POR JOSÉ ANTONIO RAMOS RUBIO, CRONISTA OFICIAL DE TRUJILLO (CÁCERES)
Trujillo como plató cinematográfico: una convergencia entre patrimonio, industria audiovisual y desarrollo territorial.
La ciudad de Trujillo (Cáceres, España) ha emergido como un enclave privilegiado para la industria cinematográfica nacional e internacional. Su consolidación como plató natural de rodaje responde a una serie de factores interrelacionados, entre los que destacan la impecable conservación de su patrimonio histórico-artístico, su diversidad paisajística, así como la autenticidad de sus espacios urbanos, que permiten recrear distintas épocas sin apenas necesidad de intervención escenográfica. Esta condición convierte a Trujillo en un verdadero “escenario vivo” de enorme valor cinematográfico.
El carácter monumental de Trujillo y su rol histórico como crisol de culturas —en el que confluyen las huellas vettonas, romanas, árabes, judías y cristianas— ofrece una polivalencia escénica idónea para representaciones de contextos históricos diversos. Ejemplo de ello es que tanto su casco histórico como el entorno del castillo han sido recurrentemente seleccionados por realizadores para ambientar desde la Europa medieval hasta escenarios del Renacimiento o de la Edad Moderna.
Desde mediados del siglo XX, Trujillo ha acogido numerosos rodajes cinematográficos. En 1963 se filmó El Tulipán Negro, una superproducción franco-italiana protagonizada por Alain Delon y Virna Lisi, que transformó el casco urbano en un escenario revolucionario francés. Este hito marcó el inicio de una presencia sostenida de la industria audiovisual en la ciudad. Durante las décadas siguientes, películas como La Familia de Pascual Duarte (1975), La Lozana Andaluza (1976), Los Señores del Acero (1985) o La Celestina (1996) consolidaron a Trujillo como un referente para producciones de ambientación histórica, gracias al valor estético de sus espacios urbanos y religiosos, capaces de articular narrativas complejas sin necesidad de grandes transformaciones arquitectónicas.
En la década de 1990, la superproducción 1492: La Conquista del Paraíso, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Gérard Depardieu, recreó en Trujillo escenas de la Granada de los Reyes Católicos, con un alto impacto promocional para la ciudad. De igual modo, películas como La Marrana (1992) o Teresa, el cuerpo de Cristo (2005) continuaron utilizando los escenarios trujillanos para representar pasajes históricos desde una perspectiva más intimista o de cine de autor.
Más recientemente, el rodaje de la séptima temporada de Juego de Tronos (2018), así como la serie estadounidense Still Star-Crossed (2018), han supuesto una proyección internacional sin precedentes, no solo desde el punto de vista turístico, sino también económico y simbólico. La inclusión del castillo de Trujillo como enclave destacado en estas producciones refuerza su posicionamiento global como espacio fílmico de primer orden.
Desde una perspectiva institucional, el Ayuntamiento de Trujillo ha reconocido el valor estratégico de esta actividad, destacando las ventajas de la promoción audiovisual frente a las formas convencionales de publicidad turística. El cine no solo actúa como herramienta de difusión, sino que genera un vínculo emocional entre el espectador y el territorio filmado, estimula el turismo cinematográfico, dinamiza la economía local y favorece la creación de empleo. A ello se suma el denominado “impacto mediático”, derivado del boca a boca y de la cobertura en medios de comunicación, que contribuye a una mayor visibilidad del destino.
En este contexto, resulta pertinente hablar de la consolidación de una auténtica industria de rodajes en la provincia, en la que Trujillo ocupa una posición central. La articulación de rutas cinematográficas, en colaboración con el sector turístico, hotelero y de restauración, representa una estrategia eficaz para diversificar la economía local y fortalecer la identidad territorial. Los efectos positivos de esta dinámica son múltiples: algunos tangibles —como el incremento de visitantes o la inversión en infraestructuras— y otros intangibles —como el prestigio cultural o el posicionamiento simbólico de la ciudad—.
En definitiva, Trujillo se configura no solo como un espacio de filmación, sino como un nodo de convergencia entre patrimonio, cultura e industria audiovisual, cuya proyección internacional y capacidad para generar desarrollo local refuerzan su papel como referente del turismo cinematográfico en España y Europa.