POR ÁNGEL RIOS, CRONISTA OFICIAL DE BLANCA (MURCIA)
Tal día como hoy, un grupo de jóvenes, improvisados espeleólogos, acometieron la arriesgada empresa del descenso a la sima que existe en lo alto del Solán, efectuándolo Pedro Fernández Molina, operador cinematográfico, y el albañil Antonio Box Molina, que consiguieron bajar a una profundidad de unos doscientos metros, empleando cuerdas y linternas, y después de mil peripecias, en las que a veces llegaron a dudar de la posibilidad de retornar a la superficie, consiguieron hacerlo gracias a la preocupación de colocar objetos de trecho en trecho, que les permitieron conocer el lugar por donde habían descendido. Me manifestaron que encontraron abundantes corrientes de agua cristalina, fresca y exquisita, y grandes oquedades llenas de estalactitas y estalagmitas.
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