POR CELEDONIO PEREZ., CRONISTA OFICIAL DE SANZOLES (ZAMORA)

No ocurre así habitualmente, pero este año sí. No hacen falta, de momento, lluvias, no es preciso abrir los candados de las nubes: el campo brilla gracias a la manteca de la humedad.
El patrón, San Isidro, tiene menos trabajo, no es preciso que ponga a los ángeles a trabajar para que llueva a cántaros, no. Ya llegará la sequía, que siempre arriba, pero entonces será otro el cantar. Lo que ha pedido el campo al santo madrileño es dignidad, que eso nunca sobra, precios justos y rentables, futuro en definitiva.
Con todo, es más fácil hacer llover que hacer que el otro se sienta querido por quien solo quiere hacer negocio. Es triste que ahora no se pueda decir aquello de que nunca fue mal año por mucho trigo. Quizás ahora sí. ¿Qué está pasando?
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