POR JESÚS MARÍA SANCHIDRIÁN GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE ÁVILA.
“El guardador de silencios y otros cuentos con mala leche” es el título de último libro de Ignacio Clemente del Dedo Rodríguez, un abulense afincado en La Vera extremeña, que acaba de ver la luz el pasado mes de febrero, el cual se presenta como «muestra de su quehacer literario, de su sentido del humor y de su amor a la vida y a la libertad de ser y de pensar».
La obra es producto también de una larga trayectoria del autor dedicado a la enseñanza y la narrativa creativa en el campo de las letras y de las artes plásticas donde desborda su imaginación y sus recuerdos que vuelan entre Ávila y Extremadura.
El libro, de 228 páginas, ha sido publicado por «Mundo Libre Libros», editorial que dirige José Antonio Fernández de la Orden, cuya sede se encuentra en Villanueva de Ávila desde 2020 y ya cuenta con un original catálogo de más de una veintena de autores y más de medio centenar de títulos de todos los géneros que van en aumento. A estos se suman cuatro proyectos solidarios de libros de relatos y poemas en favor de los enfermos de cáncer infantil y del síndrome de Down.
Por su parte, Ignacio del Dedo, autor del libro, se nos presenta del siguiente modo: «Estoy jubilado. Nací en Zorita de los Molinos (Mingorría, Ávila) el 29 de noviembre de 1953. Me licencié en Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad de Barcelona (1984)». Contrajo matrimonio con Virginia Blasco, maestra de Infantil, con quien tuvo dos hijos, Abel y Martín del Dedo Blasco.
De la etapa de formación académica, recuerda anécdotas y las clases magistrales del catedrático de Estética, el poeta y pensador José María Valverde, natural de Valencia de Alcántara quien, a su vez, cuenta sus experiencias como profesor en La conquista del mundo (1960):
«Entro en el aula, empiezo a hablar a un ciento / de caras mal despiertas: por un rato / sobre sus vidas, rígido, desato, cumpliendo mi deber, el frío viento / del Ser y de la Nada, de la Idea / y la Cosa; la horrible perspectiva / de vértigo que se ha hecho inofensiva, / espectáculo gris, vieja tarea».
También de José Mª Valverde leemos los versos: «Cuando toco el alma, encuentro / que no es verdad el olvido. / Todo lo que fue una vez / vuelve a aparecerse, vivo».
Y es que, como añade Ignacio del Dedo, «leer una poesía es siempre como abrir una ventana. Pensemos que ilumina la estancia y entra aire nuevo».
Posteriormente, en 1987, el autor del Guardador de silencios se estableció en Extremadura, donde ejerció la docencia en centros públicos de Educación Primaria y Secundaria. Según sus compañeros del colegio «Ramón Cepeda», de Jerte (Cáceres), «fue un maestro creativo de larga trayectoria profesional y una persona interesante con un simpático sentido del humor. Inquieto, curioso, capaz, lo mismo interpretaba una canción a la guitarra que escribía un cuento», recuerda Álvaro Valverde (revista Cáparra, 14/2015).
Sin dejar de formarse, cursó estudios de doctorado en Filosofía en la UNED (1995–1998), e hizo un máster en Informática Educativa en la UNED (1998 – 2001). Los últimos diez años, previos a su jubilación, trabajó como asesor de educación en el Centro de Profesores y Recursos de Jaraíz de la Vera (Cáceres).
En la actualidad, añade nuestro escritor y artista plástico: «me interesa de manera especial la formación artística. En esta disciplina, estudié ya jubilado en la Escuela de Bellas Artes de Plasencia, luego en diversos seminarios, talleres y algunos cursos del Grado de artes en la Universitat Oberta de Catalunya (UCO), y a partir de 2018, en la Escuela de Bellas Artes “Rodrigo Alemán” de Plasencia», siendo buena prueba de estas experiencias las exposiciones de pintura, ilustraciones y dibujos que ha realizado en los últimos años.
