POR FRANCISCO SALA ANIORTE, CRONISTA OFICIAL DE TORREVIEJA


A las ocho y media de la noche del 27 de agosto de 1920, encalló en la playa de poniente, frente a Ferrís, el pailebote de tres palos ‘San José’, de la matrícula de Villagarcía (Pontevedra). Iba con dirección Sur, llevando viento contrario y navegando costeando, para buscar el favorable con gran trabajo. Poco antes de encallar, dio la ‘vuelta en fuera’ trasluchando. Es ese momento viró el viento navegando entonces a merced de las olas.
Cuando el contramaestre se dio cuenta que le faltaba espacio para virar, dio las órdenes de anclar y, apenas los marineros se disponía a ejecutar la maniobra, el buque tocó fondo, chocando contra las rocas y abriéndose una vía de agua, llenando dos metros las bodegas.
Inmediatamente se personó la autoridad de Marina e instruyó las primeras diligencias. Iba cargado con 500 toneladas de teja. Los once tripulantes que llevaba pudieron salvarse. La embarcación estaba asegurada y después de largos trabajos se pudo reparar la importante vía de agua y poner de nuevo a flote.
El 6 de septiembre de 1920, el vapor ‘Hird’ que desde Torrevieja se dirigía a Cristiania (Noruega), entró de arribada en Portland (Inglaterra), participando que el día anterior había sufrido un abordaje con el vapor francés ‘Astarte’, que se dirigía a Midlesbro (Italia), hundiéndose, salvando a la tripulación el ‘Hird’. El ‘Astarte’ había sido botado al agua en mayo, y verificaba su primer viaje. Desplazaba dos mil quinientas toneladas.
En febrero de 1921, el pailebote ‘Progreso’, propiedad del naviero de Vigo, Antonio Conde, se hundió a la altura del cabo Espichel, a consecuencia de una vía de agua que fue imposible taponar. La dotación formada por quince hombres, fue recogida por el vapor inglés ‘Pilertey’, que se dirigió a Dunkerque con los náufragos. El pailebote desplazaba mil doscientas toneladas y se dirigía desde Torrevieja a Vigo con cargamento de sal.
Un fuerte temporal de levante reinó en Torrevieja a comienzo del mes de abril de 1921. Los navegantes que conocían los inmensos peligros que, en tales casos corrían en esta rada, la abandonaron presurosos ante el temor de perecer con sus naves como frecuentemente ocurría y se hicieron a la mar.
Más como el oleaje aumentaba por momentos, y ante el temor de naufragar, tuvieron que suspender la maniobra de salida la balandra mixta, de ochenta toneladas ‘Vicenta’, de la matrícula de Alicante, tripulada por siete marineros bajo el mando de su capitán José López, y el pailebote de tres palos ‘Mercedes’, de ochocientas toneladas, de la matrícula de Gijón, tripulado doce marineros, bajo el mando de su capitán M. Nicolás; por desconocimiento del lugar o por confianza excesiva en sus amarras.
A las tres de la tarde, la mar presentaba un aspecto imponente; verdaderas montañas de agua precipitaban a los indefensos barquichuelos una altura muy considerable hasta una profundidad en que sólo se veían los palos, sembrando la desolación y el pánico en el ánimo de las tripulaciones.
Fue acreciendo el temporal y las inmensas olas, pusieron en peligro a las embarcaciones y las vidas de sus tripulantes que, con arrojo a toda prueba, lanzaron un bote al agua los marinos de la balandra, ocupándolo todos. A fuerza de remos, arrastrando serios peligros, se dirigieron hacia la playa, en donde, a punto de llegar, estuvieron a punto de naufragar ante la ansiedad de todos los vecinos del pueblo convocados por amor al prójimo, y que veían cada paso, en inminente riesgo de zozobrar a tan débil navecilla que, al fin, llegó a tierra saltando sanos y salvos todos los hombres que formaban la dotación.
Los del pailebote ‘Mercedes’ pidieron socorro con el telégrafo de banderas, izando la de auxilio, porque pronto iba a oscurecer y sería tarde para salvar la vida de los hombres. En seguida, la Junta de Salvamento de Náufragos y el ayudante de Marina dieron órdenes muy acertadas y sacaron el bote salvavidas patroneado por José Morales, que llevando como remeros a un puñado de valientes torrevejenses que merecieron un premio por su arrojado denuedo y valor, que condujeron maravillosamente hasta el costado del pailebote, de donde saltaron al bote los trece tripulantes y con igual pericia los trajeron a tierra donde recibieron efusivos plácemes.
