POR ANTONIO LUIS GALIANO, CRONISTA OFICIAL DE ORIHUELA

Si hablábamos de que la velocidad de caída de las hojas del calendario era directamente proporcional a la edad, o sea que conforme tenemos menos años el tiempo transcurre más lentamente, y si por el contrario gozamos de más, los días van más rápidos; existe una proporcionalidad directa indiscutible que radica en la circunstancia de que cuanto menos hace que nacimos la distancia de los recuerdos es mayor. Por ello, si nos situamos a cincuenta años de hoy, lógicamente, tendremos que mirar a 1965. Si lo hacemos a setenta y cinco, pondremos los ojos en 1940, y si miramos a los cien, alcanzaremos hasta 1915. Así que avivemos nuestros recuerdos hasta el primero de esos años, y para los otros dos, busquemos entre los datos extraídos en archivo y hemeroteca, a fin de adentrarnos en la Cuaresma de esas fechas siguiendo esa dirección inversamente proporcional.
En 1965 la preparación de la Semana Santa de Orihuela se vivía con la conmemoración de las Bodas de Plata de la Hermandad del Silencio y de la Cofradía Ecce Homo. En la primera de ellas que presidía Francisco Franco Carrillo, todos los esfuerzos se dedicaron a potenciar el quinario, conviniendo para ello con cinco padres predicadores para cada uno de los días. Asimismo se ofreció, el 27 de marzo, en el Teatro Circo un concierto a cargo del Orfeón Fernández Caballero de Murcia y se entregaron donativos extraordinarios a los centros de beneficencia. Por otro lado, el Vía Crucis programado para el día anterior tuvo que ser suspendido a causa de la lluvia.
En la segunda de estas instituciones, se estaba viviendo durante la Cuaresma el anhelo de completar su procesión con un nuevo paso cuya temática estuviera próxima al Ecce Homo. Para ello se habían contratado con el escultor Víctor de los Ríos las cuatro tallas que configuran el pasaje de La Sentencia, que arribó a Orihuela en los últimos días del mes de marzo, siendo bendecido el 4 de abril de 1965, por el Hermano Mayor Modesto Díez Zudaire, en la recordada iglesia de La Merced. Se sabía que la Cofradía Ecce Homo iba a ser distinguida como Cofrade Porta-Guión de la Cofradía del Perdón, en la persona de su presidente José Rodríguez Lozano. Aquél ya lejano año de 1965, el cartel anunciador de la Semana Santa editado en Vitoria por Heraclio Fournier, presentaba una fotografía de Nuestra Señora de los Dolores. El Pregón de la Semana Santa, que tuvo como marco el Cine Avenida, contó como glosador al periodista Pedro de Lorenzo, y el Caballero Cubierto Portaestandarte en la Procesión del Santo Entierro fue el perito agrícola Federico Linares Pescetto. La ‘Revista Oleza’, publicó un ejemplar dedicado a la Semana Santa, que fue impreso en el Oratorio Festivo, contando con las firmas literarias de Vicente Mojica, J.L. Blanco Zamora, Emilio Bregante Palazón, Antonio Escudero Esquer, Vicente Casanova, Álvaro Botella Martínez, José María Bueno Ferrer, José Joaquín Hernández Quixano y José Torres López. Como dato curioso, se publicó un escrito fechado el 6 de marzo, dirigido a Joaquín Ezcurra Alonso, director de la revista, por parte de la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades, denegándole la subvención de 5.000 pesetas que había solicitado para poderla publicar, al haber obtenido su petición cinco votos a favor, cuatro en contra y dos en blanco. Asimismo se reproducía una cédula de notificación del Excmo. Ayuntamiento, fechada el 22 de marzo, dirigida al director de la publicación, por la que se le comunicaba el haberle concedido una subvención por la misma cantidad.
Alarguemos la distancia hasta setenta y cinco años. En 1940 se iniciaba el resurgir de la Semana Santa de Orihuela, procurando rescatar para la misma las imágenes que habían desaparecido a manos de la barbarie. También se intentaba dejar a un lado la tutela de mayordomos y familias que se dedicaban a adornarlas para las procesiones, comenzándose a crear nuevas cofradías y hermandades, como la del Ecce Homo y la del Silencio. La novena a Nuestro Padre Jesús no pudo contar con la presencia de la imagen, que había sido destruida durante la Guerra Civil, celebrándose en la iglesia de Santa Ana ante una fotografía del mismo. Mientras, se llevaba a cabo una suscripción popular para que se volviera a contar con una nueva imagen al año siguiente.
Nuestra perspectiva llega veinticinco años más atrás y nos sitúa en la Cuaresma de hace una centuria. El 16 de febrero de 1915, la Junta Mixta de la VOT y Muy Ilustre Mayordomía de Nuestro Padre Jesús acordó celebrar sus procesiones. Pero, debido al estado en que se encontraba el Puente de Poniente se decidió alterar el itinerario tradicional de la procesión del Viernes Santo de madrugada. En otro aspecto, el 27 de marzo, la Corporación se daba por enterada de un telegrama del gobernador civil, en el que recordaba que los ayuntamientos tenían prohibido costear festejos con fondos municipales. Ante ello, se decidió no celebrar la procesión del Santo Entierro. Por su parte Los Armaos, tampoco estuvieron presentes en este año. Del resto de las procesiones de Semana Santa de hace un siglo, ya trataremos en otra ocasión.
A medida que el tiempo se va alejando en la distancia, de cuando hemos sido testigo, al no haber estado presente son otros los que nos acercan a través de los vestigios que dejaron en letra impresa. Cincuenta, setenta y cinco, cien años, ¡cuánto tiempo pasado!
Fuente: http://www.laverdad.es/