RAÍCES.
Cuando Ignacio del Dedo evoca sus raíces, enseguida le asaltan los recuerdos de Antonio Machado: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla». También los de Cervantes: «En un lugar de la Mancha». Y añade:
«Ese acto de tomar conciencia (¿de dónde soy?) Nos crea un sentimiento de pertenencia a los sitios, a los lugares, a los pueblos. Las raíces y los recuerdos nos llevan a tomar conciencia. La conciencia del lenguaje y su importancia para recordar y convertir los recuerdos en arte: escribir esos recuerdos, pintar y componer».
En este ejercicio de remembranza, Ignacio del Dedo escucha la voz de las fuentes de su tierra extremeña, rememora el callejero de piedras y palabras, el camino de Collado, la calle del Coso, la dehesa boyal de Jaraíz de la Vera donde reside y el “Recuerdos del lago en invierno”, título del libro publicado en 2020 en el que leemos:
«El agua es como la memoria, fuerte y frágil al mismo tiempo. Igual que los recuerdos, el agua puede brotar hsta de las piedras».
De su pueblo natal, Zorita de los Molinos, donde hizo la primera comunión en la ermita de la Aldehuela, recuerda que «tener una bicicleta supuso un cambio en la percepción del tiempo». De aquí añora el toque de campanas de la iglesia de San Miguel, la boina calada de su padre, los pastores que hacían la trashumancia y los niños disfrazados en fiestas estivales, sin olvidar que es la tierra a la que siempre has de volver, lo que hacía con frecuencia en vida de sus padres y, últimamente, en 2023, exponiendo parte de su obra gráfica en Ávila y en Mingorría.
«Quizás ahora, que se habla tanto de España vaciada, es el momento preciso para recuperar aquel pueblo que empezamos a añorar hace cincuenta o sesenta años, que soñábamos desde lejos, al que volvíamos cada cierto tiempo y del que nunca se cortaron nuestras raíces».
Finalmente, sobre Ávila, el título, “Un recuerdo convertido en cuento: el león que mordía las cadenas” es el relato que dedica a los leones de la catedral abulense en tiempos del servicio militar. Lo mismo que al ver unas fotos antiguas rememora su actuación en la representación de la obra Edipo Rey, de Sófocles, la cual tuvo lugar hacia 1971en el Instituto Isabel de Castilla.
Si bien, «algunas veces no nos bastan las imágenes ni las palabras para construir los recuerdos. Entonces añadimos la imaginación y “engañamos a la memoria” con la literatura» (“Efectos secundarios”, en Relatos abulenses contra el cáncer infantil, 2022).
PUBLICACIONES.
Como escritor, Ignacio del Dedo confiesa: «En lo que tiene que ver con la escritura, la ilusión de mi vida, ha sido saber escribir bien». En el principio de su carrera literaria publicó y coordinó el libro colaborativo del Grupo Vera, con Ángela Breña Cruz y otros, titulado “Cartas de Yuste”.
Una experiencia de creación literaria (1998), obra que obtuvo el Premio en la elaboración de Unidades Didácticas de “Semana de Extremadura en la Escuela”, siendo publicada por la Consejería de Educación de la Junta de Extremadura en su colección “Programa de Cultura Extremeña.
Ese mismo año, la Editora Regional de Extremadura publica el “Arca de palabras” (1998), un cuento infantil sobre educación ambiental premiado en el II Concurso de Narrativa Infantil «El Medio ambiente cuenta». Una convocatoria impulsada por la Junta de Extremadura (Consejería de Medio Ambiente, Urbanismo y Turismo) centrada en la educación, dedicada al fomento de a la creación literaria infantil en el marco de la protección de la naturaleza.
