POR ANTONIO BOTÍAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.
Perdió lo único que poseía, su ropa y un viejo reloj que se tragaron las procelosas aguas del río Segura a su paso por Blanca. Las mismas que hubieran sepultado al niño inválido al que salvó. La historia del pastor Luis Cano Cano comienza un caluroso julio de 1963 al pie del cauce. Con apenas quince años, el joven, un muchacho indómito, de mirada despierta y alma limpia, apacentaba su rebaño. No sabía, y es posible que tampoco quisiera, hacer otra cosa. Ni siquiera había salido de su pueblo nunca.
Pero el destino, caprichoso y providencial, aguardaba agazapado junto a la corriente. Sucedió que un niño discapacitado, de nombre José Cano Sánchez, resbaló desde la orilla mientras jugaba con un bote.
Los gritos de unas lavanderas alertaron al pastor, quien se lanzó a la corriente sin dudarlo un instante. Con no poco esfuerzo logró salvar la vida del pequeño. A cambio de nada: no aceptó siquiera el reloj que le ofrecían comprarle los padres de la criatura salvada. Así que la fortuna le llegaría por otro camino. Y le cambiaría la vida para siempre.
Luis fue elegido número uno de la célebre Operación Plus Ultra, el programa de la Cadena SER que tenía como objetivo premiar y dar a conocer los valores humanos de los niños. Se emitió con enorme éxito en España durante la década de los años 60 y principios de los 70.
¿Cómo llegó a Madrid la noticia de la proeza? Fue tan simple como sorprendente. Los niños de un colegio comentaron la noticia con su maestro, quien les encargó que la redactaran. Aquel buen profesor era también el cronista de LA VERDAD en Blanca, Antonio Cano Sánchez. El trabajo de los alumnos fue publicado en estas mismas páginas. Las mismas que más tarde fueron leídas en Radio Madrid.
El diario publicó por vez primera la fotografía del que comenzaron a llamar el «héroe de Blanca». El premio del concurso era un viaje por España y el extranjero, a bordo de los aviones de Iberia, cuajado de recepciones oficiales, regalos y abrazos de multitudes. Más de un mes de auténtico ensueño para un muchacho cuyo horizonte se reducía hasta entonces a la recóndita Sierra de la Pila. Luis visitaría Valencia, Madrid, Sevilla, Tenerife o San Sebastián, donde una asociación le repuso su añorado reloj.
Otros le regalaban libros. Pero Luis no sabía leer. Cuando los alcaldes y los ministros le obsequiaban con hermosos libros de aventuras y cuentos, el pastor acariciaba las letras y los dibujos con una mezcla de reverencia y frustración. Por eso declaró a LA VERDAD que lo único que deseaba en esta vida era aprender a leer. Y tiempo tendría para ello, pues le concedieron una beca que pagaría sus estudios. La vara y el zurrón pasaron para siempre a la historia.
A finales de septiembre de 1963 acabó el espléndido periplo de Luis Cano. Blanca, su pueblo, lo recibió de nuevo como a un héroe. Luis entregó al niño que había salvado el balón de reglamento que le había regalado el Atlético de Bilbao durante su paso por la capital bilbaína.
El retorno a Blanca solo fue un descanso antes de emprender el verdadero viaje en la vida del pastor. A los pocos días se trasladó a Madrid e ingresó en un internado. Todo pagado. Era el último regalo de la emisora y del director del programa Joaquín Peláez, quien concluyó que el premio disfrutado se convertiría en una burla si todo terminaba con el regreso de Luis a su antigua vida de pastor.
Una beca merecida
Peláez habló con el alcalde de Madrid, José Finat y Escrivá de Romaní. El regidor había perdido a un hijo, que se ahogó en el Tajo. Una llamada bastó para que admitieran a Luis en el Colegio San Ildefonso. De allí pasaría a la Escuela de Flechas Navales, en Cádiz, y luego al Ferrol. Entre medias, cuando andaba de vacaciones visitaba al personal de Radio Madrid, que le pagaba hasta un hotel.
Finalmente, Luis se convirtió en mecánico naval, con cuyo título anunció que se enrolaría en la Marina Mercante. De nuevo, la vida le ofrecía conocer nuevos horizontes. La siguiente noticia nos viene de la mano de otro gran profesor de Blanca, Antonio Parra Valiente, quien apunta que Luis Cano falleció el 8 de julio de 2021. Tuvo una larga vida, quizá el último regalo por atesorar un gran corazón.
