SI LAS CASAS-CUNA DE SIGLOS PASADOS NOS CONTASEN LO QUE VIVIERON ENTRE SUS MUROS…
POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ , CRONISTA OFICIAL DE PARRES DE ARRIONDA (ASTURIAS)
Como es sabido, el topónimo Soto de Dueñas de este pueblo del concejo de Parres se refiere a las monjas benedictinas, “dueñas” de esa parte del concejo.
En dicha localidad, el 13 de noviembre de 1877, se halló una niña abandonada, encargándose dos mujeres de amamantarla hasta llevarla a la Casa-Cuna de Cangas de Onís.
La Corporación Municipal de Parres ordenó que se le abonasen 6 pesetas a María Escandón y 2 pts. a Luisa Fernández por la lactancia y por llevarla a Cangas de Onís.
Los niños abandonados en el concejo y, en general, en toda Asturias sufrieron la miseria y -en no pocos casos- murieron en sus primeros meses de vida.
Las historias de las decenas de miles de recién nacidos que comenzaron sus días en los hospicios, inclusas y casas-cunas estremecen hasta hoy; niñas y niños muchos de los cuales eran abandonados por padres sin recursos, madres solteras, niños con problemas de salud o físicos y por casos similares.
Para estas criaturas abandonadas a la caridad pública o a una institución no se comenzaron a hacer casas de acogida en Asturias hasta inicios del siglo XVII, aunque habría que esperar todavía un siglo más para que el Regente de la Audiencia, don Isidoro Gil de Jaz, solicitase autorización al Rey Fernando VI para levantar una casa de acogida de pobres y menesterosos que se vio culminada en Oviedo en el Hospicio y Hospital Real de Huérfanos, Expósitos y Desamparados en 1572, edificio que hoy alberga el Hotel de la Reconquista.
Trasladar a Oviedo a un recién nacido abandonado en el cabildo de una iglesia, a las puertas o en el torno de un monasterio, en el acceso a una casa particular, etc. -tanto en el Oriente como en el Occidente asturianos- era muy costoso por las infraestructuras viarias de siglos pasados, por ello se tomó la decisión de construir casas-cuna en lugares como Cangas de Onís (hasta 1907), en Valdepares (El Franco) o en Sta. Eulalia de Oscos, con la finalidad de poder atenderlos más rápidamente.
Prácticamente la mitad de los niños y niñas que sufrieron los rigores de la miseria regional de aquellos años y acabaron en las casas-cuna fallecían en el primer año de estancia en las mismas, y casi uno de cada cuatro de éstos en el primer mes de vida.
Hasta dónde podían llegar los casos de pobreza y miseria para que unos padres que habían tenido gemelos dejasen a las puertas de una institución de caridad a uno de ellos con una nota escrita en la que se hacía notar que les era imposible poder criar a los dos, puesto que ya tenían seis más, el mayor de 15 años.
Tendrían que pasar muchos años para los derechos de los menores y las ideas higienistas se impusiesen a la injusticia social.
Estas situaciones eran más habituales de lo que hoy podemos imaginar; baste señalar que sólo por el Hospicio y Hospital Real de Huérfanos, Expósitos y Desamparados de Oviedo pasaron cerca de 100.000 personas hasta 1961 que se clausuró, más de 60.000 fueron niñas y niños.
En ocasiones aquellas pobres madres (y padres) no querían perder el contacto con sus criaturas para siempre y dejaban junto a los expósitos alguna señal, como unas iniciales grabadas en la ropa, una medalla, un sencillo recuerdo familiar, por si algún día podían regresar a recogerlos y así poder acreditar una identificación.
Algunos de aquellos hospicianos acababan ejerciendo la mendicidad en pueblos, mercados y ciudades para poder llevar alguna ayuda a la institución que los había acogido.
Me detengo en una hoja del registro del Hospicio Provincial de Oviedo del mes de febrero de 1854 que me hizo llegar el alcalde de barrio de Llames de Parres, Ángel Escobio Robledo, encontrada entre documentos de sus antepasados; según dicho registro en ese mes de febrero de hace 171 años había inscritos un total de 1.013 expósitos en lactancia.
Concretamente en la Casa-Cuna de Cangas de Onís había 80 niños y niñas, en la Casa-Cuna de Valdepares (El Franco) había 162 y en la de Sta. Eulalia de Oscos 82.
Observamos que en esta ficha de registro se citan como “cajas-cunas” y no casas-cunas, sin duda un error de imprenta.
Aquellos pequeños desamparados pasaban a Oviedo al cumplir los 6 años de edad para poder recibir formación más específica y oficial.