El cuento empieza con estas palabras dichas al niño encantado con los animales:
«No te creas que por traerlos a casa los respetas más o los conoces mejor, ni que ellos son más felices… Sí, FELICES, eso he dicho. Además, no sabemos que haya amenaza de DILUVIO; así que no hace falta que insistas en traerte cada vez que vamos al mercadillo de Villanueva esos animalitos que venden (peces, tortugas, ratas, conejos…) o que regalan, como los cachorros tan bonitos de perro que te daban el otro día. ¿Te das cuenta? Será que no valen nada, me pregunto, ya que ni regalados los quiere la gente. Tú sí, ¿verdad? Y me parecen dignos de alabar tus buenos sentimientos; pero…»
En 2007, la Editora Regional de Extremadura publicó el libro de 21 cuentos “Pozos del silencio”, donde, partiendo de la dicotomía entre lo contemporáneo y lo tradicional, incluso en sus formas literarias, el autor teje dos redes paralelas de personajes y situaciones que van creciendo a lo largo del texto.
«Su forma es vecina en ocasiones de los moldes habituales del relato con sorpresa (con efecto); en otros momentos, esa forma nace de los moldes del relato meditativo, del relato anticlimático o del relato fantástico-naturalista… proporcionándonos “reflejos” de la realidad, bien para ofrecernos la imagen “distorsionada” de la fantasía (incluso la casi invisible, la muy oscura del azogue del espejo, como diría Borges» (Diario Hoy, 9/03/2008).
En dicho libro, el autor sigue a los maestros del relato breve como Luis Mateo Díez o José María Merino, que abre sus páginas con citas a Teresa de Cepeda y Ahumada: «La imaginación es la loca de la casa»”. También a Theodor W. Adorno:
«Las obras de arte se salen del mundo empírico y crean otro mundo con esencia propia y contrapuesto al primero, como si este nuevo mundo tuviera consistencia ontológica».
En 2020 se publica una primera edición de “El guardador de silencios y otros cuentos con mala leche” preguntándose:
« ¿Puede un hombre convertirse en asesino el mismo día de su jubilación? ¿Podemos ver, como lectores, la tormenta de pensamientos que forman las palabras en la conciencia de ese hombre?», al mismo tiempo que reflexiona en el primer cuento con María Zambrano: «Guardar silencio es un acto de rebeldía».
El libro incluye un total de 22 cuentos. «Casi todos tienen su semilla en la indignación. En unos pocos, esa indignación se muestra sublimada en amor, sexo, reflexión, o ejercicio del humor; los otros, con más o menos maquillaje, son hijos de la mala leche. De tan “sana” filiación se libra el brindis final, que desborda óptimos deseos».
Dos años después, publica junto con Marina Rodríguez la novela infantil “Eso ni se te ocurra” (Mundo Libre Libros, 2022). «Las palabras y las imágenes que guarda este libro hablan de la relación de dos hermanos entre sí y de ambos con algunos animales. La actitud de estos muchachos muestra que los animales están en el mundo para convivir con ellos y quererlos.
Así mismo, la manera de pensar de estos hermanos nos enseña que son capaces de sobrevivir amenazas como « ¡eso ni se te ocurra!», o que no dudan de escaparse de la escuela para cuidar a una grulla herida o para conocer los secretos de la naturaleza».
“Hambre de Agua” (Mundo Libre Libros, 2022) es el título de la novela en la que el autor se nos advierte: «Créanme si quieren, para leer un cuento es mejor, mucho mejor, no saber nada de la persona que lo ha escrito. Así, podremos centrarnos en el texto y la historia que leemos sin despistarnos en relacionar, o incluso justificar, lo que leemos con la vida más o menos miserable de quien lo escribió.
Si tenemos la mala suerte de conocer a quien escribió el libro que tenemos en las manos, aguantemos el chaparrón, intentemos que nuestra lectura no se convierta en cotilleo. En consecuencia nada diré de mí. Miren a ese fragmento de ser de cuadro y pregúntenle quién es. Si les dice algo, me lo cuchichean si quieren».
