POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)
Comenzando por el segundo elemento meteorológico expuesto, respecto a las precipitaciones en conjunto no fueron tan escasas como en otras ocasiones, puesto que medimos en el trimestre en cuestión un total de 131’6 litros por metro cuadrado, cuando la media estadística está en 141 litros. El verdadero problema estuvo en que no se precipitaron a su debido tiempo y, además, la pasada primavera estuvo precedida de un invierno muy seco, lo que impidió la recuperación de las capas superficiales y más profundas del subsuelo y faltando la humedad suficiente para el correcto desarrollo vegetativo de gran parte de los cultivos, circunstancia acuciada además por el destacado incremento térmico, como veremos a continuación (muchas cosechas, cereales y herbáceas principalmente, llegaron a agostarse antes de su plena sazón y madurez).
Al margen de lo anterior –y como ya anticipábamos– donde estuvo la mayor anomalía fue en las temperaturas, ya que la pasada primavera ha sido la más cálida que tenemos registrada (en los 38 años que llevamos al frente de la Estación Meteorológica de la AEMET ubicada en Navalmoral). Y la causa fundamental no radicó en la presencia de valores extremos, sino en la persistencia de las temperaturas medias (tanto de las máximas como de las mínimas).
El resultado global y detallado es que la media en los 93 días primaverales fue de 19’8º C (más de dos grados sobre lo habitual), una décima por encima de los 19’7º que se registraron cuatro años antes, en el 2011 (año que ostentaba el récord anterior). Y, si lo detallamos un poco más, los valores se disparan respecto a los considerados como “normales”: 16’3º en Abril (cuando suele ser de 15º), 21’9º en Mayo (tres grados más que la media) y 24’6º en los primeros dos tercios de Junio (valores ya veraniegos).
Así pues, el agobio térmico fue la nota dominante de la estación que acabamos de cerrar, que en bastantes situaciones nos hacía pensar y sufrir en un verano anticipado, sólo suavizado por algunos breves y pasajeros intervalos de bonanza en las temperaturas.
Y mañana es San Juan. Y dicen en mi pueblo natal que “entre San Juan y San Pedro, cuando más calienta el sol, para encontrar el fresquito hay que llevar un farol”. También les recordaba en el artículo anterior que “Por San Juan, al sol se cuece el pan”…
Para más inri, las predicciones que los técnicos suelen anticipar a medio y largo plazo aseveran que este verano será cálido (verdaderamente, en Navalmoral no hace falta ser un experto en la materia para saber que así suele acontecer habitualmente…). Aunque yo intuyo que, tras períodos u “olas de calor” puntuales, vendrán otras etapas más suaves. Es decir, con las lógicas variaciones, para cuya afirmación me baso en dos parámetros que aquí siempre se han cumplido hasta ahora:
1.- Siempre que la primavera fue cálida, el verano fue variable, oscilante (así sucedió en el 2011, tan parecido al actual por el momento).
2.- Hasta ahora (y ya van 38 años…), jamás hemos tenido cinco meses consecutivos con altas temperaturas (y ya llevamos tres…).
Es cierto que las estadísticas están para romperlas pero, por el momento, esto es lo que hay.
Y ahora me voy a tomar unas pequeñas vacaciones, pero no quisiera despedirme sin desearles que pasen un feliz verano (en todos los sentidos, incluyendo el meteorológico).
