POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.
Las fotografías más difundidas de la ciudad monumental y artística que es Ávila y su muralla fueron realizadas por Fernando López Beaubé y publicadas en la revista semanal ilustrada La Esfera (1914-1929), en la revista Blanco y Negro (1928) y en el periódico ABC (1931).
En estos años, en La Esfera aparecieron nada menos que cincuenta imágenes dedicadas a la capital abulense y su muralla, lo que constituyó una eclosión en la divulgación gráfica de la ciudad. Tanto interés por Ávila no pasó desapercibido para los abulenses, y El Diario de Ávila dio la noticia que recogía el esfuerzo editorial que el “importante periódico semanal ilustrado La Esfera viene realizando al publicar magníficas reproducciones fotográficas de los principales monumentos de Ávila, obtenidas por el ilustrado y bizarro oficial del Ejército y queridísimo amigo nuestro D. Fernando (López) Beaubé. La labor informativa de tan entusiasta y competente artista, merece la gratitud más sincera de nuestros paisanos pues el Sr. Beaubé es otro nuevo admirador y publicista del Ávila Artística, que con (el pintor) Chicharro y otros muchos están contribuyendo a dar a conocer al mundo, lo grande y monumental de nuestra capital”.
Uno de los parajes más significativos que retrató López Beaubé fue la muralla, tal y como se reseña en La Esfera el 1 de noviembre de 1924: “Ávila es bella a las todas horas y en todos los días. Es una ciudad eternamente nueva, que guarda una emoción desconocida para cada momento y una belleza inédita para cada visitante.
Difícilmente podrá olvidar nadie el magnífico espectáculo que Ávila, ceñida por sus murallas, ofrece al atardecer, vista desde lejos”. Con todo, la fotografía de López Beaubé ha sido la de mayor relevancia pública en la historia gráfica de la ciudad y de la muralla, pues hay que tener en cuenta que la tirada media de la revista La Esfera era de sesenta mil ejemplares, y la de Blanco y Negro de cien mil, con el añadido de su gran prestigio en los ambientes socioculturales y políticos de la época. No obstante, a pesar de la interesante carrera fotográfica de López Beaubé y su estrecha vinculación con Ávila, su obra todavía está por descubrir.
López Beaubé perteneció a la agrupación fotográfica Sociedad Alpina Peñalara, y participó en el primer salón Internacional de Fotografía celebrado en Madrid en 1921, y sus fotografías sirvieron para ilustrar libros de José Mayoral como Los viejos Cosos de Ávila (1927) y Entre cumbres y torres (1950), y la voluminosa obra del Padre Fr. Gabriel de Jesús titulada La vida gráfica de Santa Teresa (1929-1935). También fue colaborador de la revista gráfica Estampa y del semanario Blanco y Negro, donde sus fotografías de Ávila, que sumaron casi medio centenar, fueron portada en sucesivas ocasiones en 1928, igual que en el diario ABC en 1931. Las fotos de López Beaubé se publicaron igualmente en la revista Mundo Gráfico, cuya tirada era de ciento veinte mil ejemplares, revista en la que colaboraba también Luís R. Alonso, un intelectual aficionado a la fotografía, a quien aquí resaltamos la publicación de la fotografía titulada “Un paisaje de Ávila, visto desde una de las puertas de la ciudad”, una extraordinaria imagen que nos muestra desde dentro del recinto amurallado lo que acontece junto al puente del río Adaja.
19. ATRACCIÓN PARA VIAJEROS.
La estela de imágenes de los fotógrafos extranjeros Clifford, Laurent y Lévy, fue seguida a en el siglo XX por el austriaco Alois Beer (1900), al que siguieron los alemanes Kurt Hielscher (1915) y Otto Wunderlich (1920); los estadounidenses Arthur Byne y esposa (1915-1918), Arnold Genthe (1922), Ruth Matilda Anderson (1923-1930), Kidder Smith (1957) y Eliot Elisofón (1962); los franceses Jules Richard (h.1900-1920), Henri Guerlin (1914), Marcel y Jane Dieulafoy (1901-1920), Maurice Legendre (1936), Jean Dieuzaide – Yan de Toulouse (1954) e Yvonne Chevalier (1956); y la también austriaca Inge Morath (1955). Todos ellos tomaron Ávila como turistas y descubridores de nuevas tierras, y dejaron su impronta gráfica de la ciudad que les acogió en importantes obras y fondos fotográficos que ya forman parte de la historia de la fotografía en España. La atracción que Ávila ejerce sobre los viajeros extranjeros se remonta al final de la Guerra de la Independencia, cuando los jóvenes ingleses descubrieron que la España del siglo XIX encuadraba en la imagen romántica de la época más que ningún otro país de Europa, pues encontraban iglesias y palacios desmoronados esparcidos alrededor de las ciudades; y había altaneros mendigos y caballeros bandidos, escribió Geral Brenan.
