POR JOSE LUIS ARAGON PANES, CRONISTA OFICIAL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (CÁDIZ).
No solo los cronistas de la casa de Medina Sidonia, Pedro de Medina y Pedro Barrantes Maldonado nos dejaron en sus crónicas, noticias sobre cómo era la villa de Chiclana en el siglo XVI. También algunos ilustres viajeros que pasaron por aquí, escribieron en sus notas de viajes o memoriales sobre la pequeña y abierta villa junto al mar de Alcides –el mar de Hércules– el océano Atlántico.
Uno de ellos fue el comendador de Hornos, Luis Bravo de Lagunas, que vino para comprobar el número de compañías concejiles –hombres armados a pie y a caballo– y las defensas de Chiclana por orden y encargo real de Felipe II, el 21 de marzo de 1577, tal día como hoy. No era una visita puntual, sino un viaje de reconocimiento militar por toda la costa sur de Andalucía, desde Ayamonte a Gibraltar.
En su informe Don Luis, nos vuelve a recordar que «era un lugar abierto» con un castillo –el del Lirio– , al que Agustín de Horozco tachó de «mediano e inútil castillo», alejado media legua de la costa, donde se habían construido tres torres vigías o almenaras redondas: Alpuepera, Bermeja y Cabeza del Puerco o de Chiclana. Ellas avisaban, mediante humo –de día– o fuego –de noche–, de la presencia de piratas berberiscos o de la flota inglesa en la costa.
