras armas, salió a ver lo que ocurría a la salida, junto a la puerta encontró al portero con las tripas fuera, cuerpo que iban a presentarle a don Luís con el fin de que se desanimase, al ser un muchacho que se encontraba solo y sabedor de lo difícil que resultaría la defensa del castillo de Bedmar.
Pero todo sucedió al revés, porque el dicho don Luís de la Cueva los acometió de suerte que se acabó la pendencia y quedar cuatro de ellos muertos allí mismo por una sola mano y el otro tal que vivió pocas horas una vez que acabó la pendencia. Y el dicho don Luís de la Cueva quedó tan mal herido que queriendo abrir la puerta de la fortaleza a los de esta villa de Bedmar que le venían a socorrer, tras el aviso dado por el paje, se cayó malherido por la mucha sangre que había perdido, de manera que fue necesario romper las puertas, dado que ni él, ni doña Leonor, ni sus criadas las podían abrir, ya que estos hombres las cerraron por fuera del aposento por donde ellas pudiesen salir.
Antes de que muriese el que quedó vivo de los cinco, dijo como eran siete en la traición y cómo los dos se habían hecho cargo de su ejecución en las fortalezas de Solera y Albanchez. Hubo tiempo para avisar a los alcaides de la situación y los siete fueron hechos prisioneros y ahorcados(47)».
-*Versión de D. Juan Eslava Galán de la defensa del Castillo-Fortaleza de Bedmar por D. Luis de la Cueva:
«El día de Viernes Santo de 1460, en cuanto se abrieron las puertas de la ciudad, los cuatro hermanos Calanchas, salieron a caballo de Úbeda. Frente a las ventanas del Alcázar donde posaba el cuerpo de guardia, se despidieron y cada uno pareció tomar un camino distinto. Era una precaución. Luego se reunieron, tras dar varios rodeos, en el lugar del pilar de la Aldehuela, junto al camino de Jimena y llegaron hasta el sitio denominado del Ayozar. Allí se volvieron a separar. El menor se dirigió hacia Solera, de cuyo alcaide era falso amigo. Otro se dirigió al castillo de Albanchez. Los restantes se encaminaron hacia Bedmar. Esto era al amanecer.
Una mano poderosa les ofrecía oro e impunidad si les entregaban los castillos de Bedmar, Solera y Albanchez y la cabeza doncel de Don Luís de la Cueva y San Martín, Comendador de la Orden de Santiago en Bedmar.
Don Luís de la Cueva estaba muy ajeno a lo que se le venía encima. Aquel día se enamoraba de su primera espada, acero de Cuéllar, regalo de su pariente el Duque de Albuquerque en su quince cumpleaños.
Fingiendo los hermanos Calanchas que regresaban de una entrada en tierra de moros, descabalgaron estos traidores en el patio del castillo de Bedmar. Desde la escalera del Alcazarejo los saludaba el confiado de Don Luís:
-¿Qué albricias traéis de Granada, Roquez?
-Pocas y malas, Señor. Anoche pasamos al moro, con más frío que pelando rábanos y fuimos oídos por los escuchas. Se llenaron los cerros de almenaras, cuernos y señales, como si fuéramos el rey de Castilla que entraba a talar la vega. Ha sido forzoso volver con las manos vacías. Solo queríamos besaros las manos y pediros licencia para volver a Úbeda con una carga de sal a ver si este comercio alivia nuestra pobreza.
Tal y como los traidores habían previsto, Don Luís mandó a uno de sus criados a que dijese al salinero que preparara una carga de sal.
-Otra cosa queríamos pedir, Señor, que des licencia al talabartero de Villavieja para que nos venda una docena de cuerdas para los palos de nuestras ballestas que las traen flojas.
Don Luís mandó a otro criado por las cuerdas. Ya sólo quedaba en el castillo un hombre capaz de manejar armas, el portero. Las demás personas eran niños y mujeres.
Dejando a Roquez, que entretuviese con su conversación a Don Luís, disimuladamente salieron los demás y se fueron a la entrada, donde dieron al portero una gran herida por las tripas porque quiso evitar que cerrasen las puertas de la fortaleza.
Un pajecillo que vio lo que ocurrió corrió a avisar a Don Luís. Ya venían los compinches de Roquez, llevando a rastras al portero, que aullaba con las tripas por el suelo.
Pensaban que Don Luís, como muchacho, se desanimaría viéndose solo y tomada la puerta del castillo, por donde no podía recibir auxilio del pueblo.
