«¡LA SEVILLANA TIENE LA POCA VERGÜENZA DE IR AL ROMEA!»
Jun 01 2026

POR ANTONIO BOTIAS SAUS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA.

                                             

Hubo un tiempo en que la Delegación del Gobierno, entonces a cargo de un gobernador civil, era una casa de putas sin amo, como popularmente se describe el caos. Aunque, en este caso, lo fue casi literalmente. Tal era la entrada y salida de las llamadas «sacerdotisas de Venus» que un diario murciano decidió dar un puñetazo periodístico en la prensa.

Bajo el titular de ‘La inmoralidad en Murcia’, el rotativo ‘El Heraldo’ denunció la tolerancia del gobernador, «demasiado bondadoso, condescendiente», quien toleraba que aquellas mujeres camparan a diario por el centro de la ciudad «e invadan el edificio del Gobierno, que a veces más semeja otra cosa». Genialidad.

El diario refería que las «modernas Mesalinas» ocupaban casas en las calles Cánovas del Castillo, Mariano Padilla, Zambrana «y otras que fuera prolijo enumerar». El problema residía en las escandaleras que se formaban a todas horas y que, en opinión del periodista, parecen «una bárbara regresión que nos lleva a los tiempos de Roma decadente». Y, entretanto, el gobernador, Miguel Aguado y González, no decía ni mú ni nada hacía.

El redactor ironizaba con el convencimiento de que no sería escuchado, «porque entre un periodista que reclama lo justo y una pecadora más o menos bella» las probabilidades de triunfo no eran del primero.

Apoteósico fue el escándalo que esta editorial provocó en la ciudad. Tan monumental como el enfado del gobernador, quien denunció al periódico. Lo mismo hizo contra otros dos diarios murcianos.

‘El Heraldo’ arremetió de nuevo contra el político advirtiendo de que «sabíamos que caería sobre nosotros la cólera suya. Y que hasta el padrenuestro le parecería a sus ojos materia pecaminosa». Frente a la «complacencia» que demostraba con las prostitutas. Y añadía otra acusación: en Murcia se prostituían niñas. Además, el periódico añadió otras calles donde había burdeles: San Antonio, Santa Teresa, Montijo, Victorio, Puigcerver, Rosario, Sagasta, Pilar «y otras muchas más».

Como guinda, otro titular dedicado al Gobernador: «¡Qué se lo lleven!». Al parecer, el Gobierno central preparaba cambios y nombramientos para esos cargos en los siguientes meses.

Los ecos de la campaña de ‘El Heraldo’ no se hicieron esperar. Otras publicaciones se sumaron a las críticas, confirmando el malestar del vecindario. Así, Martínez Tornel desde ‘El Diario’ concluía que «en Murcia hace mucha falta que el principio de autoridad se deje sentir en muchas partes».

‘La Linterna’ celebraba la iniciativa de su colega «en pro de la moralidad, tan decaída en nuestra desventurada Murcia desde hace algún tiempo». Todos los diarios compartían la necesidad, ya no de abolir la prostitución, sino de relegarla a lugares donde «no hagan huir a las personas decentes, coléricas y asqueadas».

En los papeles diarios comenzaron a publicarse ruegos y cartas de vecinos indignados por la creciente ola de prostitución que invadía sus barrios. Quienes vivían en la calle del Junco pidieron al gobernador que los librase «de una jovencita, que es discípula aprovechada de la Dolores de Calatayud». Los apodos merecerían un artículo aparte.

En la calle Corredera denunciaron algunos que una madre explotaba sexualmente a sus hijas menores. Otros clamaban por «la individua conocida como la ‘Sevillana’», que se atrevía a asistir con varias pupilas a una función en el Romea. La ‘Sevillana’ era la propietaria del prostíbulo más lujoso de la ciudad, ubicado en la calle Zambrana.

No criticaba tanto ‘El Heraldo’ que aquellas mujeres asistieran al Romea, para lo que tenían todo el derecho del mundo, sino que utilizaran las funciones teatrales como improvisada pasarela donde la madama mostraba el ‘género’ que ofrecía.

Muchos años después, los lectores más viejos lo recordarán, otra famosa proxeneta hacía lo mismo cuando el Real Murcia disputaba partidos en La Condomina. Pero esa es otra curiosa historia.

Mientras tanto, el Gobernador, denuncia va denuncia viene, regresó al balneario de Archena, donde, al parecer, intentaba recuperar su «quebrantada salud». Las querellas apenas le preocupaban a ‘El Heraldo’. Quizá porque, como publicaron en su edición del día 28 de aquél mes, «con esta, llevamos 1.015 denuncias».

El rotativo lamentaba las molestias que se les producían a los funcionarios judiciales. Y así fueron pasando los días hasta que la noticia perdió interés a medida que las prostitutas desaparecieron un tiempo de las calles y, por fortuna para ellas, una epidemia de viruela afectó a la población. «¡Otra que te pego!», debió pensar el gobernador.

FUENTE:https://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/lamurciaquenovemos/sevillana-poca-verguenza-romea-20260531212319-nt.html#goog_rewarded

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