Los viajeros extranjeros apreciaban en Ávila la panorámica medieval que dibuja su fabulosa muralla, donde se guardaban atractivas formas de vida tradicionales y antiguas costumbres, y así fue retratada por los Srs. Garret, un matrimonio inglés que recorrió la ciudad hacia 1906. El mismo sentimiento romántico atrajo también a Kurt Hielscher (1881-1948), quien en 1915 visita la ciudad. Al año siguiente publica sendas fotografías monumentales de la puerta de San Vicente y el Ábside de la catedral en la revista La Esfera bajo el título “Ávila, monumental y artística”, con lo que pretende destacar los elementos fundamentales del paisaje arquitectónico de la ciudad medieval: “La ciudad castellana que encierra tantas maravillas de la piedad, la Historia y el Arte. A los robustos sillares de sus murallas vive unido el recuerdo de rancias historias y tradiciones, fuentes de inspiración para los que buscan los inefables placeres de la belleza”.
Fruto del viaje de Hielscher por Ávila y España fue una selección de fotografías que publicó en un libro con el título La España Incógnita (1921), donde se incluye una perspectiva parcial de la ciudad protagonizada por las murallas que fue tomada desde el mismo lugar que lo hizo en 1570 Wingaerde, cerca del cerro de San Mateo, y otra del antiguo cementerio de Santa María de la Cabeza. este libro alcanzó un enorme éxito comercial en sus diversas ediciones en francés, alemán, inglés y español, a las que siguieron interesantes exposiciones, con lo que una vez más Ávila y la muralla se convierten en patrimonio universal.
20. EL DÍA DE ÁVILA Y SU MURALLA.
Los acontecimientos que habitualmente se sucedían en la ciudad no eran tan extraordinarios como para atraer a los intrépidos reporteros gráficos madrileños, por eso resultó sorprendente su presencia en marzo de 1922 para cubrir los actos del Centenario de la canonización de Santa Teresa, pues ello demostraba la importancia de la conmemoración. Dichos actos fueron retratados por Julio Duque y José Vidal, miembros del llamado grupo de los héroes del reportaje fotográfico, en el que se aglutinaban jóvenes que sorprendían por su intuición y su buen hacer, además de por el fotógrafo abulense José Mayoral Encinar, «El reportaje de Ávila», siempre identificada con su muralla, que hicieron Vidal y Duque, y también Mayoral, fue publicado en el semanario ilustrado Ávila, dando cuenta así del importante acontecimiento que por esos días hizo de Ávila y Santa Teresa el centro de atención de la prensa gráfica. Con tal motivo, La Esfera publicó sendos reportajes a doble página de José Sánchez Rojas con cuatro fotografías de Ávila tomadas por Laurent, y otras cuatro de Mayoral, incluyendo, cómo no, la vista general de la ciudad amurallada.
Como ya hemos visto, el III Centenario de la Canonización de Santa Teresa fue el motivo por el que la fotografía cobró un protagonismo insospechado. Así, en abril de 1922 había quedado impreso en Salamanca el Álbum Gráfico de tan importante conmemoración, donde se incluyen multitud de fotográficas de Santa Teresa, de vistas de la Academia de Intendencia y de monumentos de Ávila, entre los que figuran los Cuatro Postes, las murallas, y los entornos de San Segundo y el río Adaja, siguiendo en este aspecto la misma línea que en libro Homenaje a Santa Teresa, editado coincidiendo con el centenario de se beatificación (1614-1914).
En el mismo año de la Canonización, el Marqués de San Andrés, D. José Nicolás de Melgar y Álvarez de Abreu, publica el 28 de mayo de 1922 una guía titulada Ávila y sus monumentos, con prólogo de su hermano, y promotor del Centenario, el Marqués de Piedras Albas, dibujos de Gonzalo Veredas, y varias fotografías, entre las que destaca una vista de la ciudad desde los Cuatro Postes de Hauser y Menet, y otra de Redondo de Zúñiga, hecho curioso si sabemos que el propio Marqués de San Andrés era un fotógrafo aficionado premiado en el concurso organizado en Ávila en 1907. A la vista de esta nueva guía, cabe resaltar entonces, una vez más, la importancia de la muralla percibida desde los Cuatro Postes, vista siempre presente en cualquier iniciativa basada en la historia monumental de Ávila.
