POR CELEDONIO PÉREZ SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE SANZOLES (ZAMORA).
Quienes viven en los pueblos alimentan gratis la fauna silvestre (y toda la demás): la propiedad privada descabezada
No planté cerezos para los tordos; ni viñedos ni cereales para los conejos; ni crie ovejas para los lobos; ni compré eriales y montículos para los moteros; ni arreglé caminos para los domingueros de ciudad; ni trasplanté árboles para producir oxígeno que nadie paga; ni presté mi cielo, el que está encima de los que vivimos aquí, para que lo usaran como vial aéreo que es un venero reventón de dióxido de carbono; ni ofrecí el espacio hermano de abajo, el que nos abraza, para que circulen millones de coches, bombas de óxido de nitrógeno; ni abrí valles y tierras de labor para llenar depósitos enormes de energía que iluminan y hacen moverse a quienes viven fuera, muy lejos de esta soledad que nos han prestado como firmamento…
Pero les tengo que confesar que cuando hice lo que hice pensé también un poco en los demás, en los que viven en las ciudades cercanas y las más lejanas: en Madrid, en Barcelona, en Bilbao, en Sevilla, en Valencia… Creí que todos viajábamos en el mismo barco, con leyes justas, con idéntica dignidad…, que el conjunto compartía derechos y deberes, que éramos iguales, que presumíamos de un proyecto, un país que recibía y daba…, ¡pero me equivoqué!
Unos restringen el acceso a sus ciudades y te multan, dicen, por contaminar; otros cobran tasas turísticas por el uso de sus servicios, muchos financiados también por nosotros; en determinados territorios los salarios son más altos, las pensiones también (¡claro dicen que han pagado más!); acumulan más servicios, suman privilegios y eso que no han hecho más que emponzoñar el medio ambiente y el entero. Pues a pesar de eso, no dejan de dar lecciones y explicarnos cómo debemos usar el agua, que debe ser solo suya porque nos acusan de manirrotos y no se dan cuenta de que buena parte de ella se la zampan ellos, que son muchos más que nosotros, mezclada con lo que comen. ¿Cuándo vais a pagar por descontaminar?
Y cuando me paro a pensar, concluyo que aquí la propiedad privada, lo más sagrado dicen, no vale igual que en otros sitios. Aquí tienes que darle de comer a los bichos a tu costa, bichos que son intocables y están protegidos porque son de todos (¡qué estoy viendo ahorita mismo como una bandada de tordos está desnudando un cerezo y es qué me llevan los demonios!). Y qué encima no hacen más que hablarnos de igualdad, de solidaridad, ¡pichadas en boca de ganso!
No hay igualdad, ni solidaridad: hay intereses y la gestión descarnada del poder. Se quejan del alto precio de los pisos en las ciudades, ¡pero si el qué tiene uno, y hay muchos, acumula más capital qué el rico del pueblo! No cuenta el territorio, que es la vida, cuenta el hormigón parcelado. Y así andamos. ¡Malditos cabrones, no están dejando ni una!
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