POR MARTÍN SÁNCHEZ GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE GETAFE (MADRID)
Hombre profundamente piadoso, asistía diariamente a misa y vivía una intensa vida de oración, lo que —según la tradición— hizo que ángeles lo ayudaran en su labor para no descuidar su trabajo. Casado con Santa María de la Cabeza, también venerada por su santidad, llevó una vida sencilla marcada por la caridad hacia los pobres y los animales. Se le atribuyen numerosos milagros, como el de hacer brotar agua de una roca para calmar la sed de su señor o el de multiplicar alimentos.
Murió en fama de santidad en el año 1130. Fue canonizado por el Papa Gregorio XV en 1622, junto a santos como Ignacio de Loyola y Teresa de Jesús. Su cuerpo incorrupto se conserva en la colegiata de San Isidro, en Madrid, donde sigue siendo objeto de veneración. Su festividad se celebra cada 15 de mayo.
