GUILLERMO SENA MEDINA, CRONISTA OFICIAL DE LA CAROLINA (JAÉN): EL FISCAL POETA AL QUE LE ENCANTAN LAS PELÍCULAS DEL OESTE

POR ANDRÉS CÁRDENAS

Guillermo Sena, en su despacho cuando estaba activo como fiscal. / A. C.

La primera vez que oí hablar de Guillermo Sena Medina fue hace casi cuarenta años cuando fui a hacer un reportaje sobre el cierre de las minas de El Centenillo, un poblado minero que hay cerca de La Carolina. Debió ser a finales de los setenta del siglo pasado. Fui a escribir sobre la inquietud de los mineros y de sus familias por el anuncio de la clausura de las minas de plomo, clausura que dejaría sin trabajo a casi todos los habitantes del poblado. En la taberna en la que estaba entrevistando a los mineros alguien había copiado un poema que estaba clavado con chinchetas en la pared: «¡Ay pueblo de El Centenillo/vetas de Sierra Morena/estás más muerto que vivo». Así comenzaba el poema que había escrito un tal Guillermo Sena.

Yo creí que se trataba de un poeta local de los que surgen en los pueblos analizando de manera lírica el transcurrir de lo días. En el diario Jaén, en donde se publicó el reportaje, me explicaron que Guillermo Sena era un importante magistrado que estaba involucrado en muchas movidas culturales que se daban en la provincia y que, sorpresa, ¡había nacido en Bailén, en mi pueblo! Por entonces no había Internet y no pude meter su nombre en Google y enterarme más a fondo quién era el fiscal poeta. Pero poco a poco fui conociendo su vida y su obra.

Me enteré de que era muy aficionado a los toros porque había escrito las biografías de Manolete, Paco Bautista (torero nacido en Quesada) y Sebastián Palomo Linares. Que también le interesaba el flamenco porque daba conferencias sobre este cante, además de escribir interesantes artículos en los periódicos. Que le gustaba la pintura porque además de pintar escribía sobre ella y sobre su admirado Rafael Zabaleta. Que era un miembro fundador de los congresos históricos de las Nuevas Poblaciones que se celebran bianualmente en una localidad creada en el reinado de Carlos III. Además, era el cronista oficial de La Carolina, ciudad en la que ha pasado gran parte de su vida. En fin, que era un hombre polifacético y amante de la cultura capaz de convertir en texto todos sus conocimientos.

Junto a su esposa, Emilia Ruiz. / A. C.

Pero la vida dispone de un sinfín de atajos comunicantes y poco tiempo después coincidimos en un congreso de cronistas locales que fui a cubrir como periodista. Me di a conocer, nos tomamos un café y desde entonces somos esos amigos que se encuentran de vez en cuando para ponerse al día de lo que tienen entre manos.

Él es un incansable recopilador de experiencias que almacena materiales para convertirlos en texto. Y luego están las apacibles referencias afectivas con los sitios en los que ha vivido, la decencia de su relación con lo rural y lo cotidiano, esa variante de sencillez que orla su noble apostura. Por lo demás es un hombre cortés y parsimonioso en el habla, con sonrisa insinuante que a veces llega a la risa franca y una mirada con una claridad que concierne a cada uno de sus gestos. Con nariz a lo Karl Malden y manos rotundas, en definitiva tiene pinta de ese abuelo al que los nietos le sacan todo lo que quieren.

POR UN PUÑADO DE LIBROS

Quedamos en una cafetería que haya cerca de la Plaza de Gracia. A eso de las diez. Viene con una bolsa en la que me trae un puñado de sus libros, los últimos que se ha publicado. Él dice que tiene que quedarse en papel lo que escribe y para eso una imprenta le edita un libro siempre que le lleva le material adecuado, que es dos o tres veces al año. «Me hacen 50 ejemplares y yo los reparto entre mis amigos», me cuenta.

