POR JOSE MARÍA SUAREZ GALLEGO, CRONISTA OFICIAL DE GUARROMAN (JAEN).
Por el camino, don Quijote y Sancho Panza encuentran «hasta doce hombres a pie, ensartados como cuentas en una gran cadena de hierro, por los cuellos y todos con esposas en las manos». Era una cadena de galeotes, formada por «desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no querían ir».
Se trataba de sentenciados que en castigo por sus delitos eran conducidos por cuatro guardias armados, al durísimo trabajo de remar en las galeras del rey.
Con gran osadía de su parte y enfrentándose a los guardias que los llevaban, don Quijote pone en libertad a esos galeotes. En agradecimiento por el beneficio que han recibido, les pide que vayan a la ciudad del Toboso y cuenten a Dulcinea lo que ha sucedido y cómo han alcanzado ser libres gracias a él.
En lugar de hacer como les indicó, los galeotes agredieron de la peor forma al escudero y su amo y aun despojaron de su gabán a Sancho «dejándole en pelota».
Entonces don Quijote dice:
«Siempre, Sancho, lo he oído decir, que: El hacer bien a villanos es echar agua en la mar».
