POR MANUEL GONZÁLEZ RAMÍREZ, CRONISTA DE ZACATECAS (MÉXICO).
Charles Maurice de Talleyrand (1754-1838), fue un obispo, diplomático y político francés. Alternativamente reconocido y vilipendiado por sus habilidades tácticas de supervivencia política.
Supo navegar con elegancia —y sin despeinarse— por los mares agitados de la historia de Francia: sirvió a la corona con Luis XVI, sobrevivió a la Revolución, se ganó la confianza de Napoleón y, tras su caída, volvió a estar al lado de los Borbones. Todo esto sin jamás perder el aplomo, ni el poder.
Para muchos, fue un genio de la diplomacia; para otros, un oportunista sin escrúpulos. Probablemente fue ambas cosas. Fue llamado “El padre de la diplomacia moderna”, no porque fuera virtuoso, sino porque supo entender —y usar a su favor— el verdadero motor de la política: el poder, no la moral.