POR TITO ORTIZ, CRONISTA OFICIAL DE GRANADA.-

Dicen los que de esto saben que, las tribus celtíberas ya empleaban capa en su indumentaria, denominada “sago”. El uso de la capa fue prohibido por uno de los ministros de Carlos III provocando el inicio del Motín de Esquilache. Uno de los motivos fue precisamente la intervención en la forma de vestir de los madrileños, pretendiendo quitar el uso de capas como veremos a continuación.
Algunas de las zonas productoras de lana como Béjar (Salamanca) fueron las que realizaron las primeras capas del siglo XIX. Es por esta razón por la que uno de sus precursores iniciales fue el Duque de Béjar. En el siglo XIX logra ascender a los ambientes más selectos y llega a ser imagen de elegancia y estilo. Su uso se hace muy popular, pero a comienzos del siglo XX comienza el declive de su uso.
El periodista Antonio Velasco Zazo funda en Madrid la Asociación de la Capa (denominada «La Capa») en el año 1928 dedicada íntegramente a la difusión de la capa española como parte de la indumentaria popular madrileña. Se vestía con frecuencia la «castiza capa castellana», sin dejar por ello de llevar chistera, costumbre habitual entre intelectuales. Aunque la asociación surgió en Madrid, por ser algo también típico en la historia de toda España, existen también sedes de esta asociación en muchas ciudades del país, como, por ejemplo, Granada.
A punto de desaparecer
Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, ministro de absoluta confianza del rey Carlos III, al que venía sirviendo desde su anterior reinado en Nápoles (1759), se había propuesto un programa de modernización de la villa de Madrid, cuya suciedad, insalubridad e inseguridad eran consideradas indignas de una Corte ilustrada, que incluía la limpieza, pavimentación y alumbrado público de las calles, la construcción de fosas sépticas (lo habitual hasta entonces era el agua va —es decir, arrojar las aguas sucias desde las ventanas a los arroyos que corrían por medio de las calles) y la creación de paseos y jardines. Entre tales medidas se incluyó la renovación de una prohibición ya existente, pero cuya repetición era muestra de su incumplimiento (Reales Órdenes y bandos publicados en los años 1716, 1719, 1723, 1729, 1737, 1740… y especialmente la Real Orden… que se renovó en el año de 1745).
Pretendía erradicar definitivamente el uso de la capa larga y el chambergo (sombrero de ala ancha, gacho, redondo, montera calada y otros modelos especificados) bajo el argumento de que el embozo permitía el anonimato y, en cuanto a la capa, la facilidad de esconder armas, sobre todo espadas largas, lo que fomentaba toda clase de delitos, violaciones y desórdenes.
La capa en Granada
Recuerdo con mucha ilusión, aquellos primeros años de la década de los setenta del siglo pasado, cuando acompañaba a una docena de venerables ancianos que, en la festividad de San Martín de Tours, acudían ataviados con su capa, a escuchar misa a Santa Ana, previa cita en el viejo Café España, sorprendiéndose de que un joven adolescente, los acompañara también con su prenda más venerada.
Siempre me trataron con gran cariño y simpatía. Pero he de reconocer, que la idea de fundar la asociación granadina de “Amigos de la Capa española” dándola de alta en el registro de asociaciones del Gobierno Civil y dotarla de Estatutos fue de, Antonio Sánchez Ramírez, “El Compadre”, alma máter de llevar a cabo el proyecto. Él ya tenía una larga trayectoria en reflotar hermandades que ya no salían a las calles, como la de los Escolapios, o de fundarlas, como fue el caso de la Hermandad del Rocío granatensis.
Nos convocó en la desaparecida bodega “Espadafor” de la calle Tinajilla, y junto con el Gobernador Civil de entonces, José Guirao, Antonio María Claret García, Arcadio Ortega, Luís Garzón, y otros, entre los toneles, redactamos los estatutos que al día siguiente fueron presentados en las oficinas del gobierno por El Compadre, y una vez erigida la asociación, tuvieron a bien elegirme primer presidente de los Amigos de la Capa en Granada.
Yo tuve la suerte de que mi abuela Juana, me la regalara cuando a los dieciocho años aprobé el carné de conducir. La encargó a medida en la “Sastrería Nueva”, en Reyes Católicos, casi llegando a Plaza Nueva.
El paño vino de Béjar, en Salamanca, igualmente el broche de cierre, de estilo charro, y la confeccionó el mismo sastre que le había hecho el traje de novio a mi padre. Aquel gran profesional, con un pulso envidiable y gusto exquisito, cortó los bajos sin dobladillo, como manda la tradición. Las vueltas de terciopelo rojo sangre de toro, y con esa daré mi último paseo, cuando san Martín quiera.
San Martín de Tours
En Espadafor comenzábamos las reuniones, brindando por nuestro Patrón, San Martín de Tours, aquel santo del siglo IV que, ante un mendigo aterido de frío a las puertas de la ciudad de Amiens, no dudó en partir su capa por la mitad, y compartirla con aquel hombre desvalido.
El segundo brindis era siempre a la memoria de Juanito Espadafor, que nos dejó prematuramente y al que todos admirábamos. En su memoria, alguien tocaba una guitarra melancólica, de la que brotaban acordes de la tuna del distrito, cantares de la tierra y sones rocieros. Y presumíamos de quién tenía la capa más antigua y de mejor paño.
Hoy Granada, forma parte de esas otras zonas españolas donde el uso de La Capa Española se conserva como una tradición de vestimenta de gala y castiza, donde el censo de portadores de esta prenda cuenta con un número muy considerable de mujeres, asunto éste que no ha ocurrido en otras partes del suelo patrio, donde suele predominar el portador hombre. Feliz día de San Martín de Tours.
FUENTE: T.O.