Pero Don Luís, a la vista de aquello, enfureció y atacó a los traidores y aunque lo malhirieron en la refriega ejercitó su espada con todos ellos. Mató a cuatro y el quinto alcanzó a sobrevivir unas horas para contar el plan que traían. Mandó Don Luís aviso a los alcaides de Solera y Albanchez, y los otros dos traidores fueron ahorcados(48)».
*Toma de las tierras concejiles para su labranza.“El dos de enero de cada año y a la salida del Sol,
los hombres libres de la villa van al Campo de Bedmar en carrera con sus bueyes o bestias de arada y en ese día cada vecino puede arrejar y asurcar hasta 12 fanegas de trigo de sembraduría. En ese día no pueden señalar y tomar más y en ese año las han de dejar de Barbecho y al siguiente las han de arar, sembrar y recoger el fruto. Una vez recolectado el trigo no tiene este vecino más derecho sobre las tierras, hasta que llegado otro Otoño, por la salida del Sol en el citado día, pueda otro vecino llegado primero a las referidas tierras entrar en ellas y disfrutarlas por dos años en base a la Ordenanza nº VII de las de 1540, relativa a las Tierras Concejiles: Lo primero por cuanto los vecinos de estas dichas villas puedan gozar de las tierras concejiles ordenamos y mandamos que de aquí adelante se tenga esta forma entre los vecinos de ellas que cualquier vecino y morador de las dichas villas –(de Bedmar y de Albanchez)- que tomare tierra en lo concejil que pueda gozar el primer año del barbecho que hiciere en lo concejil hasta el día de cabo de año primero, contando que sea barbecho vinado y en cuanto del barbecho alzadizo que si no lo sembrare o vinare hasta mediado del mes de Enero, lo pueda tomar otro cualquier vecino y que si fuere vinado que ninguno lo pueda tomar hasta otro día del Año Nuevo” (49).
*Pelea y acuchillamiento entre jóvenes en Bedmar en una noche del mes de julio de 1575.
En 1575 la Casa del Arcipreste estaba habitada por el Maestro D. Antonio de Perochico, Arcipreste, Prior y Vicario de Bedmar. Una casa que lindaba por la parte superior con el Horno de la popular Carrera Alta y por su espalda con la C/. Obra Pía y en su delantera con la C/. Terrero, según se pone de manifiesto en los hechos que las crónicas nos relatan en ese año, que son del tenor siguiente: “En la noche del día 14 o 16 de julio de 1575 tuvo lugar en “do dicen la Carrera…cerca del Horno de La Carrera de esta Villa… junto a la casa del Arcipreste de esta villa… cerca de la casa del Alférez… y cerca de la esquina de la casa donde posa el Señor Gobernador…” –(lugares que se pueden identificar con la actual zona de la Plazoleta de Vaciajarros -Plaza del Castillo-, la zona alta de la C/. María Ximénez y en el tramo comprendido entre esa calle y la C/. Bermejo de la popular Carrera Alta)- la pelea y el acuchillamiento de Alonso Fernández, hijo del cirujano de la villa D. Fernando Alonso, quien denunció el hecho ante el Gobernador de la villa de Bedmar, “el muy magnífico señor el Licenciado D. Francisco de Sahagún” el día 20. Iniciado el proceso judicial fueron acusados por provocar una pelea en la vía pública con arma blanca los jóvenes Juan Tenorio, Bartolomé de Medina Molero y Alonso de Cózar. En el transcurso de la vista de la causa y de acuerdo con las declaraciones de los testigos Alonso de Ortega y Cristóbal de Ogayar, efectuadas los días 24 y 26 de ese mismo mes, ante “el muy magnífico señor D. Francisco de Navarrete, alcalde mayor de la dicha villa”, se descubrió que al ser reprendidos por el Alguacil, Alonso de Leyva, aquellos “cada uno con una espada desenvainada” apalearon al susodicho, pese a haberles pedido paz y no hacerle caso, se les acusó también de “menosprecio a la autoridad”. Pero como declara Cristóbal de Ogayar, arrastrar las espadas por el suelo era considerado como una burla a la autoridad eclesiástica, y como eso habían hecho algunos de los acusados, hacía diez o doce días, tal y como se desprende de esta conversación mantenida con el apresado e hijo del denunciante, Cristóbal de Ogayar(a las diez horas de la noche del día 14 o 16 de julio de 1575, saliendo de casa de su primo el alcalde Juan de Roa y encontrándose en la esquina con Antón de Arévalo, Alonso Fernández y Francisco Marín), les preguntó: ¿A dónde van esos?. Antón de Arévalo, le respondió: Por ahí. Alonso Fernández le dijo: ¿Qué le parece señor Ogayar de aquellos mozos como sustentan la autoridad que está puesta por los clérigos? Cristóbal de Ogayarle dijo: ¿Qué mozos? ¿A dónde están? ¿Quiénes son? Siguió su camino y cerca de la casa del Gobernador se encontró con los mozos: Alonso de Cózar, Bartolomé Medina y Juan Tenorio que arrastraban sus espadas por el suelo “e parescía que era hacer burla”. Volvió de nuevo hacia Alonso Fernández y le preguntó: ¿Quiénes son aquellos? ¿Qué hacen aquellos? Le respondió Antón de Arévalodiciendo: Quien hace aquello no lo osará hacer en el campo y es un gran bellaco e insensato. Al oír estas palabras Alonso de Cózar vino hacia ellos diciendo: Voto a Dios que sois vos más grande bellaco (al tiempo que echaba mano a su espada). En ese momento los componentes de ambos bandos se abalanzaron los unos contra los otros. Cristóbal de Ogayar intentó mediar, mientras se tiraban cuchilladas.
