POR JULIAN CABALLERO AGUADO, CRONISTA OFICIAL DE ALCOBENDAS (MADRID).
3) Somosierra y Napoleón
Mientras Madrid se rearmaba y Alcobendas se recuperaba de la pesadilla francesa, el gran Napoleón, el Emperador, decidía trasladarse personalmente a la capital. El 23 de Noviembre partía desde Burgos con cien mil soldados que al llegar a Santo Tomé del Puerto se desviaron la mitad por Segovia y el alto de los Leones, para liderar él la otra mitad en el paso del puerto de Somosierra. Este punto que parecía inexpugnable sería defendido por el general Benito San Juan quien había pasado el 18 de Noviembre anterior por Alcobendas con sus desarrapados soldados cordobeses, jienenses, mallorquines, sevillanos, extremeños, belgas, irlandeses, toledanos, y muchos madrileños de la capital y alrededores21. En nuestro Alcobendas se había quedado el prestigioso regimiento de Murcia cubriendo la retaguardia previendo una defensa de Madrid 22. Pero los diez mil hombres de San Juan serían dispersados por la caballería polaca napoleónica que acabaría por conquistar el puerto. Era el 30 de Noviembre de 1808 y el camino de Madrid se mostraba abierto para el Emperador.
Madrid se preparaba para una defensa a ultranza, y el Consejo de Castilla pedía a los pueblos próximos que abastecieran la ciudad. Era el 1 de Diciembre: «Dígase al Corregidor de Madrid de todas las disposiciones que corresponda de acuerdo con el Capitán General y demás que sea necesario para que enviando emisarios con las correspondientes circulares a todas las justicias de la circunferencia de esta villa den los granos, legumbres y comestibles de cualquier clase que hubiese en ellos, por los caminos y parages en que hubiese menos riesgo, valiendose para su conducción de los carruages y caballerías que haya en los mismos pueblos o en los inmediatos«23. José de Castro, vecino de Alcobendas, fue el conductor de esos suministros comestibles recogidos en San Agustín, San Sebastián de los Reyesy Fuencarral24.
Pequeña contribución a una defensa que se antojaba imposible dada la fuerza que desplegaban los franceses y la desmoralización existente tras la demostración militar efectuada en Somosierra.
Otra vez, en tan corto espacio de tiempo, las gentes de Alcobendas iban a asistir inermes a las ensordecedoras e intimidadoras pisadas de la caballería e infantería francesa, y esta vez, iban a tener ante ellos al gran Napoleón, tan odiado y sin embargo admirado. El día 2 de Diciembre, a primeras horas de la mañana, desde San Agustín de Guadalix, Napoleón dio orden a la división del general Lapisse25 de proseguir hasta Alcobendas formando vanguardia26. En nuestro pueblo el mariscal Bessieres27 había establecido su cuartel general el día anterior en el palacio de los condes de Puñonrostro, y su caballería había bloqueado todos los alrededores 28. Una vez llegada la división de Lapisse que abría paso a Napoleón, Bessieres dejaba Alcobendas camino de Madrid a través de una espesa niebla que no dejaba ver apenas el camino y que hizo que la vanguardia formada por la caballería ligera polaca cayese sin esperárselo en los puestos de las avanzadillas españolas 29.
Unas horas más tarde Napoleón pasaba por Alcobendas para dirigirse a Chamartín, donde establecería su cuartel general en el palacio del duque del Infantado comenzando el sitio de Madrid que tan solo duraría dos días. Benito Pérez Galdós, que tan magníficamente novelara los acontecimientos de la España del siglo XIX en sus «Episodios Nacionales», hacía referencia a nuestro Alcobendas en este punto de la Historia en «Napoleón en Chamartín»: «…Echóse todo el mundo a la calle en averiguación de lo ocurrido, y corriendo de boca en boca las nuevas, exageradas por la ignorancia o la mala fe, bien pronto llegó a decirse que
los franceses estaban en Alcobendas…«30«…Y si no, figúrate si será bonito ver a lo mejor que cuando tranquilamente avanzan los franceses, creyéndose seguros, aparecen como llovidas por el flanco derecho las tropas españolas y me lo cogen sin disparar un tiro entre Alcobendas y San Agustín «31. «…Pero bien podría suceder que ese hombre, conociendo que no puede vencernos por la fuerza, intente dar al traste con la astucia a nuestro poderío, y se disfrace con el traje de un payo huevero de Alcobendas, para acercarse a nuestras formidables fortificaciones y estudiarlas cómodamente «32.
