CASTILLO INTERIOR.
Jun 28 2026

POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.

                                         

Cuando uno se adentra en el interior de nuestra tierra, situada en la lejanía de itinerarios populosos y masificados de sol y playa, espera sorprenderse con nuevas emociones y experiencias, y al mismo tiempo ampliar conocimientos sobre otras culturas y enriquecerse con nuevas relaciones de un entorno recientemente descubierto.
Con esta idea se presentan varias formas de cautivar el espíritu viajero que tanto caracteriza al hombre, lo que hacemos para atender o despertar la atracción por lo que está por descubrir o, quizás, por redescubrir, o para recordar sensaciones olvidadas, o para reencontrarnos con la historia de antiguos pobladores, o para viajar en el tiempo durante varios siglos, o para protagonizar viejas leyendas en escenarios originales, o simplemente para admirar el patrimonio monumental y artístico o la cultura popular manifestada en una arquitectura singular y en usos y costumbres caídos en el olvido.
El viaje interior por este territorio tiene su punto de partida en Ávila, la ciudad amurallada por excelencia y buen ejemplo de fortaleza medieval. Qué mejor título entonces para este texto que el de “Castillo interior”, si en él sintetizamos la ruta viajera que nos proponemos desde Ávila, que es castillo y que es ciudad de interior.
También tomamos prestado el título “Castillo Interior” de la obra que escribió Teresa de Jesús en 1577, y ello porque La Santa nació en Ávila y es un icono imantado para los viajeros, y lo mismo que ella hizo en la creación de sus fundaciones, desde esta tierra se quiere proyectar la acción cultural como ejemplo y referencia en la promoción turística.
La literatura viajera que sigue es la recreación escrita de varias comunicaciones de marcado carácter audiovisual que hicimos en seis ediciones (2006-2013) del Máster de Turismo de la Universidad de Salamanca a lo laargo de seis ediciones (Turismo de interior: planificación, comercialización y experiencias. Ed. Pirámide, 2013).
Lo que hicimos ante estudiantes atentos deseosos de aprender lo que ofrece el patrimonio cultural de una ciudad medieval y su entorno rural, el cual se presenta transformado en atractivo turístico, de lo que Ávila es un buen ejemplo.
En dicha ocasión, dejamos aparte los museos, las exposiciones y los centros de interpretación como espacios importantes que complementan la oferta cultural de pueblos y ciudades.
En el ejercicio de percepción de sensaciones programado se quiso transmitir a los viajeros un motivo para transitar por la historia y el patrimonio vivo. Entonces, los destinatarios de cuanto contamos podrían parecer sujetos pasivos, oidores o lectores, pero al mismo tiempo se procuró que los mismos se convirtieran también en protagonistas de nuevas formas de enseñar una ciudad y, a la vez, sean capaces de construir otros itinerarios culturales.
Ávila es el lugar de referencia y el punto de partida para hablar de cultura, patrimonio y tradición, y para proyectar acciones de promoción turística, extensibles a otros tantos sitios de similares características.
En Ávila concurren los atributos propios una ciudad histórica del interior peninsular en cuyo entorno rural, además, todavía perviven viejas forma de vida y se mantienen exponentes valiosos de la cultura popular.
La metodología que seguimos para “vender” la ciudad y su entorno rural pasó por su descubrimiento a través de su histórica y la revitalización actual de sus viejas tradiciones.
Como referencia de esta tarea tomamos la ciudad de Ávila y algunos pueblos de su entorno, lo que ya anticipamos antes, bien entendido que los valores que pretendiamos enseñar se encuentran en otros muchos lugares sobre los que, igualmente, se podría haber construido nuestra exposición, de ahí que hablemos de servir de un referente del turismo cultural que demandan la curiosidad y el deseo de conocer de nuestros visitantes.
El viaje propuesto pasó por nuevos itinerarios culturales en su percepción, pero no en cuanto al objeto, pues la ciudad histórica lleva siglos existiendo, inmutable.
Por otra parte, los usos y costumbres de las gentes que habitan sus calles y los pueblos de su entorno rural son el complemento ideal de un patrimonio vivo.
Con estos mimbres, se propone la construcción de nuevas rutas que despierten el interés del visitante, o mejor, se plantean nuevas formas de difundir y enseñar los valores artísticos o etnográficos que constituyen la identidad de un pueblo.
En los últimos tiempos surgen en nuestras ciudades numerosas propuestas de itinerarios culturales, como idea de personalizar lo que también ocurre en otros lugares.
