POR HERMINIO RAMOS, CRONISTA OFICIAL DE ZAMORA

Días pasados la última página de nuestro diario, dedicada a Ramón Tamames, nos ha recordado en gran parte su biografía y con ella su actividad en el campo intelectual dentro de ese apartado duro y nada fácil de la economía y junto a ella una parte de su actividad dedicada a la política, en la que dejó la clara huella de su seria y recia personalidad de hombre entregado en cuerpo y alma a su labor dentro de las normas más elementales, serias y honestas de ese ambiente tan cargado de temporales no siempre fáciles de superar.
Pero además Ramón Tamames se enlaza con ese gran santuario de la espiritualidad, ese Silos capital de la mística más claramente definida de las tierras llanas de esta Castilla eterna e inmortal, que a su vez la encontramos adornada cuando no rematada con la lírica que ha quedado como añadido glorioso en la historia de nuestra lengua.
Pero don Ramón se inicia y busca esas raíces en esas tierras de ese Sayago, rincón tan tímido como escondido alrededor de ese Duero eterno que parece dormido hasta llegar a Zamora y después de recrearse en su historia y en el paisaje que él mismo enriquece y a la vez disfruta se despeña decidido y valiente labrando ese paisaje único e inconfundible de los Arribes, hechos luz, microclima y a la vez tierra que por determinismo geográfico es asiento de esa raza, seria, firme, sufrida, pero íntima y acogedora que ha sido capaz de vivir y sobrevivir con entereza, elegancia y firmeza en ese paisaje tan atractivo como duro y difícil.
En ese paisaje de riberas y encinares, de valles y montes, entre esas riberas y arroyos donde los molinos y los batanes completan el paisaje de espantapájaros y los cigüeñales de huertos y cortinos completados con algún palomar y la ermita de la patrona o del recinto donde descansan los que se fueron, toda una geografía y dentro de ella el paisaje humano lleno y cargado de valores que es muy fácil descubrir y entender.
Aún nos queda esa toponimia, no menos rica y atractiva en estas tierras del Duero con dos Tamales de Sayago y de la Sierra y en sus entornos una rica y variadísima toponimia menor, que ofrece una copiosa fuente de ricas e interesantes investigaciones históricas y lingüísticas. En este segundo campo y en torno al Tamame de Sayago, no se conserva un solo hagiotopónimo, fenómeno muy frecuente al norte del Duero como raro al sur de este en lo que corresponde a nuestra provincia, como lo demuestra el hecho de que de los cincuenta y ocho, cincuenta y tres están al Norte y solo cinco al mediodía. Al leer la citada página de nuestro diario, me asaltaron los recuerdos de aquellos años de la década de los sesenta del pasado siglo cuando en el grupo de Desarrollo Comunitario de San José Obrero de nuestra capital utilicé como libro de texto para mis alumnos nocturnos un texto obra de don Ramón Tamales, todo un salto en el tiempo y en la historia, pero esta también queda en los recuerdos. Gracias, don Ramón.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/