Mientras tanto, al pailebote le faltaba una cadena que a los embates del mar se había roto, cedió el barco hacia tierra, se resistió algo, pero la furia del mar creció y fue derivando al barco para ir a estrellarse en las rocas de Ferrís.
Llegó la noche, oscura como la boca de un lobo y siguió el mar recio, conjeturando todos que al paso que iba el pailebote se perdería, y aunque se habían salvado los marinos, todos querían que se salvara la nave.
Fue una noche de incertidumbre, pero con cierta esperanza, porque la lluvia que empezó a caer fue amansando el mar y amaneció lloviendo y continuó así toda la mañana y la cadena del pailebote resistió y se salvó el buque.
El 1 de diciembre de 1921, reinó en Torrevieja otro fuerte temporal de Suroeste. Un considerable número de buques que estaban en la bahía demandaron auxilio, imposible de poder prestar. El hecho angustió al vecindario.
El pailebote ‘Olive Moore’, de doscientas cincuenta toneladas, de la matrícula de San Juan de Terranova, rompió las amarras, estrellándose contra las rocas, consiguiendo salvarse toda la tripulación.
Al día siguiente, continuaba, aunque con menos violencia el temporal. En el puerto de Cartagena entró de arribada forzosa la goleta ‘Mendo’, de la matrícula de Vigo, que, procedente de Torrevieja, llevaba averías en el aparejo.
El 4 de enero de 1922, en Melilla, de un temporal de Poniente hizo que una barca procedente de Torrevieja fuese arrastrada por la corriente sobre la playa de Mar Chica. Acudió el bote de salvamento y logró recoger a los náufragos.
A mediados de octubre de 1922, en aguas de Adra (Almería), al chocar con el morro de Poniente se fue a pique el laúd ‘Antonia Torres’, de cincuenta toneladas y perteneciente a la matrícula de Torrevieja. La tripulación se salvó.
Este laúd había sido apresado hacía algún tiempo por los moros, los cuales dieron muerte al patrón y tuvieron cautivos a los tripulantes hasta obtener una cantidad por su rescate.
Era raro que no transcurriera un solo temporal de Levante y, más aún los de Poniente, sin que las playas de Estepona (Málaga) no fueran testigos de alguna tragedia marítima. El 28 de enero de 1924, naufraga el balandro ‘María de la Concepción’, de cien toneladas, de la matrícula de Torrevieja. Se dirigía de Alicante a Ceuta con cargamento de yeso. Perecieron ahogados el patrón, Francisco Torregrosa, y un marinero, salvándose los otros tres tripulantes: José Galindo, Vicente Martínez y Ramiro Cayuelas.
El 29 de julio, hacia las tres de la tarde, ocurrió en Torrevieja, frente al sitio llamado Los Palmeros, a milla y media de la costa, el naufragio de dos botes de pesca de la matrícula de Altea. Los barcos iban a cargo de los patrones Lorenzo Muñoz y Francisco Muñoz, con tres marineros cada uno.
Habían salido de Torrevieja con viento fuerte del O. a calar la red, como de costumbre, y una vez en hecho esta tarea se quedaron sin lastre, y en una racha de viento aún más fuerte se abocaron.
Cada uno luchó por salvarse, y entre tanto, Francisco Muñoz, patrón de una de las embarcaciones, salió a tierra y avisó a los carabineros que se hallaban en el punto de Punta Prima y La Horadada.
Seguidamente, el cabo salió en bicicleta hacia Torrevieja, dando cuenta del caso y seguidamente salieron en auxilio los botes que mandaban los patrones Tomás Mateo, Felipe Sanz y José Díaz, que recogieron a los pobres marineros y los trasladaron en compaña de las embarcaciones a Torrevieja, donde se les hizo entrega de ropas y se les prestó todo el apoyo posible, como buenos y nobles hermanos.
De San Pedro del Pinatar también acudieron a prestar su auxilio cuatro patrones: José Martínez, Nicolás López, Francisco Martínez y Santiago Pérez.
Por suerte no hubo que lamentar pérdidas de ninguna clase.
(Continuará)
Fuente: Semanario VISTA ALEGRE. Torrevieja, 9 de mayo de 2015