POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS).
El concejo comenzó el año 1926 dividido en tres “partidos médicos”. Pertenecían al Partido Norte: San Martín de Cuadroveña, Sto. Tomás de Collía, Cofiño, Fíos, Pendás, Bode, Cayarga y Toraño.
Partido Sur: Villanueva, San Juan de Parres, Huera de Dego, Romillo, Granda, Tospe y Carrio.
Y, por último, al Partido Médico del Suroeste: San Cosme de Llerandi, Montes de Sebares (escrito con ´b´), Nevares, Castiello, Llames de Parres, Arobes y Soto de las Dueñas.
Los tres médicos percibirían 2.000 pts. anuales y deberían asistir a la beneficencia municipal sin cobrar a sus usuarios.
Se presentaron para la tercera plaza de médico titular Constantino Romay, de 30 años, médico de Villayón, y Benito Díaz, de 32 años, soltero, de Soto de las Dueñas.
Por unanimidad se le concedió la plaza titular del distrito Suroeste a Benito Díaz, que debería residir en la citada localidad de Soto.
Los plenos municipales dejaron de ser semanales y pasaron a ser mensuales, incluso bimensuales, como en la actualidad.
El 6 de febrero de 1926 nos encontramos la dura acusación del concejal M. M. por los -según él- amaños del secretario a favor de uno de los antiguos médicos y de un farmacéutico concreto.
Enrique de la Grana Valdés era abogado y llevaba como secretario municipal desde 1904, y su respuesta fue contundente frente a esta acusación contra su persona. Afirmó que dicho concejal mentía, creaba insidias y se ensañaba con él sin educación ni cortesía a base de calumnias e injurias que no eran de recibo.
Esta sesión estaba cerrada al público y la Corporación no daba crédito al enfrentamiento, pues consideraba tanto al concejal como al secretario como personas correctas y muy bien valoradas.
Se aceptó la dimisión del concejal y -recordemos- que estas cosas las sabemos porque el mismo secretario nos las dejó en los cientos de actas que redactó.
Su sueldo era de 6.000 pesetas, el mismo que percibían los tres médicos juntos anualmente.
La pésima costumbre de no cumplir los horarios o tener que suspender las sesiones por no haber suficientes concejales fue un mal hábito en Parres.
Incluso cientos de sesiones se celebraron con sólo uno o dos concejales presentes y en ellas se decidieron temas de relevancia, sin que nadie protestase por la no asistencia permanente de la mayoría.
Y eso ocurrió bajo todo tipo de gobiernos municipales, fuesen conservadores o progresistas, monárquicos o liberales, democráticos o dictatoriales.
De manera que el Gobernador pidió a los alcaldes que se multase a los concejales que no acudiesen a la primera convocatoria y que destituyesen a los reincidentes.
Los impuestos que pagaban los parragueses en 1926 eran de diversos tipos, como por tener carruajes de lujo, motos y bicicletas, perros de ´lujo´ y guardianes.
Aún -cinco años después- se pedía que no hubiese que pagar impuestos por la tenencia de perros en los caseríos por ser necesarios para velar por la seguridad de personas y cosas, no siendo signo alguno de lujo, estando “amarrados a la cadena cuidando de la aldea”…
Añadiendo los impuestos habituales de luz y agua se hizo cuadrar los ingresos y gastos para el año siguiente exactamente en la misma cantidad de 99.999 pts. en ambos casos.
Era Felicidad Suárez la maestra titular y le pusieron otra auxiliar. Con 500 pesetas se subvencionaban las academias privadas de 1ª y 2ª enseñanza a condición de que admitiesen entre sus alumnos a un 10% de niños pobres, previo sorteo entre todos los solicitantes de plaza.
Con capital privado de la familia Abarca se concluyó la escuela de Fíos en el verano de 1926. Su coste total fue de 40.000 pts. (una suma considerable si la comparamos con el presupuesto anual del Ayuntamiento, como acabamos de ver).
El Ayuntamiento aportó para esta escuela un total de 15.000 pts. que abonó en tres veces a lo largo de varios meses.
El día de Navidad de 1926 (que aún no era festivo) la Corporación decidió que se reservasen 750 pts. para la siguiente Fiesta del Árbol, y se reservaron otras 300 pts. para celebrar el Día del Maestro.
Por aquellos días los maestros del Partido Judicial de Cangas de Onís presentaron una instancia manifestando que se habían reunido para tributar un justo y merecido homenaje al “culto e inteligente compañero” D. Cipriano Rodríguez La Villa, recién jubilado tras 35 años que consagró en la villa de Arriondas a las “difíciles y espinosas labores de educar, enseñar e instruir a los niños”, por todo ello suplicaban al Ayuntamiento se dignase dar a una de las calles de su pintoresca villa el nombre de D. Cipriano Rodríguez La Villa.
Los concejales Blázquez y Mier (también maestros) señalaron que había prestado otros muchos servicios al concejo, y todos acordaron estudiar el asunto y -de paso- buscar nombres para las demás calles, puesto que no lo tenían.
Nosotros sabemos que exactamente no ocurrió así y que -con el tiempo, casi treinta años después- sería la Biblioteca Municipal la que recibió el nombre del señor Rodríguez La Villa; muchos recordamos aún el cartel luminoso que así lo indicaba en la esquina que la actual Casa de Cultura hace entre las calles Nicanor Piñole y Lilián de Celis (en los años cincuenta-sesenta conocidas como Travesía de Oviedo, la primera, y parte del patio de recreo de los niños que estaba entre la Escuela Nacional Graduada y el Ayuntamiento, la segunda).
FUENTE:https://www.facebook.com/franciscojose.rozadamartinez
