CUANDO CADA VERANO ACOGÍA EL EMOTIVO REGRESO DE ALGUNOS INDIANOS
Jul 02 2025

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

El próximo 19 de septiembre Oviedo celebrará el setenta y cinco aniversario del primer desfile del Día de América en Asturias.Con tal motivo la Sociedad Ovetense de Festejos ha organizado una exposición -abierta desde el 9 de junio hasta el 22 de septiembre- en la Biblioteca Pública “Ramón Pérez de Ayala” situada en la Plaza del Fontán, en Oviedo.

Por esta razón se ha editado un catálogo de 128 páginas en el que se recogen numerosas colaboraciones, de acuerdo con la solicitud previa realizada por la propia Sociedad Ovetense de Festejos que tan buena relación ha mantenido con la Sociedad La Peruyal de Arriondas a lo largo de sus paralelas celebraciones festivas desde los inicios de ambas sociedades.

Es también muy fructífera la colaboración entre el Comercio y la Hostelería de Arriondas -junto con el Ayuntamiento de Parres- en relación con la Fiesta de Indianos que cada verano se celebra en Arriondas.

Agradezco que hayan contado con mi colaboración (páginas 34, 35 y 36 del citado catálogo) para hacer memoria de tantos miles de emigrantes, pues hace exactamente un siglo (en 1925) ya habían emigrado más de 55.000 españoles y -en los diez años siguientes- fueron 375.000 los que abandonaron España en busca de una vida mejor.

Entre 1947 y 1959 emigraron 600.000 españoles y, por último, entre 1960 y 1975 lo hicieron 1.137.740 hacia Europa y 243.693 hacia América.

Una auténtica revolución migratoria que marcó para siempre la historia social, económica, cultural y familiar de España, con muy especial incidencia en Asturias y con dispares resultados siempre cargados de nostalgia y de esperanza.

 ASTURIAS Y LA EMIGRACIÓN A AMÉRICA

(Colaboración para el catálogo de la exposición “Sueños y realidades de ultramar” de la Sociedad Ovetense de Festejos)

Uno de los rasgos que contribuyen a caracterizar tanto la estructura social como la económica del Principado de Asturias es, sin duda, la emigración de sus hombres y mujeres, hasta el extremo de que por su persistencia a lo largo del tiempo podría muy bien afirmarse que la emigración en nuestra tierra constituye una verdadera constante histórica.

La permanencia de esta continua salida de asturianos hacia América provocó -en el terreno estrictamente jurídico- el hecho de que apareciese una especie de derecho consuetudinario visible en los documentos que se expedían para garantizar el pago del precio del pasaje, sobre todo en aquellos casos en los que el presunto emigrante o sus familiares carecían de recursos económicos suficientes para hacerlo efectivo antes de la marcha del barco. Nuestros archivos de protocolos notariales dan fe de esta realidad en no pocas ocasiones.

Será el siglo XX aquel en el que la emigración asturiana llegue a adquirir la mayor pujanza como lo evidencia la constancia numérica de cuántos han sido los asturianos que emigraron al Nuevo Mundo. Aquella mentalidad migratoria mezclaba el coraje y la ternura con el deseo de conseguir el triunfo económico, sin reparar en esfuerzos y con el deseo de compartirlo después, aquí en Asturias, con sus propios coterráneos.

España toda fue un país de emigrantes, pues en 1925 ya habían emigrado más de 55.000 y, desde ese año hasta el inicio de la Guerra Civil, en 1936, salieron de España más de 375.000 emigrantes. Entre 1947 y 1959 emigraron 600.000 españoles; y, por último, entre 1960 y 1975 lo hicieron 1.137.740 hacia Europa y 243.693 hacia América.

Todos iban en busca de una vida mejor. ¿Por qué se elegían determinados países para emigrar? Pues, a veces, no sólo por motivaciones específicas de carácter económico o en vista de las posibilidades reales, sino por razones más simples o de rutina, incluso de carácter familiar o vecinal.

Al llegar a América se operaba un cambio laboral rotundo y el emigrante pasaba de las labores del campo y la ganadería, que eran su quehacer habitual en Asturias, a trabajar en el sector de los servicios, engrosando los escalones finales para -poco a poco- ir promocionando y escalando puestos gracias a su esfuerzo personal y su laboriosidad.

Así llegaba en algunas ocasiones hasta los puestos más relevantes e, incluso, a dirigir la empresa.

