POR JULIAN CABALLERO AGUADO, CRONISTA OFICIAL DE ALCOBENDAS (MADRID).
Sumario
- Llegada de Murat y levantamiento popular . Arribada y huida de José Bonaparte. Somosierra y Napoleón. Asentamiento francés. Los toros de Vicente Perdiguero. Abolición de los señoríos. Jura de la Constitución de Cádiz en Alcobendas. Camposanto fuera de la iglesia. Fin de la guerra. El último señor de Alcobendas. Llegada de Murat y levantamiento popular.
La firma del tratado de Fontainebleau a finales de 1806 en el que se contemplaba toda una serie de facilidades dadas por el ministro Godoy al emperador Napoleón para su acceso por España para la invasión de Portugal y el posterior reparto del botín, trajo consigo un rosario de precipitados y desgraciados acontecimientos. Conforme las tropas napoleónicas iban ocupando territorio español en su paso hacia Portugal, Godoy comenzó a sospechar de las verdaderas intenciones de Napoleón y tramó la huida de los reyes a Aranjuez para desde allí marchar a Cádiz donde embarcarían rumbo a América. La reacción popular no fue otra que el conocido motín de Aranjuez, con la caída de Godoy, la abdicación de Carlos IV y la subida al trono de Fernando VII, el Deseado, apoyado por quienes habían derribado a su padre.
Joaquín Murat, gran duque de Berg, casado con Carolina Bonaparte, hermana de Napoleón, nombrado por éste su lugarteniente general en el mando supremo del ejército francés en España, había entrado en territorio español el 7 de Marzo, y tras los sucesos de Aranjuez apresuró su llegada a Madrid. En su camino por la carretera de Francia era recibido por los pueblos de su tránsito como un libertador1, creídos que el objeto de su llegada era sostener al rey Fernando2. A ello había contribuido, sin duda, un bando del Consejo de Castilla fechado el 18 de Marzo repartido por Madrid y por los pueblos de su alrededor: «Habiendo de entrar Tropas Francesas en esta Villa y sus inmediaciones con dirección a Cádiz, se ha dignado S.M. comunicarlo al Consejo en Real Orden dirigida a su Decano Gobernador interino con fecha de ayer por el Excmo. Sr. Marqués Caballero, mandando entre otras cosas, se haga saber al Público ser de su Real voluntad, que dichas tropas en el tiempo que permanezcan en Madrid y sus contornos sean tratadas como lo son del íntimo Aliado de S.M., con toda la franqueza, amistad y buena fe que corresponde a la alianza que subsiste entre el Rey nuestro Señor y el Emperador de los franceses; lo que se avisa al Público de orden del Consejo, esperando este Supremo Tribunal de la ilustración y fidelidad de este Pueblo a su Soberano, cumplirá exactamente su Real Voluntad«3.
Tras haber estado en El Molar, Murat llegó a Alcobendas procedente de San Agustín de Guadalix el día 23 de Marzo, y en sus afueras pasó revista a sus tropas antes de efectuar su entrada en Madrid, deslumbrando por el brillante aparato y continente marcial de su espléndida caballería, y con su atuendo personal, tan profuso en bordados y plumeros. Lo que alguien definió como «el carnaval de la gloria«5. La situación de Alcobendas en el camino de Francia iba a hacer de los alcobendeños testigos directos de una buena parte de la Historia con la que España tan tristemente concluía la Edad Moderna y comenzaba la Edad Contemporánea. Si el 23 de Marzo habían asistido al deslumbrante espectáculo de Murat y su numeroso ejército, el 9 de Abril tuvieron el inefable placer de saludar con entusiasmo a su nuevo soberano, el rey Fernando VII, en la primera jornada de un viaje a Burgos que le llevaría a Bayona y al exilio, cual marioneta en manos del gran Napoleón, al igual que Godoy y la familia real de Carlos IV tan sólo unos días después.
