POR ANTONIO BRAVO NIETO, CRONISTA OFICIAL DE MELILLA
Se ha conmemorado el 75 aniversario de la inauguración del palacio municipal, una obra fundamental del Art Déco melillense. Comparto aquí el texto y el enlace para poder descargarlo, como siempre, en formato PDF de libre acceso para todo el mundo. https://www.academia.edu/…/Un_emblem%C3%A1tico_edificio…
En los primeros decenios del siglo XX, todas las dependencias de los servicios municipales de Melilla, tanto de las primitivas Junta de Arbitrios y Junta Municipal y del posterior Ayuntamiento, estuvieron ubicadas en un edificio de la calle Duque de Almodóvar. Sin embargo, la falta de espacio de estas oficinas y el auge y relevancia que la ciudad ya había tomado en los años veinte del pasado siglo, favorecieron la idea de construir un nuevo edificio, más noble, representativo y monumental.
Para ello se pensó ubicarlo en un amplio solar con fachada a la plaza de España, en el que ya se había pensado construir anteriormente una nueva sede de la Comandancia General de Melilla en estilo neorrenacimiento, con proyecto fechado en 1922 de Mariano Campos Tomás y sobre el que se seguía trabajando un año después. Sin embargo, este proyecto se descartó y fue tomando cuerpo la idea de levantar en este lugar un nuevo palacio municipal.
Para tal efecto, en diciembre de 1929 se convocó un concurso de proyectos para edificar una Casa Municipal y Juzgados, en cuya ejecución se preveía un presupuesto de 2.100.000 pesetas. Se recibieron diferentes propuestas, entre las que destacaron cuatro proyectos, pero ninguno recibió el primer premio y se optó por tres segundos y un accésit. El denominador común de estos proyectos fue la variedad de opciones formales asumidas en el desarrollo de un edificio que se preveía de gran valor simbólico. Mientras que en el primero de ellos Luis Ferrero y Joaquín Mª Fernández Cabello optaban por formas arabizantes clásicas, Javier Barroso y Felipe López Delgado lo hacían por modelos arabizantes, aunque vinculados a una arquitectura más racionalista. Por su parte, Luis López se movía dentro del eclecticismo historicista y el accésit, Manuel Muñoz Monasterio y Mariano Rodríguez Orgaz, asumían formas más monumentalistas con reminiscencias de la Secesión vienesa.
No sin cierta polémica, el consistorio encargó al arquitecto Enrique Nieto Nieto que llevara a cabo un proyecto reformado basándose en la propuesta de Ferrero y Fernández, porque, aunque se valoraba positivamente la distribución interior que estos arquitectos habían propuesto, no se consideraba adecuado el estilo utilizado. Por esta razón, Nieto va a comenzar a redactar realmente un proyecto totalmente nuevo que iniciaría en 1932 y concluiría el 30 de junio de 1933, fecha en la que firma la fachada principal del Proyecto de Edificio destinado a Casa Ayuntamiento y Juzgados.
Debido a varios problemas relacionados con la ejecución de las obras y sobre todo por el inicio de la guerra Civil, se paralizó el comienzo de los trabajos hasta el 16 de diciembre de 1938, cuando se inician de forma simbólica, aunque la cimentación no se finalizaría hasta marzo de 1943. Las carencias en materia del uso de hierro propias de estos momentos de la Autarquía crearon importantes dificultades y hubo que sustituir grandes vigas de perfiles metálicos (puentes de doble T) por otras de hormigón armado. Estas modificaciones de carácter estructural fueron ejecutadas bajo la supervisión del ingeniero de caminos Daniel Lambea, director de la empresa adjudicataria de los trabajos e incluso del arquitecto Alejandro Blond.
Las obras se prolongaron a lo largo de los años cuarenta, pero antes de concluirse se produjo la jubilación del arquitecto Enrique Nieto (octubre de 1948) que solicitó continuar al frente de las mismas hasta su término, cosa que se le concedió por parte de la corporación hasta el fin de obras que se materializa a finales de 1949. La inauguración oficial se llevó a cabo poco después, el 29 de marzo de 1950, fecha que celebramos hoy día en su 75 aniversario.
Por todo lo expresado hasta ahora, se trata de un edificio de compleja historia, tanto por las diferentes propuestas que se volcaron sobre el solar donde se ubica, como por los diferentes proyectos que estuvieron en su génesis hasta su brillante final. Afortunadamente, la propuesta realizada por Enrique Nieto superaba en muchos aspectos a todos los proyectos anteriores, dando lugar a uno de los edificios más importantes y de mayor monumentalidad del ensanche melillense.
El palacio consta de tres alturas y presenta una planta irregular con cinco fachadas, siendo la principal aquella que hace frente a la plaza de España y que asume una armoniosa forma cóncava. Todos los despachos y oficinas se disponen hacia las fachadas exteriores y un pasillo perimetral determina la circulación, contando con ventanas hacia las fachadas traseras o secundarias. La portada principal presenta un claro ejemplo de estilo art déco y consta de un cuerpo central rematado por dos torreones con cúpulas cubiertas con fragmentos de cerámica verde, aunque en el proyecto original figuran como doradas evidenciando la influencia de obras como el palacio Stoclet del arquitecto Josef Hoffman. Esta portada se apoya sobre cuatro grandes columnas de base poligonal que se prolongan en la balconada principal con dos pilastras y otros detalles ornamentales con reminiscencias al mundo griego arcaico.
La amplia fachada principal presenta a su vez dos cuerpos laterales que terminan de encuadrar una composición elegante y llena de referencias al art déco, aunque también es perceptible la influencia vienesa, llegando a ser una fusión entre ambas. Las ventanas presentan perfiles angulosos, a veces con quiebros y otras veces triangulares, mientras que destaca la decoración plana y geométrica localizada en marcos o en lugares precisos de la fachada, sin llegar a romper la verticalidad de la composición. También es destacable el diseño geométrico de otras artesanías como la forja en la entrada o la madera de las puertas de acceso.
En el interior, por el contrario, y debido a la larga duración de las obras, podemos encontrar espacios art déco, junto a otros, donde prima ya una tendencia más monumentalista y clásica, propia de la arquitectura y el diseño de los años cuarenta, muy evidente sobre todo en el mobiliario. Dentro de los espacios más vinculados al estilo inicial del edificio figura el zaguán de entrada, con pilares poligonales de mármol rojo y negro, los marcos de las puertas con placado de mármol o la doble escalera imperial con balaustrada de madera de filiación egipcia. Sin duda, el espacio más vinculado al art déco es el Salón de Plenos, destacando una elegante decoración y el juego del dorado sobre estuco.
Por otra parte, ya dentro de un carácter más clásico y grandilocuente, es el Salón Dorado, con grandes columnas clásicas adosadas a los muros de reminiscencias palaciegas. Y tampoco queremos olvidar dos pequeños salones que jugaban con el color, como fueron los llamados Salón Rojo y Salón Verde, ya con una decoración más sencilla. Otros elementos decorativos completan este programa, del que queremos destacar las vidrieras artísticas realizadas por la casa Maumejean en 1947 con motivos heráldicos.
Faltaría un espacio mucho mayor para poder describir la pequeña historia del Palacio Municipal o Palacio de la Asamblea desde 1995, que ha visto pasar el día a día de la ciudad, de su crecimiento y transformación, así como de ilustres visitantes que hacen de este edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1986, un verdadero espacio de la memoria de Melilla.
