POR CELEDONIO PÉREZ,CRONISTA OFICIAL DE SANZOLES (ZAMORA)
Gracias a todos vosotros por estar aquí, celebrando el patrón en un día tan especial para mí. Ser cronista oficial del pueblo donde nací, donde vivo y donde quiero ser enterrado, me enorgullece y me emociona como ninguna otra cosa.
Ser cronista oficial es, entiendo, no solo desempolvar la prehistoria y la historia. Es unir el pasado con el futuro, mirar hacia adelante, limpiar un horizonte que hoy se presenta con algunos nubarrones, posibilitar que Sanzoles siga vivo y coleando, dando guerra y abriéndose paso, aunque sea a codazos, camino del porvenir.
Gracias a la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (RAECO) por la designación, agradecimiento eterno al Ayuntamiento por el nombramiento, a la Asociación Amigos del Zangarrón por su propuesta,a todos ustedes por estar aquí…, a Valentina, a Alba, a Rodrigo, a Isa, a Sonia, a toda mi familia, también a los que no han podido venir, a los dos Ricardos de la RAECO: Ruiz (por él ha sido posible todo esto) y Guerra (relator de la vida de Arévalo), a todos. Y permítanme un recuerdo emocionado a mis padres: ¡cuánto hubiera disfrutado mi madre de verme aquí…! Permitidme que mire al cielo: Os quiero.
Los pueblos necesitan ahora más que nunca tener quienes les escriban, quienes les defiendan, quienes les quieran. Nací en un pueblo lleno de miseria, pero también de vida, de alegría, repleto de gentes que ejercían mil oficios, con médico, veterinario, herrero, carpintero y hasta “aguardientero”, había varias aulas repletas de niños…, donde llegamos a calentarnos con cantos “embrasinados” y a desayunar leche en polvo americana, ¡qué siempre sabía a quemado!, ¡qué tiempos, de luces y sombras…!
Me fui muy pronto de Sanzoles…, a los once años, pero, de verdad, nunca lo hice: soñaba cada fin de semana con volver, regresar a la libertad del campo, al cariño de los míos, a la sana alegría de los mondongos, al bullicio sincopado del Zangarrón, a la fiesta de toros del San Sebastián de septiembre, ¡qué hasta en eso somos originales y cambiamos hace 120 años la fiesta del 20 de enero al último mes del verano!
Siempre he hablado bien de mi pueblo cuando he estado fuera, de sus gentes, de sus líos, siempre lo defendí por encima de todo. Y aquí estoy, emocionado y orgulloso del reconocimiento que se me hace por una cosa muy simple: por querer a Sanzoles por encima de todo.
Sanzoles necesita ahora más que nunca tener quien le escriba y ese, de manera oficial, voy a ser yo, gracias a la RAECO. ¡Qué honor, qué inmenso honor!, ¡Cronista oficial de mi pueblo! Intentaré estar a la altura de la responsabilidad y a seguir haciendo lo que siempre he hecho: contar la grandeza del lugar donde nací y de sus gentes, las mías.
Los pueblos pequeños tienen más pasado que futuro. A no ser que sus gentes se rebelen contra el destino y digan “aquí estamos, queremos seguir viviendo pegados al pretérito, pero sin olvidarnos del porvenir porque es nuestra condición, porque no estamos dispuestos a asistir impasibles a nuestro propio entierro”.
El ámbito rural está tocado de ala porque el viento corre en contra y está impulsado por el poder que emana con fuerza de las ciudades. Pero no todo está perdido, no.
Quienes vivimos en los pueblos, quienes queremos seguir haciéndolo con dignidad, tenemos que unir voluntades, hacer oír nuestra voz en medio del barullo, sacar a relucir nuestro orgullo y estar unidos frente al turbión que nos arrastra, colocar sacos terreros en nuestras puertas y hacernos fuertes ondeando nuestros valores. Esa tiene que ser nuestra mejor bandera, la de la identidad y la de la esperanza.
Eso es, convecinos, lo único que quiero deciros esta tarde, que nos sintamos orgullosos de ser sanzolanos, que, por serlo, defendamos nuestras tradiciones y costumbres y que no nos rindamos ante el recencio que amenaza con convertirnos en estatuas de sal. Permitidme que os dé unos pocos apuntes para engordar vuestra autoestima, que es la mía.