Entre ese puñado de libros hay uno titulado Casi poemas desde la ausencia en cuya portada se ve él de joven con su esposa y sus cuatro hijos. Luego hay otro que se llama Al aire de mis poetas. Y uno dedicado al torero ‘El Chiclanero’. Y otro sobre poemas dedicados a los olivos. «Éste te va a gustar», me dice cuando me entrega otro libro titulado Juego de damas en el que le escribe sonetos a treinta grandes divas del cine: Marilyn Monroe, Ava Gardner, Kim Novack, Greta Garbo… El libro va ilustrado con carteles de películas en las que dichas actrices han intervenido.

Guillermo, hombre de una inmensa cultura popular, siempre ha sido ese fiscal que ha ido por la vida con cierto y sinuoso barniz de letraherido. Y allí está la prueba.

Con Manuel Benítez ‘El Cordobés’. / A. C.

–Como bien saben nací en Bailén en 1944. Mi padre, Braulio Sena, era el juez de La Carolina. Allí vivíamos. Pero antes las hijas emancipadas iban a parir a las casas de las madres. Así que mi madre fue a dar a luz a casa de mi abuela que vivía en Bailén. Mi abuelo, Antonio Medina, tenía en tu pueblo y en el mío una herrería en la calle del Arroyo. A los quince días de nacer mi madre regresó conmigo a La Carolina, pero recuerdo muchos veranos en casa de mis abuelos bailenenses viendo herrar a las bestias y jugando a hacer muñecos de barro que nos traía mi tío Eduardo. Éramos dos hermanos y yo era el mayor. Mis padres siempre estaban regañándome porque hacía muchas diabluras y le hacía rabiar a mi hermano Antonio. Y en la escuela tampoco debí ser un alumno ideal porque me gustaba mucho hacer la rabona e irme en bicicleta al castillo de las Navas de Tolosa. Me acuerdo que tuve un buen maestro que se llamaba Pedro Clavero, que cuando murió le di un beso. Jamás he olvidado esa sensación de besar a un muerto.

Guillermo estudió hasta el bachiller elemental en La Carolina pero para estudiar el bachiller superior sus padres lo enviaron a los Maristas de Jaén. Después de aprobar Preu se vino a Granada a estudiar Derecho. Estuvo interno en el Colegio Isabel la Católica y además de Abogacía hizo Graduado Social y se matriculó en Filosofía y Letras.

–Es que por entonces me gustaba mucho la Historia y comenzaba mis pinitos en la Literatura. Colabora en la revistilla que teníamos en el colegio. Pero al poco tiempo dejé Filosofía y Letras porque no tenía tiempo para tantas cosas, ya que también era portero de la selección universitaria de fútbol, con Guillermo Guiote, que luego fue fichado por el Cádiz, y con Barrientos, que jugó también en Primera con el Real Jaén.

CARRERA JUDICIAL

Guillermo me cuenta que por aquellos años universitarios el deporte era su pasión. Fue uno de los jugadores universitarios pioneros en disciplinas como el hockey sobre hierba y el rugby. Además, en el curso 66-67 estrenó al equipo universitario femenino de balonmano. «No tenía tiempo para aburrirme», dice. También que perteneció a una célula un tanto subversiva de jóvenes universitarios que por aquellos años manejaban el ciclostil para imprimir sus mensajes inconformistas.

–Terminé Derecho en el 68 y me fui a hacer las milicias universitarias a Viator. Fíjate que yo había pensado en reengancharme pero mi padre me permitió que cogiera un año sabático para prepararme a las oposiciones de la judicatura. Había oposiciones para secretario, juez y fiscal. En el 69 me presenté a dos de ellas y me retiré. Y en el 70 ya me presenté para fiscal y aprobé. Tenía 25 años cuando ingresé en la Escuela Judicial.

Durante la entrevista. / A. C.

La carrera de Guillermo desde entonces sería un ir y venir por distintas ciudades españolas. Su primer destino fue Arcos de la Frontera, a donde se marchó ya casado con Emilia Ruiz, una profesora cazorleña que ejercía en La Carolina. En Arcos estuvo seis años, que aprovechó para tener tres hijos (Eva, Guillermo y Fátima. María José vendría después) e iniciarse de lleno en la poesía tras conocer a poetas del grupo Alcaraván como Antonio Luis Baena y Antonio Murciano. Después regresó a La Carolina, desde donde se desplazaba diariamente para ejercer de fiscal en Manzanares, Daimiel, Alcázar de San Juan en incluso a pueblos jienenses como Andújar. Luego sería trasladado a Barcelona, donde solo estuvo un año; después a Madrid, donde estuvo dos (85 y 86) y después a Granada, donde ingresó en la Fiscalía de la Audiencia Territorial. Poco después fue nombrado fiscal jefe de la Audiencia Provincial de Cuenca y posteriormente jefe del Tribunal Superior de Justicia de Murcia.

