POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)
La Inquisición en la Región de Murcia, en el siglo XVIII, concretamente en el primer cuarto de siglo, relajó su furibunda censura sobre la población. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con la Institución, que no solo mantuvo su poder social sino que se convirtió en un organismo implacable sobre los estratos económicos, sociales y clericales; salvaguardando sus exenciones tributarias.
En Murcia, el escultor Salcillo consiguió ser admitido como «maestro veedor del arte de la escultura» con el único fin de disfrutar de las exenciones tributarias y evitar el sorteo de las levas; o alojar soldados en sus viviendas.
las brigadas de mando de la Santa Inquisición en mi localidad, al mando del clérigo de la parroquia de San Bartolomé Francisco López Casacau, que se encargaban del socorro y ayuda a los pobladores uleanos, así como de proteger las riberas del río Segura y evitar, en lo posible, las nefastas consecuencias de las inundaciones por riadas.
También se encargaban de asistir en peligro de incendios; así como de proteger a los desvalidos y, sobre todo, los curas ecónomoS y patrimonialista Juan Pay Pérez y Antonio Tomás Abenza, se encargaban por orden de D. Francisco López Casacau, de efectuar un repique de campanas.
El Dean notificó al Cabildo qué, el Inquisidor Presidente del Tribunal había pedido qué, al determinarse el Auto de Fe; al cantarse el «Te Deum Laudamos», se mandara hacer repicar las campanas de esta santa iglesia, haciéndoselo saber al Inquisidor Presidente para qué, de esa manera lo tuviera entendido el Santo Tribunal.
De igual manera, Franciso López Casacau, que ya había sido trasladado al convento de los Dominicos, de Murcia, puso en conocimiento del Cabildo, las actividades llevadas en el pueblo y el repique de campanas pertinente.