Mientras los monarcas eran hechos rehenes en Bayona, la actitud de los soldados franceses tanto en Madrid como en los pueblos inmediatos iba quitándoles la hipócrita máscara de amistad con la que habían llegado. Las quejas eran diarias en cuantos puntos ocupaban los franceses, fuera en la corte o en cualquiera de sus pueblos, donde Murat tenía guarnecidos cerca de 25.000 hombres. Nuestro Alcobendas, tan cercano a Madrid y uno de los puntos principales del camino de Francia, no podía sustraerse a la ya indeseada presencia de soldadesca extranjera que, en muchos casos, faltando a la obediencia debida a sus oficiales y al respeto que reclamaban las gentes, maltrataba, robaba y propiedades. Talaba Como muestra, en el vecino San Sebastián de los Reyes el 30 de Marzo de 1808 hubo un fuerte encontronazo entre paisanos y soldados franceses del que resultó gravemente herido uno de aquellos1o. En este clima insalubre llegaron los afamados sucesos del heroico 2 de Mayo en Madrid, auténtica mecha que encendiera la tea de un levantamiento popular único en la Historia de España. Entre las víctimas de la represión francesa del siguiente 3 de Mayo en Madrid que inmortalizara el inigualable pincel de Goya no se encontró ningún alcobendense, como tampoco de ningún otro pueblo vecino a excepción de uno de Algete 11.
Algunos se echaron al monte como guerrilleros, teniéndose noticias de algunas escaramuzas en las proximidades de nuestra localidad, como la acontecida el 12 de julio de 1808, en la que una partida de unos veinte guerrilleros asaltaba un correo francés conducido por un postillón de la Posta de Alcobendas, entre la venta de Pesadilla y Fuente el Fresno, matando a tres franceses. Al alcobendeño maestro de la Posta, Manuel García, le fueron sustraídos tres caballos con sus aparejos 12.
- Arribada y huida de José Bonaparte
Usurpada por Napoleón la corona española y entregada a su hermano José Bonaparte, el 20 de Julio de 1808 momentos antes de hacer su entrada a Madrid, pasaba éste por Alcobendas donde sería recibido de modo apático como en tantos otros pueblos: «a doquier que llegaba acogíanle friamente; las calles de los pueblos estaban en soledad y desamparo, y no había para recibirle sino las autoridades, que pronunciaban discursos forzados por la ocupación francesa… «13
No habían pasado unos escasos diez días de su llegada a Madrid cuando José Bonaparte, alarmado por la derrota de Dupont en la tan afamada batalla de Bailén, abandonaba precipitadamente la capital, y nuestro pueblo, el 1 de Agosto, volvía a ser testigo del paso de los ejércitos franceses, esta vez en huida. Vallejo Nájera, en su ficción literaria tan profusamente documentada, documentada, pone a nuestro Alcobendas en boca del rey José: «Quedé con Girardin en esperarle en la quinta del duque del Infantado de Chamartín, en la que con tanto placer habíamos reposado el día de la llegada a Madrid. Allí se unirá a mí y al cuerpo de ejército central. La vanguardia debe haber llegado a Buitrago, dejaremos la retaguardia durante un día en Alcobendas para cubrir la retirada. Castaños precisa, por lo menos, dos jornadas para llegar a Madrid«14
Las tropas que protegieron la retirada de José Bonaparte ocasionaron un verdadero estrago en los pueblos del camino de Francia. Un contemporáneo, el conde de Toreno, lo describía del siguiente modo: «Acompañaron a los franceses en su retirada lágrimas y destrozos. Soldados desmandados y partidas sueltas esparcieron la desolación y espanto por los pueblos del camino o los poco distantes. Rezagábanse, se perdían para merodear y pillar, saqueaban las casas, talaban los campos, sin respetar las personas ni lugares más sagrados«15. Rapiña también descrita por algún autor francés, a la que, por cierto, no se sustrajo ni el propio rey intruso: «Ni José ni los jefes militares franceses que lo auxiliaban lograron sujetarlo. Cuando en la mañana del 1 de agosto las tropas emprendieron la marcha hacia el norte, dieron muestra de una indisciplina total. Saqueando y quemando los pueblos por los que pasaban. Entregados a ellos mismos, arremetían contra todo lo que ncontraban. Entre Madrid y Buitrago se apoderaron de más de cuarenta mulas del rey y saquearon el furgón que transportaba su magnífica vajilla…«16. Si de estos sucesos se ha expuesto la visión española y francesa, la inglesa, en palabras de Richard Ford es coincidente: «Toda la zona a lo largo de la carretera hasta Burgos fue entonces saqueada, cosechas enteras de trigo fueron consumidas, rebaños y manadas, viñas e higueras…; nada escapó, porque robaron incluso a los mendigos, sí, incluso a los mendigos españoles. Los aldeanos sin armas recurrieron en vano al mariscal Moncey en busca de protección, pues éste les prohibió extinguir las llamas que consumían sus hogares y quedaron reducidos a enfriar las cenizas con sus lágrimas…«17.