Como no le hacían caso, gritó pidiendo ayuda. Pronto acudieron varios vecinos y el citado Alguacil (Alonso de Leyva) quien, tras pedir paz junto a uno de ellos, Francisco Marín, y huir los demás cada uno, por un lado, prendió a Alonso Fernández y “le quitó una espada que tenía”. El día 9 de agosto se nombró a un abogado defensor “curador”, Juan Viedma, quien les tomó, a cada uno de los implicados, la correspondiente confesión de los hechos que varió muy poco con lo que habían relatado los testigos. Se comunicó al padre de Alonso Fernández todo lo realizado hasta ese momento en el Proceso, al igual que a los presuntos, para quienes su defensor pidió al señor Alcalde Mayor “les mande dar por libres”. Visto para sentencia este fue el fallo: “Por la culpa que de él resulta contra los dichos Alonso de Cózar, Juan Tenorio, Francisco Molero, Alonso Fernández y Antón de Arévalo que los debo de condenar y condeno en 2.000 maravedíes, que se entiende a cada uno de ellos, 400 maravedíes, la mitad para la Cámara de D. Luís de la Cueva, mi Señor y la otra mitad para gastos de Justicia a mi determinación y su perdimiento de las armas con que delinquieron… y en destierro de esta villa y su término y jurisdicción por tiempo de un año… y si lo quebrantare alguno, le sea doblado así como el pago de las costas, por esta mi sentencia” (50).
*Danza tradicional: El Bolero de Bedmar.
Al Bolero de Bedmar, también se le conoce con el nombre de “Bolero Mallorquín”, según Dª. María del Pilar Sicilia de Miguel, “pues al parecer gentes de nuestro pueblo fueron a trabajar a Mallorca y de allí trajeron su música y la forma de bailar”, aunque con el tiempo fue adquiriendo características y personalidad propia, “consiguiéndose así un bolero alegre y saltarín de difícil interpretación, pero diferente al resto de todos los boleros que se conocen en nuestra Provincia”. Del BOLERO de Bedmar destacan los ligeros zapateos que realizan los danzantes antes de iniciar los cruces, y en lugar de hacer los punteos de forma tradicional, lo hacen torciendo el pie hacia dentro en el mismo sitio, a la vez que, con gran profusión de vueltas, se consigue un movimiento de caderas muy singular y gracioso. Sobre el calzado, hemos de decir que, en Bedmar, siguen usando ambos sexos la “esparteña”, que al parecer tuvo su origen en tiempo de los fenicios, siendo de pleita, esparto y tomiza.Conacompañamiento musical de bandurrias, guitarras y laúdes, se baila por grupos de muchachas que vestían el siguiente traje típico, compuesto por: “Pañuelo de color rojo con cenefa en colores; jubón negro de terciopelo; refajo granate o verde con una tira negra picada puesta por abajo a modo de cenefa, todo de pañete; delantal de satén negro con volante y un encaje muy ancho; medias a listas con varios colores o blancas y zapatos negros con tacón mediano y grueso”. Así por lo menos lo recuerdo yo de los bailes que organizaba en el Cine Parroquial la Maestra Dª. Tomasa Rodríguez García, en los años sesenta y en el concurso provincial que se celebró en 1976 en Torredonjimeno (Jaén), donde se acudió con los músicos de las Viejas Glorias y el grupo de Coros y Danzas de Bedmar, con los que se obtuvo un primer premio provincial bailando el Bolero de Bedmar.
