POR GABRIEL SEGURA HERRERO, CRONISTA OFICIAL DE ELDA (ALICANTE)
Tres meses tardaron las nuevas autoridades franquistas en borrar del callejero eldense todos aquellos nombres que «olieran» al derrotado pasado republicano y a los valores democráticos vinculados con la Libertad, Igualdad y Fraternidad.
La primera celebración en tiempos de paz del 18 de julio, día de la conmemoración de la sublevación militar, era inminente y las autoridades municipales eldenses no dudaron en hacer una guiño mediático al nuevo régimen procediendo a la depuración del callejero eldense. No cabía demostrar duda alguna de la lealtad de los eldenses a las nuevas autoridades. De acuerdo a las nuevas directrices políticas imperantes, la comisión gestora municipal, reunida en sesión extraordinaria el miércoles 5 de julio de 1939, y presidida por Francisco Vera Santos, acordó sustituir el nombre de unas 65 calles y plazas por otros nuevos nombres, acordes a la ideología del bando vencedor en la guerra civil.
No fueron las primeras ni fueron las últimas de las calles cambiadas en Elda por la autoridad municipal de turno a lo largo de los últimos 150 años. Aquel pleno del 5 de julio, de hoy hace 86 años, constituye un episodio más de la larga historia del cambio de nombres de las vías públicas, que en Elda se inició hacia 1869, como método de exaltación social de los ideales políticos del régimen o partido gobernante del momento y que, en nuestra ciudad, siempre, siempre, siempre, sin excepción, ha ido en detrimento de la toponimia tradicional de las calles más antiguas y de los nombres populares otorgados por los propios vecinos, es decir, de nuestro pasado, de nuestra cultura, de nuestras señas de identidad. Proceso histórico que, por desgracia, con otros actores y en otras circunstancias sociopolíticas, todavía continúa vigente al pairo de los gustos y las modas políticas del momento.
