POR VICENTE RUIZ DE MENCIA, CRONISTA OFICIAL DE BURGOS.
Fue el domingo 1 de abril de 1951, el mismo día en que Diario de Burgos cumplía su 60 aniversario, la primera vez que celebramos esta efeméride de una manera, digamos, contemporánea. Aquel periódico, el número 18.659, incluyó varias páginas especiales recordando los orígenes del rotativo, detallando la tecnología con la que se trabajaba, dando la palabra al único trabajador vivo de los que comenzaron nuestra historia en el ya entonces muy lejano 1891 -se llamaba Lucio Franco-, recuperando las viejas y escasas fotos que existían de los inicios y explicando con detalle al lector cómo se conformaba cada ejemplar.
También se presentó a la plantilla de la redacción de una singular manera: a cada periodista, el poeta Martín Garrido le dedicó unos versos. Eran cinco: Andrés Ruiz de Valderrama, «pluma de joven solera»; Luis Vallejo, «perro viejo en disciplina torera»; don Jaime Vargas Vivar (que era un cura) «¿por qué arrebatarle el don habida su condición de ministro del Altar?»; Julián Martínez ‘Arquero’, «¡Cómo se le altera el tipo cada vez que el teletipo se pone tonto y roncero!», y Juan José Calleja, «que por calleja no ceja de envidiar siempre la calle». Al frente de todos ellos estaba Esteban Sáez Alvarado, que definió así el trabajo de su equipo, tuteando al lector: «Lápiz en ristre, ojo avizor, cualquiera de ellos estará en el momento oportuno para luego relatarte con el más meticuloso detalle aquello que ha de interesarte: acto oficial, manifestación académica o de sociedad, barómetro diario de la actualidad local, en su demografía, en su testimonio oficial, o en su avatar deportivo».
Han pasado quince lustros desde que estas palabras vieron la luz y en lo esencial poco ha cambiado. Aquí seguimos, 135 años después, móvil en ristre y ojo avizor para contar en la web y las redes sociales (y en el papel) todo lo que pasa «con meticuloso detalle», aunque los redactores lleven tatuajes en vez de corbatas y ahora las mujeres seamos casi la mitad de la plantilla. Las imágenes hace ya muchos años que se publican en color, las informaciones se acompañan de detalladas infografías, ofrecemos vídeos con los acontecimientos más notables y nuestro trabajo entra en las casas a través de teléfonos móviles, tablets y ordenadores.
Sobre este particular reflexiona Vicente Ruiz de Mencía, director entre 1985 y 2005, que fue protagonista y testigo de una de las revoluciones tecnológicas más importantes del siglo XX vivida por Diario de Burgos. «Aquel 7 de enero de 1985 en el que se incorporó la nueva maquinaria marcó un punto de inflexión en la historia del periódico, una transformación que se enmarcaba en un contexto general de modernización de la prensa española», explica, a la vez que subraya su certeza de que el periódico ha mantenido en todo este tiempo la apuesta por la innovación. Y ante el 135 aniversario, asegura que observa todo lo conseguido con una combinación de «ilusión y preocupación», la primera, vinculada a la trayectoria consolidada del periódico, «que sigue, igual que en 1891 manteniendo la sólida relación con la sociedad burgalesa basada en la responsabilidad de reflejar sus intereses, inquietudes y aspiraciones», y la segunda, pendiente «de los desafíos que afronta el conjunto de la prensa escrita a nivel global».
Antonio José Mencía Gullón fue quien sucedió a Ruiz de Mencía y después de varios años como redactor-jefe y subdirector, asumió la dirección entre 2005 y 2009. En esos años, cuando se produjo la implantación completa del color en todas las páginas, Mencía Gullón le dio una tremenda importancia al aspecto visual del periódico con un apoyo radical a la fotografía, la infografía y el diseño. Así, cuenta con orgullo, que durante su etapa en la dirección Diario de Burgos fue reconocido en dos ocasiones con el premio al mejor diseño en su categoría de diarios locales por la Society for News Design. Sobre la parte humana, reconoce que lo más complejo de la gestión diaria de una redacción son las personas y no los procesos técnicos, por lo que subraya la importancia «de identificar el lugar en el que cada profesional puede desarrollar mejor sus capacidades y colocarlo allí».
