POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA. CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)
El iris se adapta perfectamente a la penetrante luz diurna y, sobre todo a la radiante luminosidad de un día soleado. Sin embargo, a pesar de la miosis (retracción de la pupila), la vista se ve perturbada y son precisas unas gafas oscuras capaces de proteger los ojos contra los efectos nocivos de dichas radiaciones solares. También, con frecuencia, las personas padecemos enfermedades oculares y, en estos casos las utilizamos para proteger la vista de la entrada de cuerpos extraños en el globo ocular que, sin lugar a dudas, empeorarían la patología ocular existente.
Llegada la primavera, aumenta la incidencia de los rayos solares y, por consiguiente, es aconsejable la protección ocular. Unas veces utilizaremos parasoles, otras sombreros y, en muchas ocasiones, nos veremos obligados a usar gafas oscuras. ¿Por qué no?.
Sin embargo, la vida nocturna, en ambientes poco propicios, ocasiona alteraciones oculares y somnolencia -además de proporcionar rictus malcarados-. Si han descansado poco y han estado expuestos en ambientes hacinados e irrespirables. Como consecuencia, necesitan dormir a deshoras, cambiar el día por la noche y, ocultar sus delatadoras ojeras.
Cuando se levantan, inevitablemente, se miran al espejo y observan lo malcarados que se encuentran. Ante esta tesitura, no es extraño ver a la juventud utilizando gafas oscuras, incluso en pleno invierno: aunque no luzca el sol o sea muy tenue. A veces -más de las deseadas- el deterioro es tan manifiesto que provocan absentismo laboral. Así las cosas, se ven obligados -el sentido común les delata- a disimular sus ojeras con gafas oscuras; en un vano intento de pasar desapercibidos.
No obstante, existen otras personas que están disconformes con todo; nunca aportan nada positivo, lo critican todo y hacen la vida imposible a cuantas personas conviven en su entorno y, en especial, a su núcleo familiar.
Sí, esas personas, incapaces de aportar ideas positivas, lo dinamitan todo y con sus gafas oscuras escrutan cuanto ocurre a su alrededor e impiden que los demás vean sus ojos entrecerrados, con sus párpados apretados, su rictus facial tenso y sus dientes rechinantes qué, de forma inequívoca, manifiestan su disconformidad. En una palabra «tienen cara de pocos amigos».
Sin lugar a dudas, esas personas, con esos ojos ocultos tras unas gafas oscuras, lanzan dardos envenenados por doquier haciendo la vida difícil, muy difícil, a quienes conviven con ellas.
Esas gafas oscuras, que permiten ver y eluden ser vistos (vis atergo), es el caparazón de las personas que no están conformes ni con ellas mismas, inundan el aire ambiental que lo hacen irrespirable y no hay persona que pueda convivir con ellas; con un mínimo de armonía.
Sí, esas tenebrosas gafas oscuras qué…que delatan a quien las usa.
