POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ).
En Cañamero, las mujeres en los umbrales ciñen la rueca y menean el huso hilando lino como antaño, y en las bodegas frente a la luz agria de una ventana, en telares de madera con peines de caña, las madres tejen lienzos morenos para las hijas casaderas. Hay en los huertos, en escalones, naranjos y palmeras, y en el monte más bravío, bajo robledales y castañares de la sierra, entre helechos, jaras y madroñeras, se barruntan jabalíes y venados. Se alza altiva la chimenea mudéjar del monasterio de Guadalupe.
El arca de oro gótica, de esmaltes y relieves donde reposa el libro de la historia de España, está en Extremadura, en el camarín del monasterio de Guadalupe, afirmaba Segura Otaño. Hemos de ir en peregrinación como el cautivo Miguel de Cervantes, a soñar unas horas dentro de los muros guadalupenses, al cobijo de las Villuercas, y allí en el silencio de los claustros, veremos surgir asombrados el viejo mundo de la tradición. Y después de empaparnos en nosotros mismos, a la hora del alba saldremos por la puerta del mesón cabalgando en nuestro rocinante, con la mirada fija en América, Portugal y España, tres hermanas de sangre, en la universal ambición guiadas por el mismo ideal (Texto, Enrique Segura Otaño).
