EL ARCHIVO CENTRAL DE CEUTA Y SU ARCHIVERO JOSÉ LUIS GÓMEZ BARCELÓ, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD
Por regla general casi nadie le da importancia a los archivos, ni reconoce la labor de los archiveros. Todos nos imaginamos a una persona gris, enterrada entre legajos, perdido en algún frío y sucio sótano, que cuando vas a solicitarle algún documento te mira de mala gana por encima de las gafas, como si te perdonara la vida, y te pide que antes le cumplimentes una instancia. Como aquel personaje de la novela Todos los nombres, de Saramago, que para no perderse en los laberínticos pasillos del Archivo Civil, iba dejando una cuerdecita por los mismos, a modo de guía, para poder volver.
Días atrás necesité unos documentos del extinto Consejo Económico y Social de Ceuta. Estos deberían de estar también en los archivos de la Universidad de Granada. Sin embargo, a pesar de que se trata de una institución con casi 500 años de historia y de que posee innumerables tesoros bibliográficos y archivísticos, y de contar con magníficos profesionales en esta especialidad, sin embargo, en el tema de archivos administrativos es un poco caótica. El caso es que, aprovechando esta ausencia de documentación, un funcionario de alto rango y responsabilidad (aunque sin la titulación ni la preparación para ocupar el puesto que tiene asignado), pero con más mala leche, ha intentado hacer daño a un profesor contratado, al que le acusa, injustamente y sin fundamento, de hechos que, con solo acceder a determinado documento, quedan esclarecidos. Pero el refranero español nos dice “no sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió”. Y es verdad. También en este caso, pues este personaje, que se las da de “purista”, pero que más bien se parece a aquel tonto que le dieron un pito y estaba todo el día pitando, al parecer tiene ganas de hacerse notar. Y para ello tiene por costumbre extralimitarse en sus funciones y meterse con los que él considera más débiles y vulnerables.
A lo que vamos. Para defender a este buen amigo mío, necesité buscar este documento que deshacía el entuerto. Para ello me dirigí a los antiguos empleados del CES. Su eficiencia y profesionalidad, demostrada a lo largo de muchos años, la siguieron demostrando en esta ocasión. Me dieron datos del nombre y número de caja en la que se encontraba el mismo, y del lugar en el que estaba depositado y custodiado.
El Archivo Central de Ceuta
Mi tiempo era escaso, pues esa misma tarde partía hacia la península, y acto seguido a la Universidad de Tromso (Noruega), la universidad más cercana al Polo Norte del mundo, en donde nos esperan nuestros colegas del proyecto internacional de investigación del programa NILS en el que participamos. Me atendió un buen amigo, José Luis Gómez Barceló, cronista oficial de Ceuta. En apenas unos minutos tenía localizadas las carpetas en las que se encontraba el preciado documento. Acto seguido nos dirigimos al sótano en el que estaban depositadas. Las abrimos y de forma inmediata localizamos el documento. La razón fundamental estaba en el perfecto orden y la meticulosa estructura de los expedientes. Algo que se lo debemos, sin duda, al buen hacer del equipo humano que prestó sus servicios en este importante organismo. Pasaran años para que reconozcamos el magnífico servicio que prestó a la ciudad. Y también, para que nos demos cuenta del tremendo daño que el Partido Popular ha causado al decretar su desaparición.
Una vez localizados los documentos, comenzamos a fotocopiarlos. Un detalle. Una vez hechas las copias, las mismas se revisaban una a una, para garantizar que no faltaba ninguna. Esto llevo algún tiempo, pero fue muy útil. Faltaban algunos folios muy importantes, que inmediatamente se repusieron. Después se pasó al proceso de compulsa. Todo de forma muy rápida y profesional. Finalmente, cuando todo había acabado, José Luis me dio una instancia para rellenar, que justificara la petición y el acceso a los documentos. Esto, que parece algo baladí, es muy importante. En cualquier administración, primero pides por escrito, y cuando pueden (o quieren), te facilitan el documento. Aquí, primero se aseguraron de que estaba. Una vez buscado, se fotocopió. Y acabado esto, se compulsó. De esta forma, algo que era urgente y que, en cualquier otro negociado, hubiera tardado días en hacerse, se resolvió en apenas una hora. Y no es que esto se hiciera conmigo de forma especial. Es que es la forma de trabajar en el Archivo Central, a pesar de la evidente falta de personal. Cuando acabé le propuse invitarle a un café. No aceptó. Me explicó que ellos hacen turnos para salir a desayunar, al objeto de que siempre quede alguien para atender a los ciudadanos, pues entienden que prestan un servicio público esencial. Quedé gratamente impresionado. Y agradecido.
Podríamos hablar mucho de las funciones de los archivos y los archiveros, y de su impagable servicio a la sociedad. También de la evolución que están teniendo de la mano de la revolución digital. Pero de lo que he leído me quedo con una frase. “Google te puede buscar 500.000 documentos en un segundo. El archivero te da el que necesitas”.
Fuente: http://elfarodigital.es/ – José Aureliano Martín Segura