A modo de ejemplo, sirva la escueta descripción que hacían unos días después los alcaldes de Pedrezuela, villa del condado de Puñonrostro al igual que Alcobendas: «en el dia dos del mismo fue la ultima tropa francesa que paso por esta villa, en la que estubo acampada desde las diez de dicha mañana hasta las quatro del dia tres que salieron para seguir su ruta a la villa de Buytrago; en cuya mansion no se esperimentaron mas que estragos, en tanto grado que no puede enumerarse, pues ademas de aberse echo dueños de todo el pueblo desechando a valazos a todos sus abitantes, se apropiaron de el, saquiando las casas y destrozando quanto abia en ellas hasta la casa mas diminuta, dejandola inserbible…«18.
No se convienen Alcobendas sufriría las vandálicas atrocidades durante el día 1 de Agosto al paso del grueso de las francesas, tropas durante su noche y la madrugada el siguiente día 2 en que por fin marchara la retaguardia que en nuestra dejara José Bonaparte en evitación de posibles ataques19.
Tras la huida de los franceses, los días 26 y 28 de Agosto de 1808 se celebraron en la plaza de toros de Madrid sendas corridas en honor de Fernando VII, siendo las reses lidiadas de la ganadería de un vecino de Alcobendas, Vicente Perdiguero, de quien más adelante se hablará. Don Juan José Arias Dávila y Matheu, XII conde de Puñonrostro y XXI señor de Alcobendas, quien años antes había servido de coronel de dragones en América, en Septiembre de 1808 se ofrecía voluntario a la Junta Central para servir como coronel sin sueldo en un regimiento de caballería, cediendo el producto líquido de su marquesado de Casasola mientras durase la invasión francesa20. Aparte del espíritu patriótico que asistía al conde quizá le llevó a tan altruista gesto el destrozo que tres de sus villas, Alcobendas, San Agustín y Pedrezuela, habían sufrido en Julio del nefasto 1808.
NOTAS:
1 José Amador de los Ríos, «Historia de la villa y corte de Madrid«, tomo IV, pág. 373.
2 Marqués de Lozoya, «Historia de España«, tomo V, Barcelona, 1967, pág. 427.
3 Federico Carlos Sainz de Robles, «Historia y estampas de la villa de Madrid«, tomo II, Madrid, 1984, pág. 520.
4 Capitán A. Grasset, «La Guerre D’Espagne (1807-1813)«, tomo I, París, 1914, pág. 343.
5 Marqués de Lozoya, op. cit., pág. 427.
6 José Gómez de Arteche, «Guerra de la Independencia, Historia militar de España de 1808 a 1814«, Madrid, 1868, vol. I, pág. 297.
7 Concluida la guerra de la independencia, el Ayuntamiento del vecino San Sebastián de los Reyes manifestaban que «hubieron el honor de que pasase por él al tiempo que subió a Bayona» (Archivo Municipal de San Sebastián de los Reyes, sig. A–6-1, fol. 128).
8 José Amador de los Ríos, op. cit., tomo IV, pág. 337.
9 José Gómez de Arteche, op. cit., vol. I, pág. 313.
10 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 11901, exp. 13.
Vid. Juan Pérez de Guzmán, «El Dos de Mayo de 1808 en Madrid«, Madrid, 1908.
12 Archivo Histórico Nacional, Consejos, leg. 11901, exp. 13.
13 Francisco de Borja Queipo de Llano, «Historia del levantamiento, guerra y revolución de España«, Biblioteca de Autores Españoles, no 64, Madrid, 1953, pág. 102.
14 Juan Antonio Vallejo Nájera, «Yo el intruso«, Barcelona, 1987, pág. 227.
15 Francisco de Borja Queipo de Llano, op. cit., pág. 109.
16 Claude Martín, «José Napoleón I, rey intruso de España«, Madrid, 1969, pág. 196.
17 Richard Ford, «Manual para viajeros por Castilla y lectores en casa«, vol. II, Madrid, 1981, pág. 199.
18 Archivo de la Villa de Madrid, Corregimiento, 1-185-31.
19 «The confidential correspondence of Napoleón Bonaparte with his brother Joseph, sometimes King of Spain«, vol. I, New York, 1856, pág. 343.
FUENTE: J.C.A.