Sanzoles es un pueblo mucho más importante de lo que creemos. No solo es el pueblo del Zangarrón, que bastante es contar con la mascarada de invierno más completa de la provincia que, pronto, sin duda, debe conseguir el reconocimiento de fiesta de interés nacional porque se lo merece como ninguna otra.
Por cierto, hay más de un estudioso que mantiene, entre ellos González Matellán, que solo por el baile, la música, reminiscencia clara de la grecorromana, y las venias, vestigios anteriores al cristianismo, nuestra función debería ser patrimonio inmaterial de la humanidad. Ahí os lo dejo.
Pero no solo del Zangarrón debemos sentirnos orgullosos en este municipio que nació antes del siglo XIII y tiene categoría de villa desde la época de Felipe II, hay otras muchas cosas que deben estar en la talega donde almacenamos el orgullo colectivo. Por ejémplo que Sanzoles luce con letras de oro en el libro de la Paleontología española. Y aunque ya lo he dicho alguna vez, vuelvo a repetirlo porque es muy trascendente.
En este pueblo, ahí, a un paso, en el Camino Blanco, fueron hallados en la segunda mitad del siglo XIX, varios dientes de cocodrilo, sí de cocodrilo. El primer catedrático de Paleontología de España, el valenciano Juan Vilanova i Piera, los estudió en 1873 y también las placas de sedimentos donde fueron hallados.
El descubrimiento permitió precisar paleontológicamente el origen en el Terciario inferior, en el Paleógeno, de la Cuenca del Duero. Sanzoles, sí Sanzoles, sirvió para fijar la edad de la tierra donde vivimos y de toda la Cuenca del Duero, unos 55 millones de años.
Sanzoles también es un referente en el estudio de la prehistoria. Tiene una decena de yacimientos arqueológicos. De especial importancia son los del neolítico y calcolítico, con el Redondil a la cabeza.
En este pueblo, algunos ya lo sabéis, fueron hallados los huesos humanos seguramente más antiguos de la provincia que están custodiados en la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela. Esa es, sin duda, una asignatura pendiente de esta villa, conseguir que vuelvan a la tierra de donde salieron. O lo más cerca posible.
Nuestra estirpe, la de los San Zoles, se extendió por Burgos y Toledo durante la Edad Media. Condestables, comendadores, religiosos de ley llevaron la sangre de este pueblo por los lugares donde se forjó la historia de España…
Lo que os quiero decir es que tenemos prehistoria, también historia, tradiciones, costumbres populares singulares, no somos un pueblo cualquiera. Por eso agarremos el futuro con los dientes y no lo dejemos escapar.
Es nuestra obligación engrandecer el pueblo y no dejarlo morir. Armas tenemos: el vino, el queso, el aceite, producciones agropecuarias de calidad, tradiciones como el Zangarrón capaces de ponernos en el mapa festivo de España más reluciente…
Pero tenemos que estar unidos y luchar conjuntamente por lo nuestro. Ahí va un reto: conseguir que la escuela del pueblo no se cierre definitivamente. Hagamos lo imposible por lograrlo, que nadie se ponga de perfil, luchemos, pongámonos objetivos colectivos, demos la murga a quienes corresponda. Unidos lo podemos conseguir.
Los pueblos pequeños tienen más pasado que futuro, sí, pero no es el caso de Sanzoles, que es grande porque así lo hicieron nuestros mayores y las generaciones que ya no están. Demostrémoslo.
Sanzoles tiene cuerda para rato y mimbres para hacer un esterquero como la Cuesta del Viso, por cierto un paraje donde vivió el pueblo vacceo que se enfrentó a Aníbal Barca en el 220 antes de Cristo.
TENEMOS LA OBLIGACIÓN DE REIVINDICAR NUESTRO PASADO Y AGARRARNOS CON FUERZA AL FUTURO. QUE NUESTROS HIJOS Y NIETOS SEAN SANZOLANOS DE PRO, ESE DEBE SER NUESTRO IDEARIO Y OBJETIVO MÁS VISIBLE.
LUCHEMOS HASTA EL FINAL DE NUESTRAS FUERZAS. MUCHAS GRACIAS A TODOS. ¡VIVA SANZOLES! REPITO: ¡VIVA SANZOLES!-
FUENTE: C.P.