En Ávila tenemos rutas dedicadas a Santa Teresa y la mística, a la muralla medieval, a los palacios renacentistas, y a escritores y literatos, sin olvidar la singularidad de los acontecimientos festivos protagonizados por la semana santa, el teatro de leyendas o las jornadas medievales de las tres culturas (cristiana, mora y judía).
Igualmente, la ciudad se halla incluida en rutas de las ciudades catedralicias, de las ciudades patrimonio de la humanidad, de la lengua castellana, de los castillos, de las juderías, del arte románico, del mudéjar y de la reina castellana Isabel la Católica.
Todas estas rutas participan de los mismos valores históricos y monumentales que posee la ciudad, y su construcción debe hacerse desde un conocimiento profundo de la misma.
De igual manera, en otros momentos nos hemos ocupado del entorno rural tomando como guía el curso del río Adaja que cruza la ciudad y nos adentra en las formas de vida de los pueblos surgidos en su entorno, aglutinadas todas ellas en lo que titulalmos “Rutas mágicas por los pueblos del Adaja” (Piedra Caballera, 2001).
Ahora exponemos las bases para nuevas rutas o itinerarios, o nuevos descubrimientos o formas de ver o contemplar la ciudad histórica y su entorno rural, con la idea puesta también en su valor ejemplarizante o de referencia para otros muchos lugares de nuestra geografía, y sin ánimo de exclusividad sin más bien de universalidad.
Para ello hemos desarrollado diversas ponenecias que hemos dado en denominar con los siguientes títulos sugerentes: “Ávila romántica”, donde se propone un viaje a través de la memoria gráfica de la ciudad, y “Ávila amurallada”, donde nos detenemos en la imagen histórica monumental de la muralla de Ávila que también sirve de telón de fondo de una ciudad que se siente viva.
Y todo ello ambientado e ilustrado en una estética fotográfica que se convierte por sí misma en fuente y testimonio de nuevos valores con los que se quiere atraer al viajero.
29. ÁVILA ROMÁNTICA.
En “Ávila romántica” destacamos la visión de la ciudad impresa en dibujos, grabados y litografías que testimonia la percepción que tuvieron de ella los viajeros románticos del siglo XIX.
En esta ruta hacemos un recorrido visual y artístico, mágico y casi imaginario, que debe contrastarse con un recorrido físico que sitúa al viajero frente a la ciudad monumental actual.
“Ávila romántica” es título equiparable al que inmortalizaron los viajeros extranjeros que recorrían España en el siglo XIX, esos cultos e ilustres visitantes que descubrían por sí mismos los entresijos de las ciudades históricas y monumentales atraídos por un extraño exotismo y cuya visión particular quedó plasmada en extraordinarias imágenes litográficas.
La ciudad antigua idealizada entonces con aires mitológicos contrasta sobremanera con la trama urbana actual, y ahí radica el atractivo del itinerario que escenificamos mediante la sucesión de grabados y viejas estampas.
Comenzamos nuestra exposición diciendo que la representación gráfica de la ciudad y de sus gentes tuvo en tiempos del romanticismo en las técnicas del dibujo y el grabado una de sus mejores expresiones y manifestaciones artísticas que se sucedieron a lo largo del siglo XIX.
Buscar, recoger, seleccionar, documentar y enseñar esta singular muestra quiere servir entonces para conocer y apreciar aspectos decisivos de la identidad histórica y cultural de Ávila.
No se pretende enaltecer gratuitamente la nostalgia del pasado, sino valorar en su justa medida los testimonios gráficos que se utilizaron para ilustrar una sociedad, la abulense, y formar el mundo imaginario que perdurará durante más de un siglo, el cual tanto atraía a los viajeros románticos.
Con esta referencia se construye la ruta cultural de un viaje que nos remonta a tiempos pasados elaborada a base de imágenes dibujadas con excepcional estilo y belleza.
La mayoría de las representaciones gráficas que nos han llegado de la ciudad se hicieron con voluntad de comunicar, informar, publicitar y difundir la imagen artística y monumental de Ávila aderezada con tipos populares y pintorescos sobre los se alza la muralla, la catedral, la iglesia de San Pedro o la basílica de San Vicente, entre otros.
Como personaje histórico vinculado a la ciudad sobresale Santa Teresa de Jesús, figura en la que confluye el rico ideario místico, y la realidad material que rodeó su vida en su ciudad natal.
Las ilustraciones que configuran el recorrido ideado, que bien puede extenderse a otros pueblos y ciudades, fueron concebidas para visualizar guías turísticas, textos históricos, obras literarias, o periódicos y revistas, y en menor medida como estampas coleccionables.