Tan recientes estaban los desmanes de primeros de Agosto de 1808, que es de suponer el pavor que asistiría a los alcobendeños ante la nueva llegada de tropas francesas. Un ejemplo esclarecedor y más que ilustrativo lo tenemos en el vecino pueblo de Fuencarral donde el primero de Diciembre tras la llegada de los primeros soldados franceses huyó todo el pueblo «llevado del terror sin haver podido recoger ni aun sus propios bienes«33. Por su parte alcobendense el Vicente Perdiguero, el 18 de Diciembre de 1808 los manifestaba destrozos que había sufrido su casa tras la entrada de las tropas imperiales en Alcobendas: «…que de resultas de los quebrantos que ha sufrido en su casa con motivo de la entrada en aquel pueblo de las tropas de S.M. Imperial y Real, se halla en la mayor indigencia, pues su casa ha sido saqueada en tales términos que nada absolutamente le han dejado, y además le han quitado mulas de labor, carneros, vacas, etc…
Si bien hubo de soportar la presencia francesa en las casas y calles del pueblo durante el tiempo que duró la guerra de la independencia, Alcobendas no volvió a presenciar una masiva marcha de tropas como las tres vividas en el año 1808. Para su bien, tanto la salida de Napoleón como los siguientes regresos y huidas de José Bonaparte se llevaron a cabo por Guadarrama en lugar de por Somosierra.
- Asentamiento francés
Asentado el rey intruso de modo estable en Madrid desde Diciembre de 1808 hasta Julio de 1812, la proximidad de Alcobendas y su ubicación en el camino de Francia hizo de nuestra localidad lugar de asentamiento de tropas, fijando sus mandos su cuartel en la casa palacio que los condes de Puñonrostro tenían en el centro del pueblo35,
y sus gentes hubieron de acudir en auxilio servil de la soldadesca a juzgar de los términos en que se desarrollaba el reglamento para los alojamientos publicado en 1809: «…A los oficiales de tropa: Los capitanes, ayudantes mayores y oficiales de sanidad serán alojados solos. Los tenientes y subtenientes se alojarán de dos en dos, teniendo cada uno su cama en la misma pieza. Esta cama se compone de cortinas, un jergón, dos colchones, una manta en el verano y dos en invierno, una almohada, un par de sábanas que deberán mudarse todos los quince días en el verano y de tres en tres semanas en el invierno. Cada pieza debe contener una mesa, una cofaina, una jarra, un servicio, un candelero, espabiladeras, un
brasero con su badil. La cama de los soldados debe componerse de un jergón, un colchón, una almohada, un par de sábanas y una manta. Las sábanas se mudarán todos los meses en el invierno y cada veinte días en el verano. La paja en los jergones se removerá cada seis meses. Los sargentos y cabos dormirán solos, los soldados en dos en dos, como también los criados. Las piezas o cuadras en los cuarteles deben ser guarnecidas de bancos, mesas y tablas para poner el pan y las armas y
ganchos para las mochilas. Las caballerizas deben ser guarnecidas de pesebres, cubos de agua y arcas«36.
En Enero de 1810, a fin de evitar el colapso del camino de Francia. ante las dificultades cada vez mayores que ocasionaban a los franceses las partidas de guerrilleros, se crearon en esta principal vía de comunicación dieciséis escuadrones de la denominada «Gendarmerie d’Espagne«. El primero se estableció en Irún y el último tuvo su asentamiento en Alcobendas, con una dotación más de ciento cincuenta hombres 37. La importancia dada a Alcobendas por los mandos militares franceses vino corroborada con su elección como cabecera de uno de los cinco distritos militares38 en que se dividió la Prefectura militar de Madrid39 en el año 1811, lo que supuso un considerable aumento de la presencia de la soldadesca francesa en nuestra localidad, con todo lo que ello conllevaba para su sufrida población. Esa presencia francesa tanto en el puesto de Alcobendas como en el de San Agustín era sufragada por los vecinos propios y de los pueblos cercanos 40 A finales de Abril de 1811 la guarnición francesa de Alcobendas sufriría el ataque de un regimiento de Juan Martín «El Empecinado«41, y en la primavera del siguiente año toda nuestra zona del nordeste madrileño se convirtió en el escenario de continuas correrías en las que los hombres de aquel interceptaban correos y apresaban soldados 42.