Siguiendo con el protagonismo de la Santa y su atracción para la fotografía, descubrimos que toda la historia gráfica de Ávila está recogida en más de mil fotografías que se incluyen en la obra del Padre Fr. Gabriel de Jesús titulada “Vida gráfica de Santa Teresa de Jesús” (1515-1582), publicada en cuatro tomos en los años 1929 y 1935. Recrearse con estas imágenes es viajar por la ciudad amurallada retratada en el primer tercio del siglo XX con la imaginación puesta en la época de Teresa de Jesús. Entre los fotógrafos que aparecen reseñados en dicha obra encontramos los nombres de E. Bilbao, Cacho, Alfonso Ciarán, Dubois, Franguli, F. Géser, Ramón González Nieto, Huertas, López Beaubé, J. Lunas, Llopis, Mayoral, Montoro Plaza, Moreno, Ceferino Núñez, Otón, Parra, Redondo de Zúñiga, Rodríguez, Torrente, L. Uruñuela y Ángel Villar, además de las típicas postales de la época.
21. LAS MURALLAS DE TERESA.
La imagen de las murallas vistas desde la lejanía constituye las señas de identidad de Ávila, y así, la revista Estampa del 28 de febrero de 1928 encabeza el artículo ilustrado por Wunderlich con esta vista bajo el título “Las Murallas de Teresa”, el cual encabeza un texto de José Sánchez Rojas que añade: “Son de oro durante el día y de plata alumbradas de noche por la luz lunar, titulo de texto que firma recias y fuertes son estas graciosas murallas medievales”.
El fotógrafo alemán Otto Wunderlich (1886-1975) llegó a España en 1917, año en el que comenzó a viajar con la cámara por encargo de anticuarios, empresas constructoras e industrias. Al mismo tiempo, Wunderlich también documentó Ávila y los pueblos de Gredos, así como la España del momento, en fotografías espontáneas e intuitivas las cuales se publicaron en las revistas Blanco y Negro, Nuevo Mundo, La Esfera y Estampa, y sirvieron para ilustrar libros de geografía, y los folletos turísticos de Ávila y otras provincias editados durante la segunda república por el Patronato Nacional de Turismo.
La visión de Ávila que muestra Wunderlich en la revista La Esfera se encierra en una gran fotografía del sepulcro del Tostado tomada en la catedral, además de extraordinarias vistas de Arenas de San Pedro y Mombeltrán, entre otros pueblos del Valle del Tiétar que luego se incluyeron en la revista Narria. Finalmente, las fotografías de Wunderlich se comercializaron en una colección de fototipias sueltas titulada Paisajes y Monumentos de España, formada por veinte carpetas con diez vistas distintas cada una, donde Ávila aparece representada cobrando especial protagonismo en la contemplación de la muralla y en una perspectiva de la ciudad desde los Cuatro Postes.
Con similar afán a la del viajero Wunderlich, la “Hispanic Society of América” se ocupó de retratar España, y entre sus fondos Ávila ocupa un lugar destacado. La “Hispanic” es una institución fundada en 1904 en Nueva York por A.M. Huntington como biblioteca, museo y centro docente para fomentar el conocimiento de la cultura española, guarda un interesante fondo fotográfico de imágenes de España, y también de Ávila, creado por su fundador para documentar el arte y las costumbres españolas, el cual se nutrió con fotos de Clifford, Laurent, Alguacil, Hielscher y Ortiz Echagüe, y otras tomadas por los expedicionarios americanos A. Byne y Ruth Matlda Anderson. Deteniéndonos ahora en estos últimos fotógrafos, conviene destacar que Arthur Byne (1884-1935) y su esposa Mildred Sapley Byne (1879-1941), ambos arquitectos, recorrieron España durante 1915-1918, captando en Ávila diversas vistas de sus monumentos y gentes. Lo mismo hizo la historiadora Ruth Matilda Anderson (1893-1983), auténtica artífice de fondo fotográfico de la Hispanic Society que reunió en los viajes que hizo entre 1923 y 1930, entonces la verdadera esencia de Ávila y la España rural.
