POR FULGENCIO SAURA MIRA, CRONISTA OFICIAL DE FORTUNA (MURCIA).
Es incuestionable que al día de hoy las fiestas patronales de Alcantarilla en honor de la Virgen de la Salud en sus días de mayo va tomando una fuerza que justifica la devoción de la villa arábiga a su amada Virgen. Es precisamente lo que arropa el clamor de la población por la Madre amada que desde su ermita derrama sus bendiciones velando por la salud de los necesitados.
Nosotros le hemos dedicado un gran lienzo dedicado a su romería, que obra en dicha ermita cuya silueta se eleva cercana al Museo de la Huerta como un signo esencial de la villa que fuera Señorío de los Usodemar de Génova. Boato inmenso en estas fiestas que huelen a primavera luciendo en magias inenarrables, en el rostro de sus hembras, auténticas magas del amor que embrujan a oriundos y forasteros. Auténticas reinas que conforman un ramillete de flores que cantan por sí mismo la belleza de la vida.
Este es el suceso más importante que arropa entrega a Ella y generosidad de los corazones sumidos en un fervor ardiente de acercamiento a la Reina de las Flores. Es cierto que el evento festivo que se acuña en el mes del amor y la belleza, cuando la naturaleza desprende vida, se ha incrementado con el referente a extraer de su pasado arcaico de la presencia de hechiceras en la localidad armonizándolo con la presencia de una Casa de la Inquisición, y desde luego lo decimos con todo recato, por aquello de que con la Inquisición chitón, aunque no nos amargan peras por decir lo que sentimos, si los hados nos consuelan en nuestros pocos días que nos da la vida.
Desde los años noventa del pasado siglo se va pergeñando la tesis, basada por supuesto en la buena fe de que Alcantarilla (puente pequeño), era el pueblo de las brujas, designándose como tales a ciertas personas de la huerta con la gracia de curar, matronas, curanderas que referencia la magia de la zona sur, en contra de la geografía norteña donde a estas mujeres se las tilda de brujas por mantener pactos diabólicos, y no precisamente en el sentido del Fausto.
Que estas las hubo en la villa en el siglo XVII en su sentido hechiceril está documentado, como la circunstancia de que no se desarrolló ningún auto de fe en la villa y si nos encontramos con ciertas leyendas de trayectos de brujas con escobas rumbo a otros lares para realizar su aquelarre.
Nos preocupa que en el argot festero no se distinga entre auto de fe de la bruja y la quema de la bruja, que es su verdadero sentido para significar la destrucción de tal mogote como extirpación del mal que los malos espíritus que pululan por el ambiente puedan realizas. Nos parece que tan solo desde lo etnológico y costumbrista se puede tratar esta delicada materia que tanto rehúye un tipo de historiador que no va más allá del dato histórico pero sin intuir otras realidades fantasmagóricas.
Por contra el artista enciende la imaginación y sueña con realidades indemostrables, porque todo tiene su sentido y hay otras propuestas de conocimiento. Cualquier resquemor sobre este evento que configura la quema de la bruja en nuestra villa, tras un proceso itinerante que la lleva al fuego en una simbología de heterodoxia, se desmenuza por si mismo porque lo que sucede es que con ello, el pueblo se engarza en un festín de jolgorio que justifica el noble sentido de la quema de la bruja en sus fiestas patronales.
FUENTE:https://www.laopiniondemurcia.es/municipios/2026/06/04/fiestas-bruja-alcantarilla-131007891.html
