POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

En momentos lejanos, las monjas dominicas, de clausura, no salían habitualmente fuera de las paredes del convento, por lo que fue necesaria, una persona que les comprase, lo mismo alimentos, que otros utensilios. Es de destacar la labor de Carmen Navarrete, la santera, que hizo largos años esta función, siempre amable y desinteresada.
Los tiempos cambiaron y ya la salida de las dominicas, para realizar las gestiones del banco, asistencia a fiestas religiosas…eran frecuentes. Hubo otra serie de personas, que en una labor callada, se entregaron en ayudarlas.
Ana Cabrera, maestra, se ha dedicado a ayudarles, pero es su voz, la que nos acerca: “A principios del año,2002, la superiora Sor Araceli, me llamó quería hablar conmigo. Me comunicaron que, en pocos días llegaría una joven de la India, quería conocer la vida religiosa de clausura. Me pidieron que le ayudara a conocer la lengua española. No podía negarme, las monjas eran muy importantes para mi familia, no solo por ser vecinas, también por el contacto y cariño que teníamos con ellas desde niñas. Cuando el tractor, les traía leña para el invierno, niños y niñas nos prestábamos a ayudarles a entrar la leña al interior del convento. En el momento en que me indicaron que la joven había llegado me acerqué al convento y hablamos de los días en que iría a darles clase de lectura y escritura, para que conociese el español. Esta chica alegre, trabajadora, bondadosa, fue para las monjas un halo de alegría, un rayo de luz para todas las monjas y postulanta.
A los pocos meses llegaron otras jóvenes. Filomena, Marta, Teresa y vivieron la vida conventual, tomaron los hábitos perpetuos. Estuvieron en el convento durante seis o siete años. Sor Filomena, fue trasladada al convento de Granada, donde continúa su vocación dando ejemplo de bondad y servicio.
Filomena y Marta, dejaron los hábitos y regresaron a India y Madagascar, sus lugares de origen. Pronto llegaron Cristina y Elodia, que como las anteriores recibieron de las monjas la mejor acogida. Les dieron cariño, disponibilidad, bondad, sin escatimarles nada. Aprendieron a tejer y bordar. Después de tres años vinieron otras jóvenes, Leontina y una amiga, nos alegramos, y pensamos que el convento de Villanueva ya no se cerraría”.
Pablo Anguita, maestro, colaboró y ayudó en las necesidades, que le solicitaron, las monjas dominicas : “ Sor Araceli, madre superiora con la llegada al convento de Filomena, Teresa y Marta, me pidió el favor para que les diese clase de Mecanografía y de Informática, a lo que accedí con gran ilusión.
Tenían en casa de la época de mi juventud un libro de Mecanografía, que lo volví a utilizar para iniciarlas en su aprendizaje con dos objetivos principales: la correcta utilización de los dedos e ir adquiriendo una velocidad aceptable en la escritura. Una vez finalizados todos los ejercicios del libro, les dictaba textos para corregir ortografía y medir su velocidad. Las novicias con este mecanismo me manifestaron su interés por la informática y como tenían un ordenador de escritorio , comenzamos a trabajar en él, sin dejar de seguir utilizando la máquina de escribir,
Del conocimiento del teclado del ordenador, pasamos al aprendizaje en el Word, que nos permitía crear, editar documentos profesionales, contratos… Modificábamos fuentes, estilos, márgenes, colores… Otro de los programas del que yo tenía un pequeño conocimiento era el Corel Draw dedicado al diseño gráfico, que usábamos para el diseño gráfico y crear letreros, dibujos, anuncios…; aprendieron a utilizar internet y otros programas. Dada la juventud e interés de las novicias, aprendían mucho más rápido de lo que yo me esperaba,
Eran dos horas de clase a la semana. En la clase nos acompañaba sor Dominica, que con su bondad y palabras de agradecimiento nos contaba algunos relatos. Llegó a decirme que si podía apuntarse a las clases, que le gustaría aprender todo lo que hacíamos en la clase. Nos decía “lo malo es mi edad, a mis ochenta y cuatro años, poco podré yo aprender”.
Con el paso del tiempo, las novicias aconsejadas por la Superiora Sor Fuensanta, vieron la posibilidad de obtener el carnet de conducir. Alternamos los test con la lectura y explicación del libro que estudiaban, la llamada parte teórica. La práctica la recibían , en el coche de la autoescuela. La primera en obtener el carné de conducir fue sor Teresa. Nos desplazamos hasta Úbeda en mi coche, y nos acompañó Sor Fuensanta. La segunda en aprobar fue Sor Marta, de la parte teórica se responsabilizó mi esposa Ana Dolores.
Siendo secretaria Sor Araceli, con la presencia y visto bueno de la madre superiora, les ayudé a cerrar la contabilidad económica del convento.
Todos nuestros servicios con las madres dominicas han sido para nosotros un orgullo y una satisfacción inmensos y un gran dolor la pérdida de nuestras monjas.
Como dato satisfactorio tengo que indicar que tanto mi esposa, como yo fuimos padrinos de la monja que primero tomó los hábitos y votos perpetuos, Sor Filomena, originaria de la India, que continúa su vocación en el convento de las monjas dominicas de Granada”.
La Música
Uno de los placeres en la asistencia a las celebraciones religiosas en la iglesia de las dominicas, era escuchar sus voces y piano.
- Onofre Prohens , director de la Banda de Música Municipal, impartió en los años 60 clases de solfeo y piano en este periodo a tres monjas dominicas del Convento de Santa Ana, durante varios años, así como a las carmelitas de Beas de Segura, ambos conventos de clausura,
Posteriormente ha sido, Aranzazu Labrador, que había estudiado piano, la que ha ayudado a las dominicas en el tema de la música.
“Dos días a la semana me trasladaba al convento para darles clases de solfeo y piano; la monja que tocaba el piano, algo mayor, tenía artrosis en las manos. le costaba dolores acompañar las canciones. Un día me ofrecí para ayudarles, dando clase a las novicias, Sor Marta, Sor Teresa y Sor Filomena, que después se marcharía al convento de Granada; tuvieron que pedir un permiso al obispado, ya que las mujeres no podían entrar a la clausura.
Para animarlas en sus días de convento, les indiqué que las monjas les enseñaran a cocinar, flor de lis, roscos…, que colocaban en unas cajas y yo me encargaba de venderlos a las amistades; con estos ingresos se mostraron contentas de poder colaborar un poco al convento. Realizaron , filigranas con palillero, canicas para hacer collares, con la ayuda de Sor Josefina; trabajaron también con lana; con todo esto deseaba que ellas progresaran y estuvieran bien; en el periodo que estuvieron sacándose el carné de conducir, bien en la Fuensanta, bien en una nave, con mi coche, dimos algunas clases.
Apadrinamos a Sor Marta, toda mi familia ha sentido siempre una gran estima por las monjas dominicas y hemos ayudado lo que hemos podido”.
Nos quedan otras personas que han procurado todas las ayudas posibles al convento, y a mantener un amplio edificio, con múltiples necesidades.
Intentaré reunir todos los acontecimientos de este convento, a lo largo de este siglo XXI, años de esperanza, el transcurrir con hechos destacados que puedan servir de guía en este periodo con su cara positiva y un final para recordar de agradecimiento.
FUENTE: M.L.F.