CALLE CERVANTES. PARRAS EN VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (II)
Abr 21 2025

POR MANUEL LÓPEZ FERNÁNDEZ, CRONISTA OFICIAL DE VILLANUEVA DEL ARZOBISPO (JAÉN)

El nombre de Calle Parras, ya figura en los primeros años de 1700. Entre los habitantes de esta época destacan: Manuel Martín, Pedro Bueno Magaña, Narciso Simón Aguado. Varias casas son propiedad de D. Tomás Vélez, y de D. Pedro de Amores, también patronatos y capillas poseían edificios en esta calle.

En los años finales del siglo XIX instalan aquí en repetidas ocasiones una mesa electoral, y con posterioridad una escuela en casa de Martín Marín Medina.

En 1920, como van a conceder a Villanueva el título de ciudad, revisan el callejero, y nos dan nombres de ilustres patriotas o políticos del momento. A mi vecina Fuente Vieja la llaman Dos de Mayo y a mí comienzan a llamarme Cervantes. Llevo con dignidad este nombre del escritor de » El Quijote», y tal vez quisieron recordar la llegada a Villanueva en el año 1592 del afamado  autor, que vino  para recoger tributos,  por lo que recolectaría más insultos que alabanzas.

Pocos años después en 1926, nombran al Ministro del Estado Yanguas Mexia, Hijo Adoptivo de la ciudad, por su apoyo para construir el Pantano del Tranco y el ferrocarril Baeza-Utiel, que nunca  llegó a finalizarse. Me colocan un nuevo rótulo y me llaman Calle Yanguas Mexía. Del Hijo Adoptivo de Villanueva, debes conocer que nació en Linares en 1890, fue Catedrático de la Universidad Central, Diputado, Ministro en el segundo gobierno de Primo de Rivera, Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales…como ves un linarense universal que falleció en 1974.

Los años de 1931 y 1939 se invierte la mayor parte del  presupuesto municipal en comprar y cambiar todos los rótulos y nombres de calles. En 1931, me llaman calle Galán en honor del capitán sublevado y fusilado en Jaca.

Pasa el tiempo y creo que se olvidan  de mí, y en unas fechas cercanas 1984 vuelven a llamarme, Calle Miguel de Cervantes.

Como ves soy una calle abierta, calle de vecindad, de reanudar las  tradiciones de las luminarias, de tomar el fresco sentados en la puerta, en las calurosas noches veraniegas aunque los tiempos han cambiado y las personas también.

La Calle Cervantes : hoy

El recorrido casi habitual, por ser un lugar de tránsito, sin fijar la vista en lo destacado o perdido, supone “ese pellizco”, ese “revoloteo de mariposas”, de rostros y gestos, que toca hoy.

Hoy llegas más nostálgico, más de setenta años para levantar acta como notario, del estado de la calle, de sus protagonistas, de sus edificios y si es posible comparar el ayer y el hoy.

Una reciente remodelación con Fondos Europeos de Empleo Agrario, con un total de 810.314 euros, de los que la Corporación debe aportar, algo más de cien mil euros; la calle se ha convertido en más señorial, pero menos familiar. Llegas desde la calle Fuente Vieja, para ascender hasta el final, mirando el  templete que remata la azotea, del lugar llamado Antiguo Casino.

En la parte derecha, los sueños del comercio de Ángel Martínez, que continuó, su hijo Tino, las sombras de Pedro Antonio y Emilio como dependientes. En la parte derecha el Palacio del Vino ha dejado su espacio a un edificio de tres plantas, pintadas de color ocre, con unos balcones y rejería que son de tu agrado; en los bajos, Impresión, un negocio de publicidad, con buena aceptación entre los vecinos; casas silenciosas, en donde hubo bullicio y calor; la casa de Cayetano Nieto, con un cierre original, una amplia cochera, y las anillas para atar los animales de labor,hoy son sus hijas. Pilar y Mercedes, las que aportan vida a este lugar. En època ya lejana en la casa de Merino, se construyó un edificio de varios pisos, con un bajo comercial, ahora silencioso. El acerado sigue el patrón de todas las nuevas remodelaciones de calles, en material, jardineras y bolardos, he leído pilona universal,  disuasorias de aparcar sobre la acera.

La antigua casa de doña Rita, silenciosa, dejando ver sus numerosos años y ausencia de moradores. Modas Limas, con sus escaparates repletos de artículos de vestir, pone la nota de color;  sobre el local, nueva construcción de pisos.