Ahora se recuperan como fuente de conocimiento de una época en que el grabado permitió multiplicar detalles del paisaje arquitectónico y urbano de la ciudad para su contemplación.
Así, hasta la aparición de la fotografía en los medios impresos a finales del siglo XIX, el dibujo y la xilografía se ocuparon de representar tipos y monumentos con los que recrear la vista en la consulta de libros, guías, enciclopedias y artículos.
La imagen cumple entonces una doble función, como fuente de conocimiento y como medio de información, producida en especiales condiciones de trabajo artesanal que dan un valor añadido a la actividad artística de dibujantes y grabadores.
Al mismo tiempo, al visualizar las imágenes que se muestran, uno se convierte en espectador de escenas quietas proyectadas a modo de instantáneas.
Con ello se va creando un catálogo y un museo visual donde contrastan la ciudad arruinada y tenebrosa de mediado el siglo XIX frente a la luminosidad actual.
Hoy no pueden contemplarse las imágenes recuperadas sin trasladarse a la época en se hicieron y el medio donde se publicaron.
Es necesario saber que el dibujo se recrea y se reinterpreta mediante el grabado y la litografía con voluntad de universalizar su conocimiento, aunque en algunos casos quiso ser también documento informativo de actualidad, como fue el caso de la recreación festiva del centenario de Santa Teresa de 1882 realizado por Juan Comba.
Ahora, cada ilustración gráfica se presenta como un documento narrativo con identidad propia.
Los tipos avileses que dibujaron Van Halen, Ortega, Parcerisa, Bécquer, H. Hoys y Foulquier, transforman en escenas animadas el paisaje urbano y monumental. Se crea una atmósfera emotiva atraída por lo medieval, lo misterioso y lo sublime de la naturaleza.
La imaginación individual del artista completa ambientes desolados con la presencia de tipos populares, y con ricos claroscuros y contrastes litográficos. Los dibujos sencillos de Sierra y Vilaplana de los monumentos que fotografió Jean Laurent deben observarse como xilografías o grabados hechos en madera para su combinación con los textos históricos y literarios de Fernando Fulgosio y Valentín Picatoste, lo que justifica su trazo grueso, tosco y poco académico, pero suficiente para transmitir una imagen atractiva para el público.
En esta ocasión hemos despojado a las ilustraciones del traje con el que se arropa en su concepción original para ser incluido en libros y periódicos, y enseñara así una realidad social que según el medio obedecía a unos u otros intereses.
Cada imagen cobra protagonismo propio como obra gráfica, y su visualización, ahora recuperada, debe hacerse con la inocencia del hombre decimonónico que empezaba a descubrir el poder comunicativo de las publicaciones iluminadas con estampas dibujadas.
Nuestro recorrido por el imaginario gráfico del siglo XIX discurre en un discurso literario que se completa con la guía visual que configura la selección de láminas que se enseñan.
En este periodo se observa gratamente que Ávila y sus personajes históricos son motivo de inspiración de destacados pintores como Federico de Madrazo, Francisco de Paula Van Halen, Valeriano Domínguez Bécquer y Darío de Regoyos.
La prensa y los libros ilustrados de la época fueron el medio idóneo para la representación gráfica de monumentos y tipos abulenses, sobresaliendo en ello las revistas el Semanario Pintoresco, El Museo Universal, La Ilustración de Madrid, y La Ilustración Española y Americana, en cuya actividad ilustradora se afanaron los más importantes dibujantes y grabadores del momento, tales como Valeriano Bécquer, Bernardo Rico, Juan Comba.
Entre los libros ilustrados, la mejor muestra la tenemos en la obra Recuerdos y Bellezas de Quadrado y litografías de Parcerisa.
Los personajes históricos de Ávila que alcanzaron mayor proyección a través del grabado fueron la reina Isabel la Católica y Santa Teresa de Jesús. Tanto que pronto fueron el motivo iconográfico de pintores, dibujantes y grabadores, tal y como se refleja en obras de Rosales, Maura.
30. LA MURALLA ESTAMPADA.
Como ya hemos apuntado en este Diario en la serie de reportajes que precidieron a este último, la muralla de Ávila constituye la seña de identidad histórica y cultural de la ciudad desde el momento de su bendición por el obispo Pelayo en 1090.
El perfil que dibujan los ochenta y ocho torreones y los muros con dos mil quinientas almenas y dos kilómetros y medio de longitud, que abarcan un recinto de unas treinta y tres hectáreas, refleja una atractiva silueta que es permanente fuente de inspiración literaria y artística.
Y una nueva forma de mostrar la muralla y de aprender aspectos casi desconocidos es la que puede encontrarse en los viejos retratos de la misma.
