POR MARÍA DEL CARMEN CALDERÓN BERROCAL, CRONISTA OFICIAL DE CABEZA LA VACA (BADAJOZ)
No es fácil, en estos tiempos de ruido y postureo, entender la devoción por un hombre que no levantó espadas ni escribió tratados, ni siquiera sabía leer. Pero ahí está San Isidro, patrón de Madrid, el santo de los callos en las manos y la tierra bajo las uñas, al que veneran en Cabeza la Vaca como si fuera de la familia. Y en cierto modo lo es.
No fue rey ni guerrero ni obispo —gracias a Dios, añadiría uno—, sino un simple labriego con más fe que mundo, casado con una mujer que también alcanzó los altares, María Toribia, alias Santa María de la Cabeza. Vivieron con lo justo, trabajaron lo necesario y creyeron sin condiciones, lo que ya es decir bastante.