POR HERMINIO RAMOS, CRONISTA OFICIAL DE ZAMORA

Días pasados en una de las tertulias mañaneras surgieron dos acontecimientos que constituyeron en su momento dos éxitos de primerísima categoría y que a su vez marcaron el currículum de los dos actores y responsables de aquellos hechos inolvidables. El primero de ellos fue el espectáculo de luz y sonido en los restos del monasterio de Granja de Moreruela en la anochecida de una tarde de agosto de 1980, con motivo del final de la competición deportiva de descenso en piragua de los ríos zamoranos por los deportistas, cuya presidencia ostentaba por entonces Dionisio Alba Álvarez, que me encargó como delegado de Cultura la organización de la fiesta final. Hacía pocos meses que se había restaurado el primer refectorio del monasterio bajo la dirección del entonces arquitecto de Patrimonio Eduardo González Mercadé y el recuerdo de mis visitas a los castillos del Loira francés me hizo soñar y pensé en la ocasión de revalorizar tan nobles ruinas, pero necesitábamos un promotor y aquí el entonces presidente de la Diputación don José Miguel López Martínez admitió el reto. La obra de la medievalista zamorana María Luisa Bueno Domínguez fue mi guía. Redactado el guion para una hora de espectáculo y enviado a la empresa que ejecutaría el proyecto, preguntamos por la cuestión de la energía y consultado el dueño de la finca Manuel Jiménez afirmó tener capacidad para ello. La empresa tuvo que traer un generador de cien mil vatios para desarrollar el programa. El espectáculo no tuvo mucha suerte y se malogró.
Treinta y cuatro años más tarde, cuando se escuchan las notas del gregoriano y recuerdo con las citas esas ruinas sientes algo que no entiendes y te vas a Veruela del Moncayo o lugares semejantes. Aquí solo nos quedan recuerdos y gracias a José Miguel López Martínez en este caso concreto. Gracias.
Doce años más tarde en este caso fue el señor alcalde don Andrés Luis Calvo el que dio la nota más destacada a nivel nacional. Era el año 1992, se celebraba el Quinto Centenario del Descubrimiento y llegada la primavera y la presentación de San Pedro, se le propuso a través de la Comisión de Fiestas que hiciera un gesto acorde con el centenario, proposición que aceptó inmediatamente. A través de Cultura Hispania se consiguió la dirección de alfareras y alfareros presentándose representantes de Chile, Perú, Colombia, República Dominicana y Méjico con su correspondiente obra que como es natural constituyó la gran atracción y novedad de la feria. Pero no todo terminó aquí porque en la sala de exposiciones de la Casa de Cultura se celebró una exposición de cerámica precolombina de ciento ochenta piezas procedentes del Museo de Cultura Hispánica de Madrid con sus correspondiente catálogo, que cerró la aportación de nuestro Ayuntamiento a tan destacada celebración y que tuvo tal trascendencia que como anécdota tenemos el detalle de que la alfarera mejicana Soledad del Castillo solicitó el año 93 asistir a la Feria del Barro y aquí estuvo con sus piezas constituyendo una auténtica novedad.
En la hoja de servicios de Andrés Luis Calvo destacará siempre este detalle magnífico de atención y entrega, teniendo en cuenta la enorme trascendencia de la conmemoración que se celebraba. Andrés, sencillamente gracias.
Como vemos colores y siglas tienen sus significados y contenidos pero son las personas quienes dan valor a esas siglas y esos colores. Merece la pena recordar estos episodios y estos gestos llenos de entrega de una generosa eficacia en su labor, verdaderos ejemplos en favor de la provincia y la ciudad.
Fuente: http://www.laopiniondezamora.es/