No se trata en estos momentos de hacer un estudio histórico de tan emblemático monumento, pues sobre este aspecto ya se han realizado importantes trabajos, pretendiéndose ahora tan solo hacer un recorrido por el rico patrimonio visual a lo largo de la historia, lo que pretende contrastar con una visión real que puede hacerse en la actualidad.
Las fotografías antiguas de la muralla de Ávila que captaron viajeros y solitarios fotógrafos transeúntes ocupan hoy un lugar preeminente para entender el valor histórico del monumento, y ello gracias a las viejas imágenes que se convierten en fuente documental de conocimiento. No obstante, conviene no olvidar que la muralla sigue viva y a nuestro alcance.
Aprovechando ahora la riqueza plástica que ofrece la representación gráfica de la muralla, construimos el guión de la historia de Ávila, al mismo tiempo que se pretende enseñar en estampas el monumento más importante y significativo de la ciudad, y con ello disfrutar hoy en su contemplación.
El viaje imaginario que supone adentrarse en la historia legendaria de la ciudad monumental se materializa ahora de una forma quieta en fotografías que trascienden al momento en el que fueron tomadas.
La muralla retratada cobra vida propia de nuevo cuando observamos las pequeñas transformaciones que se producen en la cerca, y más aún cuando vemos una diversidad de tipos y personajes que testimonian la lenta evolución de una ciudad anclada en la Edad Media.
La ciudad amurallada es una de las imágenes universales con la que tradicionalmente se identifican Ávila y sus gentes.
Rescatar la mirada de nuestros antepasados a través de su representación gráfica o de las viejas fotografías supone entonces revitalizar su atractivo místico y guerrero que tanto cautivó a viajeros y artistas.
Las viejas y amarillentas estampas que inmortalizaron los fotógrafos ambulantes y algunos aficionados, o aquellas otras que circularon por medio mundo como postales, o las que se reprodujeron en libros y periódicos, tienen en la ciudad de Ávila y su muralla el mismo punto de encuentro.
Es lógico entonces que esta imagen, que tanto une a los abulenses y sus visitantes, se convierta en el protagonista de las ilustraciones con las que se quiere enseñar la ciudad milenaria de santos y caballeros.
La contemplación de la ciudad amurallada desde el horizonte o a los pies de sus muros, ha cautivado a cuantos se asoman a la misma. Tanto, que esta visión de Ávila ha quedado plasmada en fotografías, dibujos, grabados, pinturas, versos, novelas, leyendas y cartas de viaje, entre otras manifestaciones artísticas y literarias.
Las vistas son una muestra ejemplar de la importancia de Ávila como fuente de inspiración de multitud de artistas, quienes elevaron la ciudad amurallada a un protagonismo extraordinario en el arte moderno del primer tercio del siglo XX y que todavía perdura en las expresiones artísticas actuales.
Con la aparición de la fotografía, la ciudad de Ávila cobra una nueva dimensión, y especialmente sus murallas, y se convierte a través de la misma en una ciudad impresa en libros, periódicos, revistas, fascículos; una ciudad de inspiración literaria y artística; una ciudad monumental y deseada; una ciudad turística y viajera; una ciudad pintoresca y castiza; una ciudad histórica y ennoblecida; y finalmente en una ciudad coleccionada como cartas de amor.
La ciudad se multiplica y contagia con la imagen más bella.
Su reflejo aparece quieto en la fotografía, y transformada en tarjeta postal ilustrada inicia un viaje imperecedero. Y tanta actividad y movimiento generado en la multiplicación de imágenes hoy se rememora en la moda y manía por poseer, mostrar, e intercambiar una foto o postal antigua capaz de engullir y encerrar toda la historia de una ciudad: Ávila.
La fotografía nació en 1839 de la mano de las técnicas del daguerrotipo, y pronto esta ciudad imaginada se hizo presente en la vista universal que ofrece el recinto amurallado, aprovechando que la fotografía se había convertido en el mejor medio de propaganda e ilustración de ciudades, paisajes bucólicos, tipos populares y monumentos.
El torbellino de vistas urbanas de la ciudad medieval que iniciaron su viaje por el tiempo un siglo atrás sigue todavía cautivándonos como antaño, haciéndolo con la misma fuerza que entonces.
Pronto, la imagen de Ávila trascendió de una forma masiva y abrumadora al encierro de sus murallas para proyectarse universalmente a través de lo que fue la imagen impresa, la moda de enviar postales y el coleccionismo de tarjetas, así como de la vocación artística de fotógrafos creadores de álbumes monumentales y archivos históricos.