De la estancia de los franceses en Alcobendas existe la tradición transmitida oral generacionalmente que narra que las galerías de las cuevas existentes en buena parte de las casas del pueblo, cuyo origen se remontaban a tiempos inmemoriales, eran los mejores escondites para personas, víveres, dinero y objetos de valor que los alcobendeños sustraían de las ordinarias confiscaciones, saqueos y requisas de las tropas napoleónicas acantonadas. Del vecino San Sebastián de los Reyes, Laureano Montero narraba la ocultación de bienes: «…Su proximidad a Madrid dio lugar a que estuviesen muchas tropas acantonadas, con cuyo motivo los vecinos se dieron gran prisa a guardar y esconder mientras duró la estancia de aquellas, todos sus muebles, ropas, alhajas, papeles, etc. por los continuos desmanes que cometían los soldados del primer Bonaparte…»
Otra noticia llegada a nuestros días, igualmente por tradición oral, es aquella que hace situar en la calle de la Cruz, precisamente en el lugar donde de encuentra la cruz de hierro forjado, un lugar donde fueron fusilados por los franceses varios alcobendenses, por lo que la cruz conmemoraría el suceso. Esta noticia se contradice con la que nos daba un alcobendeño más próximo al tiempo de los acontecimientos, Francisco García Calatrava y Pozo, en el año 1898, al manifestar que de la cruz decía la tradición que «la pusieron los cristianos en prueba de un combate que tuvieron con los moros saliendo vencedores«44, lo que pudiera tener relación con el nombre de «plazuela de la Victoria» que al final de la calle se le daba en el siglo XIX. Contrastada la noticia de los supuestos fusilamientos con las informaciones del libro parroquial de defunciones y sepelios correspondiente a aquellos años no existe constancia alguna de muertes por ejecución. No quiero decir que no existieran, sino que el libro parroquial nada dice al respecto. Bien pudiera ser que acaecieran y el párroco se limitara a constatar la defunción, sin más, por temor a eventuales censuras y represalias, pues eran tiempos más que
difíciles. Lo que sí consta en el expresado libro de defunciones son los enterramientos de tres soldados napoleónicos en la iglesia parroquial de San Pedro. El primero lo fue el 25 de Octubre de 1809: «Fue enterrado en el camposanto de esta yglesia parroquial de Alcobendas Mr. Duprie de nación francés del Regimiento de Equipajes número seis. Lo trayeron muerto de Daganzo«45. El segundo fue enterrado el 21 de Diciembre de 1812: «Se enterró en esta parroquia a un soldado que se averiguó ser de nación alemán al servicio del exercito francés. Recivió el sacramento de la penitencia y nada más«46. El tercero, y último, lo fue el 5 de Enero de 1813: «Se enterró en esta parroquia de Alcobendas a un soldado de el exercito francés de nación ungaro, se ignora su nombre y naturaleza«47
Existen algunos otros testimonios que nos acercan a las resultas de la estancia francesa en Alcobendas. Vicente Perdiguero en Octubre de 1809 manifestaba encontrarse «…en la mayor indigencia de resultas de los quebrantos que ha sufrido su casa con motivo de la entrada en aquel pueblo de las tropas francesas 48. El mismo alcobendense, en 1814, hablaba de los destrozos producidos hospital: en el «Que habiéndose destruido por los enemigos el único Hospital de dicha villa y aniquilado enteramente todos sus enseres y demás utensilios que en él existían… «49. Otro vecino de Alcobendas, Diego Sanz López, en 1814, se refería a lo sufrido por su casa: «…los saqueos, vejaciones y demás contratiempos que ha sufrido la casa de sus padres en este tiempo de calamidad… «50. Lo que era corroborado por la Justicia de Alcobendas: «Que la invasión de las tropas francesas en dicha villa obligó al pretendiente a separarse de la brillante carrera de la jurisprudencia civil, en la que obtuvo el grado de bachiller a claustro pleno en la Universidad de Alcalá de Henares; siendo la causa el haber quedado indigente la casa de sus padres, por los grandes saqueos y devoraciones que sufrió; viéndose en la necesidad de dedicarse al exercicio de escribano, con su padre anciano e imposivilitado de la vista de resultas de las bexaciones que sufrió… «51. Por su parte, el Ayuntamiento hablaba de la miseria de muchos alcobendenses en una instancia dirigida en fecha de 5 de Enero de 1812 al Ministerio de la Guerra: «Los habitantes de esta villa se hallan reducidos a una miseria extremada y que la mayor parte de ellos están derruidos enteramente y sin medio alguno para sus subsistencia«. El consistorio había agotado sus cortas facultades para socorrer a los más infelices, careciendo de granos y de fondos para adquirirlos 52
El antaño lujoso palacio de los condes de Puñonrostro sufrió tan grandes desperfectos que nunca más pudo ser recuperado como tal: «…el Palacio que había edificado en el referido solar y jardín contiguo al mismo fue destruido en tiempo de la imbasión Francesa, o sea la Guerra de la Independencia, por haberlo destinado a cuartel«53.