Sobre el traje que utiliza Bedmar para el Baile de su “Bolero”:
Dibujo de la cenefa que debe de llevar el refajo con el que se baila el “Bolero” de Bedmar. “Una cenefa muy rara y poco vista en la provincia y fuera de ella”, según Dª. Pilar Sicilia quien en la actualidad está escribiendo un libro sobre las canciones, bailes e indumentaria de la provincia y habiendo sido ella la que recogió el “Bolero de Bedmar” cuando era joven de la mano de Dª. Lola Torres y ex directiva de la Asociación Provincial de Coros y Danzas “Lola Torres” de Jaén, de la que forma parte el “bedmarense” D. Antonio León (51), a través de cuyas gestiones nos hemos hecho con este importante dibujo, que recuperó D. Juan Carlos Navasal (Jaén, 1966). Dª. Pilar Sicilia está en posesión de mandiles muy bonitos de Bedmar que le enseñaron cuando fue a recoger noticias sobre el Bolero de Bedmar hace ya muchos años., y que aparecerán en el libro cuando se publique.
NOTAS
- VILLEGAS DÍAZ, L. R. y GARCÍA SERRANO, R. Relación de los Pueblos de Jaén, ordenadas por Felipe II. Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. Año XXII. Jaén, abril-septiembre de 1976. Nºs. 88-89. Pp. 100-101.
- AHDJ. Sala de Capellanías. Carpeta 16-2-3. Legajo 3. GÓMEZ CARRERAS, Matías. Genealogía, economía y sociedad en el Bedmar del siglo XVIII. Diputación de Jaén e IEG. Jaén, 2023. P. 174.
- AHDJ. Carpeta 16/B. Bedmar Ejecutivo (1583-1798). GÓMEZ CARRERAS, Matías. Genealogía, economía y sociedad en el Bedmar del siglo XVIII. Diputación e IEG. Jaén, 2023. Pp. 174-175.
- AHDJ. Carpeta nº 9. Bedmar. GÓMEZ CARRERAS, Matías. Genealogía, economía y sociedad en el Bedmar del siglo XVIII. Diputación de Jaén e IEG. Jaén, 2023. P. 175.
- AHDJ. Sala de Capellanías. Carpeta 16-2-3. GÓMEZ CARRERAS, Matías. Genealogía, economía y sociedad en el Bedmar del siglo XVIII. Diputación de Jaén e IEG. Jaén, 2023. P. 176.
47.Información de D. Francisco Blanco y D. Pedro de la Parra, vecinos de la villa de Bedmar en 1575, en las Relaciones Topográficas de Felipe II, la cual fue recogida por: MESA FERNÁNDEZ, N. «Leyendas y tradiciones en Bedmar: Sangre en el Castillo», en Diario JAÉN. Jaén, 24/IX/1955. Pp. 5 y siguientes. VILLEGAS DÍAZ, L. R. y GARCÍA SERRANO, R. Relación de los Pueblos de Jaén, ordenadas por Felipe II. Boletín del Instituto de Estudios Jienenses. Año XXII. Jaén, abril-septiembre de 1976. Nºs. 88-89. Pp. 94-96. TROYANO VIEDMA, José Manuel. «Bedmar: Leyendas y tradiciones del Castillo», en Diario JAÉN. 1976.
- ESLAVA GALÁN, Juan. Leyendas de los Castillos de Jaén. Jaén, 1987. Pp. 31-35.
49.Según el relato de D. Jorge de Lendinez, Juez de Comisión de Felipe II para la averiguación de las tierras realengas existentes en el término de Bedmar desde 1572, tras haber recibido información precisa del vecino de Bedmar D. Rodrigo de Viedma, de 80 años y Alcalde Ordinario de esta Villa en 1573.También se encontraba este asunto debidamente regulado en las Ordenanzas de la Villa de Bedmar de 1538 y en las Ordenanzas Comunes de las Villas de Bedmar y Albanchez de 1540.
50.ARCHIVO MUNICIPAL DE BEDMAR. Libro de Alcabalas: Proceso seguido contra Alonso de Cózar, Bartolomé Medina y Juan Tenorio, por “arrastrar sus espadas por el suelo cerca de la Casa del Arcipreste durante la noche” y el posterior enfrentamiento, espada en mano, contra Francisco Molero, Alonso Fernández y Antón de Arévalo el 24/VII/1575. 7 folios sin numerar. TROYANO VIEDMA, José Manuel y TROYANO CHICHARRO, José Manuel. Literatura de tradición oral y Juegos infantiles en la villa de Bedmar. Diputación Provincial de Jaén. Jaén, 2010. Pp. 97-98.
- Nieto por línea paterna de María Cuadros Quesada “La Chispas” y Cristóbal León “Buscavidas” (los del Pilar de la Carrera) y por línea materna de “Costilluela” y de María José “la Romana”.
FUENTE: J.M.T.V.