POR JAVIER SERRANO COPETE, CRONISTA OFICIAL DE ANGUITA (GUADALAJARA).
La montaña siempre ha sido un monumento a la inmensidad natural. El con nuo recurso al mito y a la leyenda, bañado de supers ción, es congénito en toda muestra de ignorancia humana. Sea considerándose como la morada de los Dioses (véase el monte Olimpo) o como hogar de seres legendarios (Parnaso para Pegaso o el Moncayo para el gigante Caco), la montaña siempre ha amedrentado al ser humano, en tanto que ente geológico, con sombra mágica. Tal vez sin alcanzar el “síndrome del tercer hombre”, la presencia ante grandes cimas reconforta e impresiona, generando recuerdos, cuasi por naturaleza, di cilmente borrables. Jamás he tenido una sensación tan genuina respecto a una montaña (quizá con permiso del Moncayo, y por mis orígenes en Cel beria y su presencia desde la niñez) como la que tuve recientemente al contemplar el monte Ararat desde sus ampliadas faldas en Ereván. Formalmente en territorio turco, el monte Ararat es el emblema del pueblo armenio, sito geográficamente en el corazón de la Armenia histórica. No existe nación armenia sin Ararat, ni historia de la misma sin con nua referencia al mismo. Como el an guo uso de la escritura cuneiforme así lo tesmonia, la an gua Armenia siempre estuvo vinculada al ámbito mesopotámico. Urartu (también conocida como el Reino de Van) fue una poderosa civilización (ya desde el siglo IX a.C.) que llegó a rivalizar, y guerrear, con su vecina, y hegemónica, Asiria. Con posterioridad, tras la intervención de los Medos (y la llegada de Persia) vinieron los empos de la satrapía y del Reino de Armenia (con monarcas como Tigranes II el Grande, quien conquistó el Imperio seléucida y se enfrentó a la República romana, cayendo contra Pompeyo el Grande). Con el auge del Helenismo (que propició la construcción del bellísimo Templo de Garni), y la posterior llegada del Imperio romano a sus faldas, Armenia seria eterna erra de disputa entre el Imperio romano y los Partos y Sasánidas, dejando entrever, dada su ubicación, los eternos li gios que la nación experimentaría por hallarse entre Occidente y Oriente. Formar parte del ámbito mesopotámico hizo que en Armenia tuvieren lugar algunas de las leyendas recopiladas por la Biblia. En el monte Ararat (se cree que el origen del nombre puede, incluso, ser una deformación de la palabra Urartu) descansa, según las tres religiones del Libro, el Arca de Noé. La historia de Utnapishm (el anciano superviviente del Diluvio al que Gilgamesh consulta sobre la inmortalidad) es el precedente claro de la historia bíblica, tal y como acredita la llamada “tablilla sobre el Diluvio” custodiada por el Museo Británico (y que se halló, precisamente, en la Biblioteca del ilustrado monarca asirio: Asurbanipal). La importancia religiosa consustancial a lo armenio se explica por el hecho de ser la primera nación que adoptó el cris anismo como religión oficial. Desde la impresionante catedral de Echmiadzin, el “Catholicos” o “Papa” armenio aún dirige, sin interrupción, una iglesia independiente del Va cano y de los ortodoxos, en un país que conserva, igualmente, un alfabeto propio como seña de iden dad. Pasear por las calles de la capital armenia te hace volver, en no poca medida, a la etapa sovié ca. Armenia, tras sufrir el fa dico genocidio a manos de los turcos (que inició una gran diáspora extendida por buena parte del Globo), fue una república sovié ca, cues ón que influyó en la psique colec va de los lugareños (ni tan siquiera sea por haber recibido aún, buena parte de su población, la educación en ruso). País de buenos vinos y de maravillosos coñacs (que antaño era enviado por Stalin a Churchill en grandes can dades…), todo en el pequeño país caucásico es poliédrico. Como par cipe de la misión comercial española que en abril tuvo ocasión de visitar el país, pude observar, de primera mano, que Armenia es un país que se abre paso hacia la modernidad con grandes inversiones en educación (con proyectos como el de Tumo, educando a los adolescentes en el uso de la informá ca, y que ha abierto sede recientemente en Bilbao) y en industrias de alta tecnología (como demuestra la planta de Nvidia o la construcción de la Ciudad de la Ingeniería). Al mismo empo, pude observar que es un país con una seductora singularidad histórica congénita que se servirá siempre a sí misma más siendo como es (y como siempre, en tanto que estadotransición y frontera ha sido) que pretendiendo ser anexo de una realidad más extensa. Dependiente energé camente de Rusia, y cerca de sus fronteras, puede parece peligroso, cuanto menos, asociarse a la Unión Europea (UE) cuando la polarización Rusia-UE aún no se ha reducido en intensidad. La reciente Cumbre de la Comunidad Polí ca Europea, que ha tenido lugar en suelo armenio, bajo el lema “Construyendo el futuro: unidad y estabilidad en Europa”, ha ahondado en la asociación de Armenia con el bloque de la UE, prome endo sendas reformas en esa dirección (además de una nueva polí ca de visados y de relaciones comerciales). Ello choca frontalmente, a día de hoy, con el hecho de que Armenia, no sólo formara parte de la an gua URSS, sino que actualmente, aún a día de hoy, sea miembro de la Unión Económica Euroasiá ca junto a Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán. El reciente fin de la guerra contra Azerbaiyán (tras el brutal, y silenciado, genocidio azerí en el Nagorno-Karabaj), con la creación del cutre y grandilocuente (cuanto menos neroniano en nombre) corredor conocido como: Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional (TRIPP, en inglés), no ha solucionado aún la apertura de fronteras y reanudación de relaciones diplomá cas ordinarias con Turquía y Azerbaiyán (naciones túrquicas, miembros, a su vez, de la Organización de Estados Túrquicos, de la que forman parte ambas naciones, junto a Kazajistán y Kirguistán). Ver el cartel de Turkish Airlines en la “embajada” de Albania en Armenia justo frente al Parlamento armenio… es una clara metáfora de lo vaporoso que sigue siendo la transición polí ca hacia la modernidad. ¿Tiene sen do reivindicar la Unión Europea exclusivamente como unión cris ana a día de hoy, como sello de iden dad? ¿No es la salvación polí ca mundial la regeneración de órganos como Naciones Unidas que ayuden a la cooperación entre órganos tan interesantes como la propia UE, la Unión Económica Euroasiá ca o la Organización de Estados Túrquicos? ¿A quién sigue sirviendo la con nua proliferación de la enemistad entre la vieja Europa y Rusia? ¿Acaso no es mejor futuro posible para Armenia el de servir como erra de encuentro? La historia pasa, pero hay cosas, como el Ararat, que permanecen. No importa en qué bloque o a qué tendencia sirva la clase polí ca armenia del momento… Armenia siempre estará en el centro, como cuenta la leyenda que fue a parar el Arca de Noé.
