POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).
Aviva el recuerdo buscando aquel tiempo en el que la hermosura engalana la mayor de las exaltaciones que enhebra con la plenitud de la vida. El regalo, la entrega, la aclamación, el obsequio de la fe más profunda, de la esperanza más firme y del amor más generoso. Estas flores, estos olores, esta luz y estos cielos de junio que llaman para que venga el Corpus de incienso, altar, flor y romero.
Ave verum corpus, natum de Maria Virgine, vere passum, immolatum in cruce pro homine, cuius latus perforatum unda fluxit sanguine: esto nobis praegustatum mortis in examine. O dulcis! O pie! O Iesu, fili Mariae, miserere mei. (Salve, verdadero cuerpo,/nacido de María Virgen,/que fue inmolado en la cruz/por los hombres,/cuyo lado perforado/manó sangre y agua,/déjanos degustarte/en el trance de la muerte./ Oh dulce Jesús,/ Oh piadoso Jesús, oh hijo de María).
