EL CRONISTA OFICIAL DE IZNÁJAR Y EXDIRECTOR DE LA REAL ACADEMIA DE CÓRDOBA ÁNGEL AROCA LARA EN SU ARTÍCULO ‘EL PATIO CORDOBÉS EN LA PINTURA DE RAFAEL BOTÍ’ RESALTA QUE EL ARTISTA, «EN SU DESEO FERVIENTE DE LLEVAR A LOS LIENZOS EL ALMA DE CÓRDOBA, HA PINTADO LOS PATIOS MISMOS, TANTO EN SU VERSIÓN POPULAR COMO ARISTOCRÁTICA»



Veinte años después de la muerte de Rafael Botí, un libro rinde homenaje al artista con una recopilación de artículos y críticas sobre su obra desde los inicios de su trayectoria expositiva. Su hijo, Rafael Botí Torres, ha sido el impulsor de este volumen que recoge también algunas láminas de las pinturas del autor cordobés y fotografías de acontecimientos destacados en su carrera en las que aparece con amigos y personalidades del momento.
El libro se divide en varios apartados, comenzando con una presentación a cargo de José María Palencia, director del Museo de Bellas Artes, y una semblanza de Francisco Zueras. Tras ello se centra en artículos de personalidades de la cultura cordobesa que han analizado la obra de Botí, como Juan Bernier, Carlos y Miguel Clémentson, Antonio Gala, Fuensanta García de la Torre, Ángel Luis Pérez Villén, Antonio Povedano, José Valverde y Mercedes Valverde, entre otros muchos.
Sus bodegones coloristas, paisajes de Córdoba y Madrid -su ciudad de adopción y en la que murió en 1995- y rincones de los Patios son los puntos centrales de la obra de este pintor. A ello se refiere el cronista oficial de Iznájar y exdirector de la Real Academia de Córdoba Ángel Aroca Lara en su artículo El Patio cordobés en la pintura de Rafael Botí (1991), donde resalta que el artista, «en su deseo ferviente de llevar a los lienzos el alma de Córdoba, ha pintado los patios mismos, tanto en su versión popular como aristocrática, y los ha mostrado a las gentes de acá y allá». Aroca Lara prosigue: «Basta seguir el rastro de la obra de Botí para advertir hasta qué extremo caló en él su ciudad. […] Es difícil -quizá porque lo cotidiano es transparente- conocer y sentir Córdoba desde dentro como la conoce y siente en la lejanía el decano de nuestros pintores».
Especial atención muestra el libro a la relación entre Botí y Juan Bernier, recordando una exposición conjunta que se celebró en 1983 en la Galería Studio 52. «Si el senequismo tuviera una estatua, ésta se llamaría Rafael Botí. Mármol escueto y vivo, de serenidad cromática, refleja como nadie la pura naturaleza en su lírico manantial de hermosura y de ensueño», escribió el poeta del Grupo Cántico.
También Carlos Clémentson dedicó unos versos al «pintor de los patios de Viana»: «Lo mismo que un perfume / hay una muda música en la tarde inspirada. / Con unción y delicia, / Rafael Botí pintando está un patio de Córdoba. / Y hasta la fuente calla / por oír esa música.»
O Antonio Gala, que en el catálogo El pintor Rafael Botí, de 1984, resalta que «Rafael Botí pinta como pintaría un niño que supiese pintar. No es un pintor ingenuo, sino un pintor ingénito. Con un don: el de la infancia conservada -no reconquistada, porque eso es imposible-, don al que aspira cualquier artista verdadero. Los ojos, puros para ver pureza; las manos, puras para reflejarla». «Yo he escrito en alguna ocasión que si tuviese que reducir a cuatro las características de lo cordobés, elegiría: sabiduría, austeridad, parsimonia y desdén. Pienso que las cuatro están presentes, iluminándola e iluminándonos, en la pintura de Botí», prosigue Gala en su texto.
De especial importancia es el escrito que Fuensanta García de la Torre, exdirectora del Museo de Bellas Artes, incluyó en el catálogo de la última exposición del artista celebrada en vida. Fue en la pinacoteca en 1994 y en él recuerda la vinculación de Botí con el edificio, donde en 1910 empezó sus estudios de música ya que el antiguo Hospital de la Caridad era sede del conservatorio. «Música y pintura marcaron desde entonces la vida de este cordobés, ausente de su ciudad desde hace casi 80 años. Pero es ésta una ausencia más física que real. Córdoba está aún presente en Botí de una forma insistente, todo en su casa madrileña y en sus conversaciones vuelve a Córdoba, a sus calles, a sus amigos, a las salas del museo donde casi niño iniciaba sus tanteos artísticos».
Otro apartado del libro está dedicado a homenajes y distinciones y en él se incluyen documentos y fotografías relacionadas con nombramientos y actos de reconocimiento al artista cordobés, como recitales poéticos o relacionados con la Fundación Botí y su centro de arte contemporáneo. A esto le siguen impresiones de grandes personalidades del mundo de la cultura sobre la obra del pintor cordobés. Aquí aparecen nombres como Mario Antolín Paz, Enrique Azcoaga, Juan Manuel Bonet, Jaime Brihuega, José Caballero, Francisco Calvo Serraller, Julia Sáez-Angulo o Daniel Vázquez Díaz, gran amigo de Rafael Botí.
Para finalizar, el volumen incluye un catálogo de obras del pintor cordobés en museos y unas cronologías de exposiciones individuales y colectivas en las que participó.
Botí Torres se ha hecho cargo de todos los gastos de la edición de este libro, del que se han impreso mil ejemplares que, según anunció a este periódico, él mismo repartirá, de forma gratuita, a los amigos que se acerquen hasta el centro de arte dedicado a su padre, ubicado en la calle Manríquez, a finales de este semana.
Fuente: http://www.eldiadecordoba.es/