En los siglos anteriores a la construcción de la carretera de Plasencia a El Barco de Ávila (finales del siglo XIX – principios del siglo XX), en el valle existían varios caminos que servían para conectar unas poblaciones con otras así como para comunicar nuestra comarca con las limítrofes. Sobre estos últimos, basta citar el camino de herradura que iba hacia La Vera que hoy coincide, en gran parte, con la ruta de Carlos V que transcurre entre Tornavacas y Jarandilla; o el que iba a dar a Baños de Montemayor, ya en el Ambroz, atravesando el Puerto de Honduras.
De entre todos estos caminos, el más transitado -y el más importante por sus características- era el que recorría, de norte a sur, el valle, un camino milenario utilizado por animales y viandantes para pasar desde Castilla a Extremadura y viceversa. Un camino del que ya tenemos referencias documentales en tiempos medievales y que siguió siendo el más utilizado por propios y foráneos hasta ya bien entrado el siglo XX.
Este camino, con muchos siglos de historia, aparece reflejado en algunos compendios que recogían los itinerarios más importantes de toda la Península. Así, por ejemplo, aparece descrito en la obra Itinerario español o guia de caminos para ir desde Madrid a todas las ciudades y villas más principales de España : y para ir de unas ciudades a otras, y a algunas Cortes de la Europa, publicada en el año de 1760 (siglo XVIII).
En esta obra se nos indica que este camino que atravesaba el valle de norte a sur, y viceversa, era realmente la continuación del que conectaba Madrid con Ávila. Catalogado como camino de herradura, entraba al valle tras pasar por las Casas del Puerto de Tornavacas [hoy Puerto Castilla] y pasaba por las poblaciones de Tornavacas, Jerte, Cabezuela, Navaconcejo y ya hoy ya extinta de Asperilla, llegando a Plasencia.
Estos caminos, hoy ya prácticamente en desuso y cuando no ya desdibujados o inexistentes, representan una muestra más de la riqueza histórica y patrimonial de nuestra comarca y bien merecen ser rescatados del olvido.