Efectivamente, la representación gráfica de la ciudad abulense, es decir la plasmación y reproducción de imágenes y vistas de la misma, o de motivos históricos y pintorescos propios de sus señas de identidad, ha tenido como mejor exponente la fotografía, y una de las perspectivas más significativas que ofrece Ávila es la de su majestuosa muralla.
La representación fotográfica de la muralla de Ávila tiene especial relevancia en el periodo que termina en los años sesenta del mil novecientos.
Ello es así, porque a partir de esta fecha comienzan a proliferar las guías turísticas, los libros ilustrados en todas las disciplinas, también la artística y monumental, y las postales en color, donde la representación de la muralla sigue manteniendo el protagonismo, si bien la similitud de las vistas hace menos atractiva su contemplación, sin que ello reste nada a su grandeza. Lo anterior significa que por el camino habremos dejado algunas lagunas en nuestro discurso, por lo que concluimos destacando las últimas aportaciones que se han realizado en la representación pictórica y gráfica de la muralla.
El objeto fundamental de esta ruta singular, como un ejemplo práctico de la promoción turística atendiendo a valores históricos y culturales, por otro lado tan frecuente en el redescubrimiento de pueblos y ciudades, es contribuir a reforzar y testimoniar la atracción de un monumento, la muralla de Ávila, y con ello divulgar y difundir la riqueza cultural que ejerce el monumento sobre las gentes de la ciudad y los numerosos visitantes que acuden hasta ella.
Ávila tiene en su muralla el libro de su historia centenaria, la misma que se visualiza en un reencuentro vivo a través de la imagen.
La muralla constituye las señas de identidad histórica y cultural que le son propias a la ciudad de Ávila, y refleja una atractiva silueta que es permanente fuente de inspiración literaria y artística. Todas las imágenes que se presentan tienen en la muralla como protagonistas.
A través de ellas podemos contemplar el torreón de la Esquina o del Baluarte, el torreón del Alcázar o del Homenaje, la puerta del Alcázar en el Mercado Grande, el lienzo de la calle San Segundo, el ábside o cimorro de la Catedral, la puerta del Peso de la Harina, la Casa de las Carnicerías con su nueva balaustrada, la casa que fue antiguo Hospital de San Martín o Casa de la Misericordia, la puerta de San Vicente, los torreones del cerro de la Mula, la puerta del Arco de Mariscal, el lienzo norte, la puerta del Carmen, la puerta del Puente, el lienzo sur, la puerta de la Malaventura, la puerta de Montenegro, la puerta del Grajal o del balcón de doña Guiomar, y el lienzo del paseo del Rastro.
Y también en el entorno de la muralla se dibuja el paisaje urbano y natural que configura su peculiar fisonomía bañada por el río Adaja y las iglesias extramuros de San Pedro, San Vicente, San Andrés, San Martín, San Segundo, Santiago y San Nicolás, o lugares tan emblemáticos como la plaza del Mercado Grande, el humilladero de los Cuatro Postes y el Monasterio de la Encarnación.
El recorrido visual por la muralla no sólo pretende detenerse en su evolución arquitectónica, sino recrear también su imagen como parte escénica de la historia de la ciudad. A través de la cámara se capta una multiplicidad de situaciones llenas de emotividad y sentimientos.
Con todo, las instantáneas recopiladas muestran además una función de la muralla distinta a la que guió su construcción.
Efectivamente, la muralla nació con fines militares y bélicos para defender la ciudad. También sirvió para preservar a sus habitantes de epidemias y contagios externos, e incluso ejerció de barrera aduanera y de sistema de recaudación fiscal.
Ahora, su valor monumental y artístico mundialmente reconocido parece cobrar vida propia gracias a la presencia humana, y es precisamente la actividad humana y la variedad de sus actividades la que revaloriza más aún identidad.
Esta peculiar perspectiva en la promoción cultural a través de la fotografía pretende enriquecer la visión artística y monumental que la muralla posee de manera propia e intrínseca.
Con ello se procura completar la percepción que tiene el viajero cuando recorre la muralla y lee la historia de Ávila a través de sus muros, a la vez que se le invita a volver para participar en los importantes acontecimientos que se suceden en la ciudad a lo largo del año.
Con todo, ha quedado resumida de una forma gráfica y sencilla la ingente actividad de Ávila en favor de su patrimonio y sus tradiciones festivas mediante uno de sus símbolos e iconos más valiosos y apreciados: la muralla. Los efectos multiplicadores de las imágenes quieren servir entonces para demostrar con viveza y realismo la rica historia que encierra tan importante monumento.

FUENTE:https://www.facebook.com/jmsanchidrian1234

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