POR RICARDO GUERRA SANCHO CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE ARÉVALO (ÁVILA)
Es una fecha de nuestra historia local más castellana, las fiestas que en las Casas Reales de Arévalo se celebraron a la usanza cortesana con gran influencia portuguesa.
Y no es tan importante porque fueran fastuosas o porque a ellas asistieran prelados, grandes personajes del reino y nobles. Casi fue una fiesta familiar si a esa familia real castellana, que estaba en nuestra antigua villa apartada de la corte, añadimos a los cuidadores de la reina viuda de Juan II, algún arzobispo y obispos, unos cuantos nobles fieles al infante Alonso y contrarios, por tanto, al rey Enrique, y el pueblo arevalense que estaba encantado con aquellos infantes.
Y no mucho más. Pero fue una fecha importante porque el infante Alonso cumplía sus catorce años, entonces la mayoría de edad, y en ese momento, algunos nobles castellanos disconformes con la gobernación del rey Enrique IV, se levantaron y elevaron a este infante como Rey de Castilla en la “farsa de Ávila”.
Unos momentos de doble reinado, el rey legítimo y el rey alzado por un sector de la nobleza levantisca, unos tres años de guerra civil y divisiones.
Pero volvamos a la fiesta, que es lo que celebramos. Un poeta de la corte Alfonsina, Jorge Manrique, había compuesto, a petición de la infanta Isabel, unos versos o composiciones literarias a modo de fados, versos, música y danzas deseando lo mejor para este infante, que serían interpretados por doncellas de esa corte.
El último de ellos fue interpretado por la misma Isabel, su hermana, dedicado muy especialmente a un infante que pudo haber sido Alfonso XII de Castilla y que truncó su prematura muerte. “Excelente rey doceno / de los Alfonsos llamados, / en este año catorceno / te fagaDios tanto bueno / que pases a los pasados / en triunfos e vitorias / en grandezas temporales, / e sean tus fechos tales / que merezcas amas glorias / terrenas e celestiales”.
La corte arevalense de Isabel de Portugal, la reina viuda de Juan II, los infantes Isabel y Alonso, y de su abuela, Isabel de Barcelos, otra portuguesa, y de las gentes al servicio de estas casas reales, más portuguesas que se casaron con castellanos y todos al servicio de la reina viuda y los infantes. ¡Cómo no iba a ser un corte con influencias portuguesas! Los mismos infantes, desde niños ya fueron bilingües, el castellano en Castilla y la lengua materna portuguesa, en una cuidada educación como infantes, con la mano vigilante de esa abuela culta y muy piadosa, de preceptores y de los franciscanos.
Pues todo este tinglado, y perdónenme la palabra y en su mejor sentido, es obra de un grupo de personas inquietas y atraídos por la historia, por Isabel, amigos unidos en la Asociación La Queda, que son los que organizan las Jornadas Medievales arevalenses y que por estas fechas, llena la ciudad antigua con una ambientación excelente, también de las recreaciones históricas y de la interpretación amateur de las representaciones, los “fados de Isabel”, o la llegada de los infantes desde Segovia a ver a su madre después de ser llevados a la Corte por su hermanastro.
Acompañando, el Tercio Viejo Cristóbal de Mondragón de Medina del Campo y los Cuadrilleros de La Moraña, agrupaciones también encuadradas en las recreaciones, es la colaboración entre asociaciones de las Recreaciones Históricas de la ruta de Isabel, que están en cosas semejantes que unen a través de la historia a las poblaciones de Madrigal, Medina, Tordesillas, Arévalo…
A pesar del gran calor de este fin de semana, a la caída de la tarde, público de ambientación acompañó los desfiles, y mucho más como espectadores de las representaciones, muy aplaudidas. Amigos, otra etapa cumplida con sobresaliente. Este es el camino de los medievales… recreaciones, artesanía y organización. Enhorabuena.