–Lo de irme a Cuenca fue porque me lo pidió Luis Portero, que llegó a ser para mí como un hermano. Era un jefe muy asequible y un verdadero amigo. Él quería que yo me marchara para luego regresar y ocupar su puesto. A raíz de su asesinato por ETA todo fue diferente. Aquellos años fueron muy duros. A mí me pusieron dos policías permanentes de escolta y nos aconsejaban que no fuéramos siempre por los mismos sitios o que miráramos todas las mañanas nuestro coche por debajo por si nos habían puesto una bomba lapa. Fue terrible. Yo la verdad es que no pasé nunca miedo aunque sí tenía, como es lógico, cierta preocupación. La muerte de Luis me dejó un agujero muy importante en mi alma.

Guillermo Sena volvería a Granada para ser el segundo de Jesús García Calderón, fiscal superior del TSJA y donde se jubiló en 2014 como teniente fiscal superior de Andalucía, Ceuta y Melilla. Durante un tiempo su nombre estuvo en todos los medios informativos porque fue el fiscal que abrió diligencias en el llamado Caso del Algarrobico y por el que se declaró ilegal la construcción del famoso hotel.

LA OLIVETTI

La carrera literaria de Guillermo Sena comenzó cuando su mujer, de recién casados, le regaló una Olivetti. Estaban en Arcos de la Frontera y allí, como he señalado anteriormente, se codeó con poetas muy importantes. La poesía entra de lleno a su vida y en sus ratos libres comienza a componer sonetos. Le encanta San Juan de la Cruz y esa poesía mística que trasciende a cualquier tiempo. Compone versos a los lugares en los que vive, al campo, a los olivos, a la Virgen, a las actrices que ha admirado, a los toreros que ha conocido… En su poesía se filtra una modelación parecida a la sencillez, en el sentido de excesivamente desentendida de afanes renovadores, entre la poesía rural machadiana y la poesía popular de tradición española. Su dinamismo creador es impresionantes y siempre está escribiendo algo que le han pedido o algo que le apetece hacer. Ha escrito ponencias para congresos, letras para himnos, pregones para fiestas de pueblos, presentaciones de libros para amigos, conferencias sobre diversos temas…

–La verdad es que me gusta luego publicar todo lo que escribo. Mis hijos cada vez que le regalo un texto mío nuevo me dicen: ¡Vaya, otro libro! Pero no con ilusión, sino con ese tono de fastidio que tiene lo muy habitual. Yo lo entiendo, pero es que creo que lo que no se queda escrito se pierde en la inmensidad de lo no ocurrido. Además, quiero que esté en letra impresa, porque en los ordenadores siempre se puede perder todo. Por supuesto son libros de consumo interno y que regalo a mis amigos. No pretendo otra cosa. Muy pocos llegan a las librerías, aunque de alguno hasta se han hecho varias ediciones.

La vida de Guillermo Sena es la propia de un jubilado, con tareas varias: de jardinero, de fontanero, de ‘corredor’ de bolsa… de todo lo que haga falta en casa. Escribe a partir de las ocho u ocho y media y después se da un paseo para comprar el periódico. Las tardes las dedica a escribir o ver películas del Oeste, que le encantan, «de aquellas que eran en cinemascope y tecnicolor, ¿te acuerdas?». Le encanta ir al campo y sería más feliz en La Sierra de Cazorla que en Nueva York, por ejemplo. Es hijo adoptivo de Bubión y de La Carolina.

–En general estoy muy satisfecho con mi vida. No puedo quejarme. He sido muy feliz con mi trabajo, me divierto escribiendo y tengo una familia estupenda. ¿Qué más se puede pedir?

–Nada, Guillermo, no se puede pedir nada.

Fuente: https://www.granadahoy.com/ – ANDRÉS CARDENAS

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