AROMAS CORDOBESES,
May 17 2025

POR MANUEL GALEOTE , CRONISTA OFICIAL DE IZNAJAR (CÓRDOBA)

Agradezco mucho la invitación que me traslada la A.A. San Sebastián de los Ballesteros (Córdoba en Cataluña) para colaborar en las páginas de la revista de este año.

Ante todo, deseo enviarles mis saludos de cordobés emigrante también a mis paisanos, los emigrantes cordobeses en Cataluña, cuya actividad y organización tanto admiro. En la distancia, uno recuerda a diario su tierra natal. La luz, los colores del paisaje, los aromas y los ríos, el Genil o el Guadalquivir, están presentes en nuestro pensamiento. Sierras, montes, campiñas, veredas y arroyos surcan la memoria sin despintarse. Cualquier estímulo es suficiente para evocarnos la patria chica sobre todo en los días festivos. Nuestra memoria cordobesa rebosa de albercas y norias, de juegos al aire libre con los amigos.

Mientras, en nuestro entorno nos abrazaban las lomas, olivares, aldeas, besanas, molinos de aceite y tahonas. En el Genil había barcas y maromas, huertas, norias y hasta riadas imprevisibles, que podían convertirse en tragedia.

Los días laborables se alternaban con los días festivos y los días de lluvia, que permitían holgar Después de las faenas, de las aceitunas, delas duras jornadas de sol a sol, aún quedaban fuerzas para el cante, los corros y los mecedores.

Había siempre poetas que cantaban coplas, que eran quintillas improvisadas, versos octosílabos que el público memorizaba Asimismo, había muchos romances, pliegos de cordel o cantares de ciegos, que se imprimían en papeles de colores, donde alternaban narraciones truculentas, con historias divertidas, relaciones cómicas, diálogos amorosos y burlas abundantes. Hay centenares de pliegos en nuestra colección pues se repartían en las ferias. Aquella infancia estaba llena de quintillas, romances, cuartetas y coplas. A cualquier hora, los cordobeses cantaban y cantaban con alegría y con arte. Hiciera calor o frío, lloviera o nevara, el Labriego cantaba. Cantaba con todas sus fuerzas en la era, durante la trilla; en la besana y en las veredas, por los caminos con la yunta cargada, mientras barcinaba o al anochecer, cuando regresaba a casa a lomos de las bestias.

De aquellos cordobeses, muchos se fueron al norte, otros a las islas españolas, otros se quedaron en el pueblo, pero hoy también nos hemos ido y recordamos aquellas costumbres fuera de la Córdoba natal. Ahora somos emigrantes. Vivimos lejos de aquella vida pegada a la naturaleza, en la que los oficios rurales marcaban la existencia cíclica. Volvía el verano, volvían las pascuas y la Semana Santa. Las saetas proclamaban al viento la pasión de Cristo.

Los pegujares y la siega dejaban paso a las sementeras, lo mismo que los piñonates, los pestiños, los polvorones, las empanadillas de cidra o los roscos de vino con carete se turnaban con otros dulces y otros productos o frutas del tiempo.

Por San Marcos, los roscos de huevo, por la Navidad los mantecados o tortillas. Y así el tiempo rodaba como en una noria, al ritmo de los villancicos
o de los fandangos. Las castañuelas proclamaban que era día de fiesta y que había que bailar, antes de seguir mañana con la recolección de las aceitunas.
En el molino, cagarraches y aceituneros se afanaban Para extraer oro líquido de las aceitunas hojiblancas. En la capacha llevábamos el aceite, la sal, el vinagre, las aceitunas majadas y todo lo necesario para el gazpacho, el salmorejo o las ensaladas, con una fiambrera de embutidos caseros, que no hace falta nombrar.

Vuelvo la vista a la aldea y desfilan ante mí las calles empinadas y las plazas, las tahonas, el estanco, el bar y la tienda. Afuera, en el campo, se me aparecen las veredas, los caminos empedrados, las eras para trillar las mieses Al fondo, se elevan las almenas de algún castillo, que fue fortaleza y hoy vigila en silencio la despoblación. Sí, nos hemos ido, sin querer. Casi dos nos fuimos y todo esto que escribo solo existe en nuestro recuerdo. Me gustaría invitarlos a compartir un banquete con esta gastronomía cordobesa, a la sombra de un olivo, el sagrado árbol del Mediterráneo. ¡Córdoba nos espera siempre! . Para Don José Algar Burgueño con los mejores deseos y mi felicitación por su libro de poesia

FUENTE: BALLESTEROS 2025. pDF

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