Con igual interés que los autores reseñados, citamos la obra americana del alemán afincado en San Francisco (EE.UU) desde su juventud. Arnold Genthe (1869-1942), famoso por sus fotos de Chinatown y el terremoto de la ciudad ocurrido en 1906. Arnold Genthe retrató Ávila para la obra Some famous vagabonds de Frederich O´Brian, fotos incluidas en The Mentot (1922), destacando varias imágenes del Mercado Grande y del lienzo norte de la muralla con el bullicio de los paisanos y sus caballerías. A este trabajo añadimos las fotos que hizo de la Puerta de San Vicente el también estadounidense de Alice Van Leer Carric para su obra Collector´s Luck in Spain (1930), igual que las expresivas imágenes de una yunta de vacas pasando junto a la muralla por la ronda vieja o de la calle Reyes Católicos editadas por Robert Medill Mcbride para la revista inglesa Travel (New York, 1930) ilustrando el artículo “La grandeza de la caballería castellana”; o las originales vistas que tomaron Charles I. Freesto de la puerta del Adaja y otras para su libro Roast os Spain (1930), Henry Albert Phillips del lienzo norte para el libro Mett the Spaniards (1930), George H. Pound de la puerta del Adaja, y el arquitecto Kidder Smith en 1957 del Rastro y el antiguo atrio de San Isidro.
Finalmente añadimos que otro americano, el fotógrafo Eliot Elisofón visitó y retrató Ávila en 1962, como bien ha reseñado su acompañante de entonces Aurelio Sánchez Tadeo. La imagen de la ciudad que seleccionó Elisofon y con la que obtuvo el Premio Mundial de Fotografía “Ciudad de Nueva York”, fue la que se ofrece desde el cerro de San Mateo, una corona que se eleva sobre el río Adaja, a cuyos pies pastan pacientemente unas ovejas negras de raza karakul, la cual fue portada de la famosa revista americana LIFE Magazine, lo que sirvió para acrecentar en Ávila el turismo americano.
Entre los viajeros franceses ya hemos mencionado a Henri Guerlin, debiendo añadirse ahora al matrimonio Marcel y Jane Dieulafoy, quienes retrataron la muralla con especial interés artístico para la obra El arte en España y Portugal (1920). A ellos unimos también el hispanista Maurice Legendre, quien llegó a ser director de la Casa Velázquez, y que en 1928 ya había realizado dos mil placas sobre Las Hurdes, seleccionando de su largo recorrido fotográfico por España las imágenes que publicó en el libro de fotografías titulado En España (1936), donde Ávila figura entre las ciudades representadas como ciudad monumental y a la vez pintoresca, trabajo en el que le acompañó el fotógrafo M. E. Boudot-Lamotte.
También eran franceses los fotógrafos especializados en la edición de tarjetas postales José Lacoste y Lucien Roisin, quienes se prodigaron en la comercialización de vistas de Ávila y de la muralla; el inventor de artilugios estereoscópicos Jules Richard; la fotógrafa Ivonne Chevalier, que se inspiró en la “Nouvelle Vision” para dar nuevas formas al arte fotográfico, sus fotos fe Ávila se incluyen en La Vie de Sainte Thérèse d´Ávila (1950) de Marcelle Auclair; y Jean Dieuzaide -Yan de Toulouse (1921-2003) , un consagrado fotógrafo humanista autor de estampas típicas abulenses, como las del lechero a lomos de su burro junto al torreón del homenaje, la de Puerta del Carmen o la de las huertas de Prado Sancho con la muralla al fondo, realizadas hacia 1954.
Finalmente, entre los ilustres viajeros reseñamos al holandés Cas Oorthuys (1906-1985) y a la austriaca Inghe Morath (1923-2002), quien estuvo casada con el dramaturgo Arthur Miller y fue conocida como la dama de la fotografía, trabajó para la agencia Magnun y las revistas Vogue, Life y París Mach, colaboró en rodajes cinematográficos, y recorrió España entre 1953-1957 de la mano de Robert Capa. Como imagen más representativa de Ávila, Inghe Morath seleccionó la escena de una niña leyendo en el Mercado Grande junto al burro del lechero, es esta la imagen de la quietud de una ciudad callada y centenaria.
22. LA MURALLA RETRATADA PARA SER EXPUESTA.
La difusión y divulgación de la imagen fotográfica es una de las características intrínsecas a la propia fotografía. Es decir, la fotografía se concibe para ser mostrada y expuesta, y a través suyo se quiere enseñar y se procura aprender en un diálogo siempre buscado por el fotógrafo. Las guías artísticas e históricas pronto utilizaron la fotografía como un elemento sustancial de su contenido, a pesar, a veces, de su escasa calidad. Los deseos de promoción turística de Ávila y su muralla propiciaron la aparición de diversas publicaciones y guías que incluían imágenes y vistas de una ciudad monumental y pintoresca.