Este libro, con una sugerente portada, está dedicado a Virginia, la esposa del autor; en su presentación en Jaraíz contó con la música de trompeta de su hijo Martín, y en sus páginas nos «cuenta los esfuerzos de un grupo de hombres y mujeres de diferentes edades por sacar del silencio, o el olvido, hechos y personas que nos llegaron a conocer.
La narración comprende el tiempo que va de abril de 2005 a junio de 2006 y se desarrolla en espacios de Ávila, poblaciones del norte de Cáceres y ciudades y pueblos de Portugal».
Su primera página toma prestadas palabras de María Zambrano: «El escritor quiere decir el secreto…», y de su profesor José María Valverde: « [La poesía resulta] más filosófica y profunda que la historia».
Una vuelta a la narrativa infantil de Ignacio del Dedo la encontramos en varios cuentos ilustrados publicados por Mundo Libre Libros en 2024. Uno es el titulado ¿Y no has visto a la [tortuga]?:
« Un muchacho que la cuidaba se niega a ir a la escuela hasta que la tortuga no regrese.¿Volverá la tortuga a su fuente cuando el jardín se pueda visitar?».
Y el otro es “Cuaderno del cuervo blanco”: «Un cuaderno de la pintora de nubes que invita a observar el mundo con los ojos de la imaginación y desvelar sus secretos mediante las palabras y las líneas de unos dibujos».
La nueva edición de “El guardador de silencios y otros cuentos con mala leche” (Mundo Libre Libros, 2026) se incluyen varios relatos nuevos a la edición anterior y se añade a la cita de María Zambrano otra de Dostoievski:
«Una conciencia demasiado clarividente es, se lo aseguro a ustedes, una enfermedad, una verdadera enfermedad».
Y en una aproximación al texto se dice: «Martín Sánchez, bibliotecario, discute consigo mismo durante un mes. En su conversación pasa de la indignación a la ira y de ahí a maquinar un asesinato. La causa del encono de las palabras en su conciencia es su jefe. Un cargo político insignificante que cultiva muchos de los defectos que acarrea el uso del poder.
»Es chulo, menosprecia e insulta a los ciudadanos, da contestaciones hirientes y se apropia de bienes comunes, incluidos los símbolos, las ideas patrióticas y la fe. Nuestro bibliotecario lee en las lápidas del claustro de la catedral los epitafios de Claudio Sánchez Albornoz y de Adolfo Suárez (“La concordia fue posible”) y recuerda la educación que recibió “para ser un hombre bueno”. Cambia de idea. Cree que puede controlar la ira, y de hecho lo consigue, pero un gesto y unas palabras del jefe le desatan el instinto y sus actos le hunden en el fracaso».
Además del relato que le da nombre, este libro contiene otras 26 historias breves, algunas de ellas en formato de guión para corto de cine, y otras encabezadas con citas de Pitágoras, Sófocles, Agustín García Calvo, Alberto Cortez, Víctor Hugo, Gaius Plinieus Segundus, Kavafis, Bertold Brecht, Homero, Álvaro Valverde, George Brassens y Rafael Alberti. Son referencias, salpicadas con algunas ilustraciones oníricas, las cuales nos acercan al universo filosófico y poético de Ignacio del Dedo.
En 2018, con la Asociación Cultural “Cálamus” que presidía, Ignacio del Dedo participa en el libro “Peccata minuta”, título que explicó así: «es una expresión latina que usamos en nuestra lengua para referirnos a errores leves, a pequeños borrones que todos añadimos alguna vez a nuestra biografía.
También solemos decir ‘eso es peccata minuta’ para significar cosas de poca importancia. La obra, por tanto, son hechos o sucesos de no mucha enjundia… Por eso, al ver esas palabras como título de este libro debemos entender tal vez que guarda pecados pequeñitos, aunque no por pequeños menos interesantes que los grandes».