NOTAS:
20 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 5517, exp. 8.
21 José Manuel Guerrero Acosta, «Entre la niebla y contra el destino: los defensores de Somosierra», en Voluntarios de Madrid, Asociación histórico cultural 1808-1814, http://portalhistoria.com/voluntariosdemadrid.
22 Juan José Señudo, «El combate de Somosierra«, en Voluntarios de Madrid, Asociación histórico cultural 1808-1814, http://portalhistoria.com/voluntariosdemadrid.
23 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 5526, exp. 7.
24 Ibidem.
25 Pedro Belón Lapisse, barón de Sainte–Helène, general francés (1762-1809) que al lado de Napoleón había servido en las campañas de Italia, Suiza y Polonia. Nombrado por el emperador barón del imperio, fue destinado a España con el cargo de gobernador militar de León tras la toma de Madrid. Concurrió a la batalla de Talavera de la Reina en la que recibió una herida mortal.
26 Comandant Balagny, «Campagne de L’Empereur Napoleón en Espagne (1808-1809)», París, 1903, tomo II, pág. 469.
27 Juan Bautista Bessières (1768-1813), tras haber servido en el ejército de Italia acompañó a Napoleón a Egipto, para asistir a todas las grandes batallas de la campaña del emperador: Austerlitz, Jena, Friedland, Eylau, Eckmuhl, Aspern y Wagram, y en 1805 ascendió a Mariscal. Su brillante servicio en la guerra de España le hizo acreedor en 1809 al título de duque de Istria. Prestó importantísimos servicios en la desastrosa campaña de Rusia, y en 1813 recibió el mando en jefe de toda la caballería del ejército francés, para caer mortalmente herido en la batalla de Lützen.
28 Comandant Balagny, op. cit., pág. 469, nota 1.
29 Ibidem, págs. 475 y 485.
30 Benito Pérez Galdós, «Napoleón en Chamartín«, Episodios Nacionales V, Alianza Ed., Madrid, 1995, cap. XV, pág. 104.
31 Ibidem, pág. 105.
32 Ibidem, pág. 117.
33 Archivo Histórico Nacional, Consejos, lib. 1406, fol. 1167.
34 Archivo de la Villa de Madrid, S–2-412-12.
35 Archivo de Puñonrostro, C–159, clase 24, n° 56, fol. 1.
36 Archivo de la Villa de Madrid, S–2-416-34.
37 «Correspondance militaire de Napoléon Ier«, tomo VI, París 1876, doc. n° 1212.
38 «Prontuario de las leyes y decretos del rey nuestro señor don José Napoleón I del año 1811«, tomo III, Madrid, 1812, pág.71.
39 Los cinco distritos eran los de Alcalá, Arganda, Valdemoro, Villaviciosa y Alcobendas.
40 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 49614, exp. 28.
41 Ignacio Merino, «Por el Empecinado y la libertad«, Madrid, 2003, pág. 226.
42 Ibidem, pág. 268.
43 Laureano Montero García, «Crónica de San Sebastián de los Reyes«, Madrid, 1890, pág. 48.
44 Francisco García Calatrava y Pozo, «Memoria de las Fiestas celebradas en honor de Ntra. Patrona la Virgen de la Paz de cada año posterior al segundo centenar de 1877«, Alcobendas, 1898, pág. 28.
45 Archivo Diocesano de Madrid, Archivo parroquial de Alcobendas, Defunciones y sepelios, lib. 3, fol. 607.
46 Ibidem, fol. 632.
47 Ibidem, fol. 632 v.
48 Archivo de la Villa de Madrid, S–2-412-12.
49 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 11.412, exp. no 5.
50 Archivo Histórico Nacional, Consejos, lib. 1404, fol. 1422.
51 Archivo Histórico Nacional, Consejos, lib. 1404, fol. 1426.
52 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 49614, exp. 52.
53 Archivo de Puñonrostro, C–159, clase 24, no 56, fol. 1.
CONTINUARÁ
FUENTE: J.C.A.