POR ANTONIO CARRETERO MELO, CRONISTA OFICIAL DE BURGUILLOS DEL CERRO (BADAJOZ)
Es Cronista Oficial de Burguillos desde 2015, vecino entrañable, doctor en Filología y, desde hace unos días, ¡también doctor en Medicina! Antonio Carretero Melo nos sorprende a todos con la defensa de su nueva tesis doctoral sobre la historia sanitaria del municipio. Nos sentamos a charlar con él para descubrir cómo un hombre de letras acaba en la Facultad de Medicina de Sevilla.
Entrevista
— Antonio, tenemos que empezar por lo que nos tiene a todos de piedra. ¿Cómo se come que alguien puramente de letras, doctor en Filología, termine doctorándose también en Medicina? ¡Explícanos el truco!
— (Risas) ¡No hay ningún truco de magia ni soy un «cerebrito», de verdad! Todo el mundo sabe que para ser médico clínico hay que cursar el Grado de seis años, algo
que yo lógicamente no he hecho. Pero el mundo de la investigación universitaria es muy amplio. Una de las vías legales para acceder a un Programa de Doctorado en
Medicina es poseer ya un título previo de doctor, como era mi caso. Eso sí, no te regalan nada: hay un número de plazas limitado y hay que
competir para entrar. Ahí admito que jugaba con cierta ventaja; por mi edad, tengo un currículum más extenso que los jóvenes que están empezando. Así logré que me admitieran en el programa de Biología Molecular, Biomedicina e Investigación Clínica de la Universidad de Sevilla.
— Menudo nombre imponente… Pero, ¿de dónde te vino la chispa para
meterte en ese jardín?.
— Todo empezó de forma muy natural en casa. Mi hija estudió Medicina, así que acumulé muchísima documentación médica de Burguillos en su momento por si
deseaba hacer una tesis doctoral. Pero sus investigaciones se dirigieron hacia la medicina estética y la nutrigenómica. Al jubilarme, decidí rescatar un viejo proyecto y darle vida a la historia de la medicina, concretamente centrándome en Burguillos entre 1840 y 1992. Quería recuperar la memoria de la sanidad de
nuestro pueblo.
— Una tesis doctoral entera puede sonar un poco «infumable» para el lector de a pie, pero la historia nos encanta. ¿Dónde podemos leer tus hallazgos?
¿Habrá libro?
— ¡Todo llegará, no os preocupéis! De momento, para abrir boca, hemos lanzado una edición facsimilar de la Topografía médica de Burguillos de 1883, una obra maravillosa que escribió un médico catalán que estuvo destinado aquí, Manuel Trullás y Soler. Además, todo lo que investigo y escribo (tanto mío como de otros autores, siempre que tengo los permisos) lo subo directamente al Blog del Cronista. Se puede descargar de forma totalmente libre y
gratuita.
— Tienes una producción enorme. Si echas la vista atrás, ¿de qué libro te sientes más orgulloso? Y no me vale que digas el de las familias de Burguillos, ¡que tiene más de dos mil páginas en formato A3!
— Dejando a un lado el cariño personal, si nos ceñimos a lo intelectual, el libro del que me siento más orgulloso es curiosamente el que menos páginas tiene:
apenas 80. Es un manual sobre la didáctica de la sintaxis que publiqué en 2012 para mis alumnos de Magisterio.
— Hablando de árboles genealógicos, el de Burguillos debió de ser un trabajo titánico, pero siempre dices que el de Fuente del Maestre te costó aún más.
Si ambos tratan sobre la historia familiar desde el siglo XVI, ¿dónde está el misterio?
— Son obras muy distintas, aunque compartan esencia. El de Burguillos abarca más tiempo cronológico, ya que llega hasta 1960, mientras que el de Fuente se
detiene en 1800. Sin embargo, el de Fuente del Maestre es un libro único y peculiar en España porque es un estudio antroponímico profundo. En el de
Burguillos registré a las parejas que se casaban y a sus padres; en el de Fuente, además, incluí a todos los hijos en su orden exacto de nacimiento. Parece un detalle menor, pero cambia las cosas por completo.
— ¿Tanto influye saber el orden de los hijos?
— ¡Muchísimo! Nos permite entender las reglas invisibles de la época a la hora de elegir nombre para los hijos. ¿Por qué se le ponía un nombre y no otro? ¿Llevaba el primer niño el nombre del abuelo paterno? ¿Y si nacía una niña primero? ¿Y si moría el primero antes de poner nombre al segundo o al tercero…? Reconstruir las familias enteras desvela un montón de variables culturales fascinantes. De hecho, sobre este tema gané el Premio de Investigación «García Matos» en 1999 con un trabajo titulado El nombre de pila del varón en la baja Extremadura, que también se puede descargar en el blog.
— ¿Y el de las niñas?
— El de las niñas lo tengo escrito, pero aún sigo buscando editor. — Antonio, se nos va el espacio de la revista, pero no queremos despedirnos sin pedirte una cosa y sin saber en qué estás metido ahora. — Pide
— Un consejo a los jóvenes desde una persona con tanta experiencia.
— ¿Y los jóvenes hacen caso a los consejos? Vamos sólo a sugerir. Les propongo que piensen en la posibilidad de cerrar con siete llaves las ideologías y dirijan
su mirada a la realidad, a extraer conclusiones de la experiencia vivida.
— ¿Hay nuevos proyectos en el tintero? La Talega. Núm. 53. Ayuntamiento de Burguillos del Cerro. Agosto 2026.
Pues ya tengo entre manos un nuevo libro sobre la antroponimia de Extremadura a nivel general. Sólo espero mantener el ánimo y que la salud me acompañe para poder terminarlo.
— Que así sea, Antonio. Muchas gracias por tu tiempo, por tu inmensa labor como Cronista y enhorabuena de nuevo por este
«doble doctorado». ¡Mucha salud para seguir escribiendo la historia de nuestra tierra!
— A vosotros, siempre es un placer.
FUENTE: Apolonio Conde Olmedo. Revista Ka Talega. Número 53. 2026