En este sentido, Raúl Briongos, el siguiente responsable que llevó las riendas de la redacción (lo hizo entre 2009 y 2019), recalca que un periódico es una obra colectiva en la que el papel del director resulta relevante pero en absoluto determinante por sí solo. «Desde la dirección se pueden impulsar líneas temáticas o distintos enfoques pero el resultado final depende del conjunto de profesionales que participan en su elaboración diaria». Ahora con otras tareas dentro del Grupo Promecal -dirige El Día de La Rioja y La 7 Rioja Televisión- Briongos cree que la relevancia de Diario de Burgos sigue siendo «indiscutible» y añade que «todo lo que publica tiene impacto y alcanza difusión, lo que refuerza su papel en la vida pública». Recuerda sus años al frente de esta redacción como la etapa «más intensa y enriquecedora» de su trayectoria profesional, aunque también una de las más exigentes: «La condición de medio líder obliga a una vigilancia constante de la actualidad y a un alto nivel de autoexigencia para no perder relevancia informativa».
Y en diciembre de 2019, apenas dos meses antes de que el mundo se volviera del revés, Raúl Briongos pasó el testigo a Álvaro Melcón, que dirige en la actualidad el periódico, que en estos años ha contado la terrible pandemia por covid, la guerra de Ucrania y demás sobresaltos geopolíticos y, sobre todo, la realidad de esta ciudad y esta provincia, siguiendo fielmente los objetivos que se plasmaban en la declaración de intenciones publicada el 1 de abril de 1891: «El periódico ha sabido mantenerse pegado a su editorial fundacional -afirma- que pugnaba por defender y fomentar los intereses de Burgos y su provincia, y lo ha hecho con una apuesta constante por estar en la sociedad. No por contar lo que pasa en la sociedad, que también, sino por ser parte de ella».
El actual director reivindica a su plantilla, formada «por personas accesibles, con nombre y rostro que conocen el contexto, las causas y las consecuencias de lo que sucede en el kilómetro cero» y pone algunos ejemplos de esa realidad como la reivindicación de la UBU, el proyecto Atapuerca, la defensa de las infraestructuras o, más recientemente, la lucha por el grado de Medicina. Y frente al futuro, se siente optimista porque cree que los jóvenes sí leen prensa aunque en formatos distintos a las anteriores generaciones, por lo que la multiplicación de canales «ha ensanchado las audiencias y ha reforzado el liderazgo del periódico», que va a seguir siendo el mismo: «Ser el referente informativo en Burgos implica asumir toda suerte de juicios, en ocasiones sumarios, pero este periódico sabe lo que es, lo que será y, sobre todo, lo que no será. Ser leales a ese principio fundacional llevará a quienes nos sucedan a celebrar los próximos 135 años de historia compartida».
Estos cuatro profesionales han tenido en sus manos el mismo proyecto periodístico que llegó en plena Restauración con el abogado Juan García Rubio y el periodista Juan Albarellos a una ciudad que carecía de un diario que pudiera llamarse de esta manera . Enseguida García Rubio se descabalgó del proyecto que tuvo al frente al propio Albarellos y más tarde a su hermano Ignacio, a Sáez Alvarado, ya citado, y a Andrés Ruiz Valderrama.
Diario de Burgos fue, a finales del siglo XX, la semilla del Grupo Promecal con su adquisición por parte del empresario Antonio Méndez Pozo, después de que los anteriores propietarios se lo ofrecieran y le dieran apenas unas horas para tomar la decisión, como recordaba ayer: «Era un sábado por la tarde y recibí una llamada en la que me contaban que se ponía a la venta y que si me interesaba. Me fui a dar un paseo por la Quinta a darle una vuelta a la oferta sin contarle nada a nadie y al final dije que sí, que lo compraba». Fue el primer paso de una corporación que con el tiempo se haría fuerte en Castilla y León con la adquisición de varias cabeceras más y su extensión a la televisión y la radio, que más tarde desembarcaría en Castilla-La Mancha, Navarra y La Rioja y que hoy da trabajo a más de 800 personas.
La joya de la Corona. DB, afirma, sigue siendo «la joya de la corona»: «Me encontré un periódico bastante actualizado para la tecnología de la época, potente, bien gestionado y muy pegado a los intereses de los burgaleses, y ahora mismo, 35 años después, creo que sigue pisando fuerte tanto en la ciudad como en la provincia, a la que tanto hay que cuidar. Estoy orgulloso del trabajo que se lleva a cabo porque se hacen las cosas bien y con honradez y porque la gente sabe quién le cuenta mejor que nadie su realidad más cercana, la que le interesa».
Y es precisamente esta cercanía la que le va a dar sentido a las celebraciones del aniversario. Los números especiales que hemos publicado a lo largo del mes de marzo haciendo un compendio de quiénes somos en Burgos, de dónde venimos y a dónde vamos, se van a convertir en sendos libros que se entregarán con el periódico en unos meses. También se ha previsto la celebración de diferentes eventos de carácter social, cultural y científico del que esta cabecera quiere hacer cómplice y partícipe a toda la sociedad. Esa misma que inventó y sigue utilizando una de las expresiones que mejor describen nuestra credibilidad: «Lo ha dicho el Diario»
