LOS ZAGALES
Jun 08 2015

POR JOAQUÍN CARRILLO ESPINOSA, CRONISTA OFICIAL DE ULEA (MURCIA)

pastorcillos

El Diccionario de la Lengua Española nos define la palabra zagal como una persona, generalmente, joven o adolescente.

Sin embargo, tiene una segunda acepción en la que la define como una persona joven, un chiquillo que se dedica a guardar o atender al ganado, pero siempre a las órdenes de un pastor o mayoral.

A Ulea llegaron dos familias, los Fuster y los Payá, procedentes de la comarca de la Albaida, en el año 1502, conduciendo sus ganados por veredas y caminos de herradura, domiciliándose en el pueblo, aunque sus ganados se asentaron en las dehesas de los campos, con la finalidad de pastar las hierbas y espigas de cereales tras la siega y evacuación de los haces para ser trillados; terreno que recibía y sigue recibiendo el nombre de rastrojera.

Pues bien, la familia Fuster se asentó a vivir en el núcleo urbano de nuestra ciudad, pero la dehesa en donde descansaba su ganado estaba ubicada en los aledaños del caserío El Zapatico.

Para que el ganado pastara, y no sobrepasara las lindes de los rastrojos contratados, se hicieron ayudar por una hija de unos 8 a 9 años y un hijo del tío Pagán, que además de darles de comer les agasajaban con unas monedas de curso legal.

Los zagales eran la categoría más baja de la profesión pastoril y, el ascenso de categoría lo determinaba la veteranía en el oficio; normalmente, cuando llevaban cuatro o cinco veranos de aprendices de pastor. (1)

A estos pastorcillos, también se les llamaba ganapanes o criados de los pastores que en Cantabria atendían por el nombre de sarrujanes. Los cuales emigraron a la región Vascongada y Aragonesa y, de allí, hasta nuestro pueblo. Estas familias son el origen de los Miñano, y una rama importante de la familia López.

Generalmente, a estos pastorcillos, los zagales, se les consideraba que eran personas desafortunadas, mal vestidas y hambrientas ya que, aunque eran muy intuitivas y dominaban la tarea que se les encomendaba, quedaban desarraigados de sus familias, durante largas temporadas y, a veces, continuaban con sus faenas pastoriles sin, apenas, conocer a sus hermanos.

Los Fuster, Payá hoy llamados Pay, y Pagán, se asentaron en los alrededores del caserío El Zapatico y, allí en una oquedad del monte, horadaron un pequeño habitáculo donde se resguardaban de las intempestivas lluvias y, además, preparaban sus comidas o calentaban los fiambres traídos de casa. De ahí, la historia o leyenda del ‘Hornico de Fuster’.

La familia de los Miñano más instruida, se ubicaron en las estribaciones del Puerto de La Losilla y, las fincas que con posterioridad, fueron adquiridas por Diego.

La escala de los trabajos pastoriles, tenía las siguientes categorías; a saber: Zagales. Personas. Compañeros. Ayudadores. Rabadanes y Mayorales.

Como era preceptivo, según la categoría, recibían el salario correspondiente.

(1) A los zagales les permitían llevar animales de su propiedad sin tener que pagar nada a los dueños del ganado. A este contrato verbal y graciable, se le llamaba Excusa. Así estaba contemplado y, todos los mayorales lo cumplían a rajatabla. Estaba establecido que cada zagal podía llevar 18 ovejas, 6 cabras y una yegua; dándose la circunstancia que, con la excusa obtenían más beneficios que con el salario.

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