La fotografía de la muralla parecía haber tomado asiento en la quietud de las páginas de los libros de José Mª Quadrado (1884), con grabados sobre fotografías de Laurent; de Emilio Valverde (1896), también con fotograbados de Laurent; de Antonio Blázquez (1896), con fotografías de Isidro Benito, Isidoro Jiménez y otros; de Fabriciano Romanillos y Fernando Cid (1900), con “fotograbados” de Ángel Redondo de Zúñiga; de Albert F. Calvert (1908 y 1924), con fotos de Laurent, Alguacil y Lévy; de Henri Guerlin (1914), con fotos propias y de Hauser y Menet; de José Mayoral Fernández (1916), con fotografías de Julián Fuentetaja; del Marqués de San Andrés (1922), con fotografías de Hauser y Menet y otros; de Rafael Gómez Montero y Luís Belmote (1946), con fotografías sin identificar autor; de Ignacio Herrero de Collantes, Marqués de Aledo (1947), con fotografías propias. Y a estas guías habría que sumar otros títulos donde aparece la muralla y la ciudad retratadas, como el Estudio Histórico de Enrique Ballesteros (1896); Recuerdos (1913) de José M. Ruiz de Salazar; el Manual del turista peregrino (1922) y Los viejos cosos (1927) de José Mayoral; La vida gráfica de Santa Teresa (1929-1935) de Fr. Gabriel de Jesús; Ávila. Arte y Turismo (h. 1933) con texto de Diego Sánchez Roses, y la Monografía Histórica de la Academia de Intendencia (1936) de Rafael Fuertes Arias; entre otros libros y guías que van apareciendo hasta la segunda mitad del siglo XX.
En todas las obras citadas anteriormente, la panorámica que dibujan Ávila y su muralla constituye una visión identificativa de su historia y de su paisaje arquitectónico, así como de la propia configuración urbana de la ciudad, donde la mezcla del arte con lo pintoresco resulta enormemente atractivo para los viajeros y turistas. La fotografía se convierte entonces en el fiel testimonio que da credibilidad al texto literario, y a través de ella se visualiza la historia de la ciudad y de la muralla como elemento definitorio más sobresaliente.
Ya en 1913, Ávila era una de las ciudades más atrayentes para el turismo, y en estos términos se hablaba de turismo como idea globalizadora de la historia y el arte de un lugar que debe visitarse, y así se recoge en las publicaciones especializadas de la época. Ávila fue pionera en la organización de la actividad turística, uno de los sectores más relevantes de la economía provincial, cuando en 1918 se constituyó la primera Federación de Entidades Turísticas que presidió Salvador García Dacarrete, donde también destacó el periodista Vega-Alberche fundador del semanario ilustrado Ávila, quien promovió decididamente desde sus páginas el turismo abulense.
En 1929 se celebra la Exposición Universal de Barcelona, y allí se presenta una excelente colección fotográfica que había recopilado el Arxiu Mas de todos los monumentos, lugares históricos y riquezas artísticas existentes en la provincia de Ávila. La adquisición de dicha colección de 1.158 fotografías fue realizada por la Diputación Provincial que presidía el coronel Ángel de Diego y Capdevilla, con destino a esa institución, demostrando así una especial sensibilidad por el patrimonio cultural de Ávila, lo que le valió el cargo de Presidente de la Comisión Provincial de Monumentos.
Las fotografías de Ávila del Arxiu Mas que adquirió la Diputación Provincial fueron realizadas en la campaña de 1928 por Pelayo Mas Castañeda (1891-1954), hijo del fotógrafo Adolfo Mas, fundador del archivo que lleva su nombre y cuyo fondo había empezado a formarse a partir de 1900. Pelayo Mas reunió en más de un millar de fotografías encuadernadas en doce volúmenes casi todo el patrimonio cultural de Ávila. Estas imágenes son de una extraordinaria calidad y través de ellas podemos admirar la belleza de la ciudad amurallada. La utilización de imágenes del archivo Mas ha sido fundamental en la ilustración y edición del Catálogo monumental de Ávila (1900) de Manuel Gómez Moreno, publicado en 1983, como también lo fue en la ilustración del libro Ávila monumental (1952) de Santiago Alcolea, entre otras obras.
Como vemos, las fotografías del archivo Mas sirvieron para documentar y estudiar el patrimonio histórico artístico de Ávila, y también como medio de promoción turística de la ciudad amurallada, por lo que no en vano fueron incluidas en los folletos que editó con tal fin el Patronato Nacional de Turismo.
