POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS)

Con mi grupo miercolés subí la Mea por su vertiente norte, desde Les Campes, por la Collada Doñango y Los Palomos; desde arriba se ve Oviedo rebién; luego culminamos Peñas Negras, volvimos por la Fuente el Gatu y bajamos por el Arco u Ojo de Buey, para cerrar la circular pasada la Collada de Pelúgano. Hablé de Peña Mea en anterior excursión y hoy pongo el ojo en el Ojo de Buey. Dice George Eliot en “Silas Marner” que a los ojos abiertos de un bebé, en su cuna, los vuelve de más edad nuestro tumulto interior; yo traté de adentrarme en los 300 millones de años del Ojo, de aventurarme en su cielo y dejarme arrastrar por su agujero azul, alma de Mea y de Pangea, que mira al Aramo por un lado y por el otro al Crespón; cuenca de calavera, diana de relámpago, imbornal de lágrimas de cal y de nieve, luz del amanecer, oasis en la sombra, ojal para esta modesta flor de un peregrino de las cuestas.
Fuente: https://www.lne.es/
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