A veces el asturiano probaba diversos trabajos hasta que hacía fortuna en alguno. Muchos se asentaron allí definitivamente, se casaron en los países de destino y allí nacieron sus hijos, todo lo cual generaba una fuerza de vinculación afectiva y efectiva al país en el que se encontraban, mientras el distanciamiento espacial y continuado con su tierra nativa hacía que el recuerdo de la misma llegara a veces a su propia idealización.

Es difícil precisar el volumen global de las remesas efectuadas hacia Asturias, pero no hay duda de que la emigración ha jugado un papel importantísimo en la economía asturiana, merced al dinero remitido por los emigrantes, con el cual muchas familias económicamente débiles pudieron acceder a la propiedad de las tierras que llevaban en arrendamiento. Considerable fue la aportación que aquí hicieron a la difusión de medios sanitarios, de comunicación y cultura.

Advertiríamos dos épocas en la afluencia de los capitales “indianos”. Hasta finales del siglo XIX, el “americano” que volvía con dinero compraba fincas, construía un chalet en el pueblo y vivía tranquilamente de sus rentas; algunos fundaban escuelas y hospitales, levantaban iglesias o colaboraban intensamente en su restauración, eran los “jubilados de la emigración”.

Pero esta situación cambió después y el “americano” rico pasó de las clases pasivas a las clases activas del país. En vez de consumir sus rentas en un honroso retiro, empleó su capital en crear nuevas empresas, nuevas fuentes de riqueza, desde donde se contribuyó decisivamente al bienestar general. En todas las grandes empresas asturianas de comienzos del siglo XX había capitales procedentes de ultramar.

El recuerdo nostálgico y sentimental de la emigración se manifiesta en Asturias de diversas maneras como el llamado “Día de América en Asturias” que, cada 19 de septiembre, la ciudad de Oviedo dedica a los que en el pasado cruzaron el Atlántico en búsqueda de una mejor calidad de vida.

El “Día de América” ya se celebraba en Arriondas años antes de que se hiciese lo mismo en Oviedo, por lo quela Asociación de Profesionales del Comercio de la capital parraguesa tomó buena nota de este dato y puso en marcha la Fiesta de Indianos que este fin de semanaestá celebrando una nueva edición, con la colaboración del Ayuntamiento de Parres.

Efectivamente, hace al menos setenta años que -coincidiendo con las fiestas del Carmen en Arriondas- ya se dedicaba una jornada de las fiestas a agasajar a los que habían retornado desde el continente americano, y se la denominaba “Día de América” como consta documentado.

De ahí la invitación a Roberto Sánchez Ramos para dar el pregón de este año como Presidente de la SOF (Sociedad Ovetense de Festejos) y concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, el cual estuvo la tarde de ayer acompañado por Javier Batalla, director de dicha sociedad y del desfile del Día de América en Asturias.

La arquitectura indiana en nuestro concejo es notable y forma parte de nuestro mejor patrimonio histórico. Citemos como ejemplos más notables el chalet de la familia Valle, La Teyería, La Casona, los chalets llamados de “Moros” y “Cristianos” (como magníficos y raros ejemplos de Art Decó en Asturias), los conocidos como chalets “Habana”, así como los de Severino Pando, Villa Juanita, Labra, Miyares, Villa María, Villa Margarita, Las Lilas, Abarca y tantas otras edificaciones para uso personal, social, eclesiástico, asistencial, educativo, etc. que se levantaron con capital “indiano”.

Pocos asturianos habrá que no tengan uno o varios antepasados que no hayan ido como emigrantes a América, muy especialmente hacia Cuba, México y Argentina.Los parragueses -como todos los asturianos- tenían una especie de “mentalidad migratoria”, de deseo de conseguir el triunfo económico y de prestigio personal, junto con la intención de compartirlo después aquí con sus propios coterráneos.

Mucho ha llovido desde que el bergantín “Habana” partiese periódicamente desde el puerto de Ribadesella, donde embarcaban regularmente jóvenes de toda la comarca y que, con viento favorable, llegaba a Cuba en treinta y dos días. Muchos volvieron a aquella Asturias que -como buena parte de España- estaba arruinada y entristecida, aunque también fueron bastantes los que no consiguieron su objetivo de una vida mejor para ellos y para sus familias.

La gran aventura humana de la emigración, hacia América primero y hacia Europa después, merecerá siempre el homenaje, la admiración y un recuerdo nostálgico. Asturias es pequeña, pero en los mapas del espíritu y del coraje es muy ancha y profunda.

FUENTE: F.J.R.

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