La asociación “Cálamus”, nació en los talleres literarios que organiza la Asociación de Universidades Populares de Extremadura (AUPEx) y tiene su sede en la Biblioteca Municipal Martiria Sánchez de Jaraíz. En 2024, “Calamús” celebró su vigésimo aniversario con una velada literaria que ha girado en torno a la presentación del libro Ocal, poemas y relatos, el cual se suma a otros ocho títulos: Palabras al viento, Un torrente gota a gota, Del tálamo al cálamo, 46 sorbos, Palabras con pimiento, Páginas al agua, y Peccata minuta.
Finalmente, aparte de una veintena de relatos más que publica en obras colectivas y de las ya citadas, Ignacio del Dedo no ceja en su activismo cultural, y en 2023 participa en el espectáculo de poesía y música en directo llamado “Raíces”, junto con Nerea Mateos, David Hache y Luis Miguel González.
Así mismo, cabe añadir que fue responsable del «Taller de relato y poesía de Jaraíz», vinculado a la Asociación de Escritores y Escritoras de Extremadura, un proyecto que había nacido en 1997. Una antología de los participantes en este taller se publicó en 2023. Además, durante varios años coordinó la edición de «Cáparra, revista de innovación y experiencia educativas de Extremadura». Igualmente, son reseñables sus colaboraciones con artículos de opinión y cultura en «El Periódico Extremadura» y en la revista «La Comarca», textos que incluye en su blog La memoria en el camino.
DIBUJANTE Y PINTOR.
Otra de las facetas creativas más interesante de Ignacio del Dedo es la de dibujante y pintor, cualidades que ha demostrado en distintas exposiciones individuales, dentro y fuera de la región, y en otras muchas exposiciones colectivas. Además, ha ilustrado revistas, libros de poemas y relatos. Dedicado al ARTE en todas sus vertientes, es autor y coautor de distintos libros ilustrados y cuentos infantiles. «Expongo estos cuadros empujado por la idea de que el arte es una fuente de la memoria que mana recuerdos sin cesar, incluso de hace milenios, para que podamos ver el mundo presente y su historia de una manera limpia», dice.
Más aún, Ignacio del Dedo «cultiva las artes porque cree que el arte y la palabra tiene el poder de hacer la vida soportables (o insoportable) y son las herramientas con las que las personas creamos y guardamos los recuerdos; los propios, los de nuestros pueblos, los de nuestro país, los del mundo: la historia».
En 2015, la revista educativa “Cáparra”, de la que fue coordinador, cuya portada se ilustra con un dibujo de tonos siena de la niña Violeta participando en el concurso de dibujo celebrado durante las fiestas de San Ramón en Zorita de los Molinos, incluye, en la sección “Obra gráfica”, un dossier antológico de ilustraciones, dibujos y pinturas de Ignacio del Dedo, de quien se destaca:
«Su estilo artístico singular, el que aporta la imagen gráfica de este número 14. Su manera cálida y particular de encapsular el mundo se fusiona con unas líneas sugerentes que nos dan paso a sentir la brisa cálida de su manifestación artística: cercana, sutil, conmovedora».
Más adelante, dibujó para el Centro de Profesores y Recursos de Jaraíz el calendario de 2018, el cual ilustró con imágenes de ermitas e iglesias de los pueblos que rodean la localidad verata.
También en 2018, otra muestra dedicada a los “Rincones de La Vera”, fue exhibida en el Museo del Pimentón de Jaraíz y en la vecina localidad de Villanueva.
En ella, Ignacio del Dedo «reunió 23 dibujos de torres y campanarios, picotas y cruceros, y fuentes realizados con tinta china a plumilla y, en contadas excepciones, con pincel. Predomina el color negro, aunque también puede verse el sepia, el naranja o incluso el rojo.
Al ver los cuadros, uno puede preguntarse cuál es el misterio expresivo de estas obras. No se guarda ningún misterio ni se pretende derrochar riqueza expresiva en la sencillez y firmeza de estos dibujos que conforman campanas, caños y rollos.
Son metáforas referidas a la memoria: el tañer de las campanas con la lengua, la comunicación; el agua de las fuentes con las canciones y las charlas en torno al manantial; y las picotas con el silencio y los secretos propios de las piedras y las conciencias perseguidas».
