POR SANTOS BENITEZ FLORIANO, CRONISTA OFICIAL DE CÁCERES.
La ermita de San Antonio ha vuelto a vivir este sábado uno de esos días en los que el barrio se reconoce a sí mismo. La tradicional procesión del 13 de junio ha reunido a decenas de vecinos y devotos en una jornada que ha comenzado por la mañana con la misa en la ermita y el reparto del pan de San Antonio, y que ha culminado por la tarde con la salida del santo hacia la iglesia de San Mateo.
El responsable de la ermita, Santos Benítez Floriano, ha destacado que la fiesta «cada año va aumentando en devoción y en público». La jornada ha dejado imágenes de lleno desde primera hora. Según ha explicado, la misa de la mañana ha estado «hasta arriba» y los panes elaborados para la ocasión se han agotado en apenas tres horas. «Es lo fundamental, porque con el pan de San Antonio podemos seguir colaborando con los comedores de beneficencia y los centros de la diócesis», ha señalado.
El día grande del barrio
La celebración ha mantenido el esquema tradicional, aunque con novedades que han reforzado el ambiente festivo. A la salida de la procesión se ha unido este año el grupo Trébol, con un canto especial dedicado a San Antonio. También se han puesto a la venta nuevos pines con la imagen del santo y bolsas conmemorativas, que han tenido una buena acogida entre los asistentes.
La procesión ha salido a las 19.30 horas desde la ermita en dirección a San Mateo, como marca la tradición. El vínculo histórico entre ambos templos se remonta al escrito de constitución de principios del siglo XVI, en el que se establecía que San Antonio dependiera de la parroquia de San Mateo. Por eso, cada 13 de junio el santo recorre las calles hasta la iglesia matriz para celebrar allí la misa.
Un paso más ligero y más relevo popular
Uno de los detalles de este año ha estado en el propio paso procesional, que ha estrenado unas andas más ligeras. Benítez Floriano ha explicado que las anteriores, regaladas por el antiguo cónsul de Portugal, Juancho Biel, tenían un gran peso y dificultaban cada vez más el recorrido. Tras venderlas a una cofradía de Badajoz, la ermita ha podido encargar unas nuevas de aluminio, forradas y ornamentadas, que «pesan la cuarta parte» que las anteriores.
El cambio ha permitido que los relevos se hagan con más facilidad durante el recorrido. «El paso lo lleva el pueblo. Todos los que quieren se hacen relevos cada 80 o 90 metros», ha indicado el responsable de la ermita.
Al inicio del trayecto el grupo de folclore Trébol ha cantado y bailado a la talla, y durante todo el trayecto la charanga Lázaro ha tocado la canción ‘Los pajaritos’, como viene siendo habitual en este paso.
Juventud
La fiesta también ha dejado una imagen que, para Santos Benítez Floriano, resume el futuro de esta tradición: la presencia de jóvenes y adolescentes que se han acercado por devoción, no solo acompañando a sus familias. Desde media tarde, varias personas han ayudado a preparar la salida, a colocar el paso y a dejar lista la ermita para la procesión. «Había gente esperando desde las cuatro para ver cómo se colocaba el paso y para ayudar», ha contado.
Con calor, música, pan bendecido y una devoción que sigue creciendo, San Antonio ha vuelto a reunir al barrio en torno a una tradición sencilla y profundamente popular.