Una nueva exposición de Ignacio del Dedo formada por acrílicos y tintas, bajo el título “Ermitas y puentes de la Vera”, fue expuesta en el Museo del Pimentón de Jaraíz en 2019, y en la Biblioteca Municipal de Tejeda de Tiétar en 2020.
Dos años más tarde, en 2022, vuelve a colgar en dicho Museo una selección de “Óleos y dibujos” de «escenas relacionadas con la naturaleza, rostros humanos, animales y otros a los que el autor imprime su estilo personal, ameno, colorido y trazos».
En 2023, el palacio provincial de la Diputación de Ávila y el municipio de Mingorría, al que pertenece Zorita de los Molinos, fueron el escenario de la exposición de pintura «Recordando a Zorita».
En ella, se mostraron treinta obras de estilo figurativo, preferentemente, aunque en algún caso se tiende a la abstracción, en óleo sobre lienzo y técnica mixta de rotulación permanente y; óleo o acrílico. Los temas se concretaron en tres clases de imágenes: objetos, paisajes y personas (retratos) con un eje conductor, el pueblo de Zorita de los Molinos. El artista se centra en los recuerdos de la localidad con un enfoque poético y pictórico que recrea desde la ausencia y en el que ofrece:
«Una visión que hace referencia a la transformación que el pueblo ha experimentado con el paso de los años. A diario oímos hablar de la España vaciada, sobre todo a nuestros políticos. Hablan de ese modo para referirse a los pueblos que se van quedando sin gente. Ese fenómeno no es nuevo. El pueblo donde nací se vació casi por completo durante los años 60 y 70 del siglo pasado.
«Aquí lo que toca es expresar el sentimiento de impotencia, rabia y vacío que se siente cuando, siendo un niño, tienes que dejar tu pueblo porque cierran la escuela, pongamos por caso. Miguel Delibes contó muy bien esos sentimientos en un título tan significativo como “El camino”… Expresar ahora mediante dibujos lo que uno ha venido pensando durante toda su vida no es contar sentimientos de desarraigo, sino una manera de recuperar la propia infancia y el propio pueblo».
Finalmente, en Tiresias o la verdad”, última exposición hasta la fecha de Ignacio del Dedo que se mostró en 2024 en el Claustro Alto del Complejo Santa María de Plasencia, sede de la Escuela de Bellas Artes de la Diputación de Cáceres, el autor «buceó en el anciano ciego y adivino de la literatura griega clásica, Tiresias, a través de las formas, el encuadre, las líneas, los colores y las pinceladas, las emociones de un personaje de luz envuelto en un caos de acontecimientos».
Y en este personaje, que vivió y sintió como hombre y como mujer, redescubrió aspectos que hacen de él un ser siempre actual y vivo, igual que lo hicieron los dioses llamándole al Olimpo para solventar sus disputas, sabedores de su conocimiento de la verdad que muchas veces conduce a la tragedia.
La elección de la original temática mitológica se justifica entonces por Igancio del Dedo «porque él, el anciano ciego, planta el poder de las palabras enfrente de las soluciones violentas que, por regla general, aplican los poderosos a los conflictos. Del caos de acontecimientos que nos ofrece la historia y de la luz de la verdad que presenta el ciego Tiresias, he sacado los cuadros que ofrezco en esta exposición».
En cuanto al estilo empleado para comunicarnos ideas tan profundas, Ignacio del Dedo nos cuenta:
«La mayor parte de estas obras se encuentran en la intersección del expresionismo abstracto y el simbolismo y la parte menor dentro de esa corriente que solemos nombrar como arte minimalista o conceptual, en la pretensión de expresar más con menos: sean líneas, puntos o manchas de colores…
En cada cuadro he buscado las formas, el encuadre, las líneas, los colores y las pinceladas precisas para expresar la emoción del instante que se representa en cada cuadro».