José García, persona entregada a la agricultura, es de los vecinos que más tiempo lleva en este lugar, pero indica, que salvo en los bloques de pisos, pocas casas y pocos vecinos dan vida a la calle

Algunos letreros de “se vende”, entre ellos,  la casa que fue vuestro hogar un tiempo; un recuerdo para Froilán, zapatero y músico e Isabel su esposa, con una excelente amistad;  calzados Mora, escaparates de vida, para caminar;  la peluquería de José A, Mela, que siguió la profesión de su padre y que es un excelente músico, con un gran recorrido de éxito, en solitario o grupos. En lo que fue el negocio puntero Arca de Noé, debo recordar además del tema comercial, el gran regalo que hizo a Villanueva con una colección de unas treinta fotos tarjetas de la localidad en 1928, con temas de edificios y religiosos, una gran aportación a nuestra historia. Ahora Almacenes Mayenco, que ha seguido apostando por nuestra localidad,a pesar de trasladar sus almacenes a Úbeda, continúa con  un comercio de precios económicos siempre. En un tiempo generoso para enviar camiones con ropa en la guerra de Yugoslavia…

Frente a este edificio, el que fue otro comercio esencial, Pedro  Montañés, ahora los bajos, esperan poder ser útiles. Lindero otro edificio de varios pisos construidos.

Este lugar de tránsito de bajada al mercadillo los sábados, de comunicación con todo los vecinos de la Fuente Vieja y otras calles próximas, queda solitario en las noches. No hay nadie sentado a las puertas de sus casas, algunas televisiones prestan sus sonidos a mi paso. En esta soledad de luz tenue, pasé parte de mi vida. Mi padre Miguel industrial emprendedor;  mi madre, Cándida, ya narré su destacada habilidad en la cocina, mis hermanos, María Antonia, Miguel, Dolores… todos, con proyectos de vida, algunos se cumplieron otros, “temprano levantó la muerte el vuelo”, todos, igual que otros vecinos y amigos.  partieron ya a su último viaje.

Es una generación de sensaciones perdidas. La de sentarse a “tomar el fresco”, las noches de verano y esperar la llegada de los vecinos que habían acudido a ver una película en alguno de los cuatro cines de verano de  la localidad. El barrer y regar la puerta por la mañana; la celebración de San Antón, con las grandes luminarias, con numerosas ramas de olivo, cortadas para la ocasión y todos los vecinos alrededor de la lumbre; las despedidas a los “quintos” que se marchaban al servicio militar, acompañando la visita con algún regalo económico o viandas; la celebración de un vecino misacantano, con numerosos cohetes y alegría con la bandera abriendo el amplio cortejo camino de la Parroquia, o de una muchacha su ingreso en algún convento; los nacimientos de niños, atendidos por las comadronas, doña Carmen o doña Angelita en sus casas; los juegos de los niños, de fútbol desde la salida de la escuela, hasta la hora de comer, por la noche los castros;  la rayuela para las niñas, o aquellos corros con sus cancioncillas; la bajada al río, y pasar el día,  lavando la lana, cuando algunos de los novios iban a casarse; el río era la excursión necesaria para bañarse, y estar todo el día  bien el 18 de julio o el 25 día de Santiago, con todas las viandas necesarias para comer, y algunas bebidas colocadas en alguna parte del río,  en la larga jornada;  el envío de algunos “presentes”, cuando se realizaba la matanza en los distintos domicilios; la bajada por agua a una fuente distante varios kilómetros, “Polinario” o el cuidado de las vasijas, colocadas alrededor de la plazoleta,  cuando suministraba  el agua a la Fuente Vieja, a partir de las seis de la mañana: el lavado de la ropa, en lo que se llamaba “Las Albercas”, mediante el pago de una pequeña cantidad, o bien al lugar llamado “Los Olmillos”, unas albercas,  distante algunos kilómetros, transportando la ropa y esperando se secase al sol; el sonido de “la bocina”, que tocaba Miguel “Tomizo”, en el periodo de cuaresma en las cuatro esquinas”; el pesar que llenaba el aire cuando la muerte o la enfermedad llegaba a cualquier componente de la calle; el “apúntame”, las compras en las tiendas de la calle, hasta el cobro a final de mes; la petición de  “sustancia”, la parte de tocino del jamón, para poner un cocido o sopa; las parejas de novios, hablando en las puertas de las casas; la alegría cuando algún joven finalizaba sus estudios o encontraba una buena colocación; la alegría cuando la cosecha del olivar era aceptable; el escuchar Radio Villanueva, con los éxitos, especialmente copla en los aparatos de radio Telefunken o Iberia ; el escuchar durante el periodo de la siesta, la voz de “torraos”, garbanzos, bien para cambiar o comprar en aquellas medidas; o la del rico “helado”, con aquellas plateadas garrafas; o la guitarra de José “el Ciego”, tocando  alguna de las canciones pegadizas; el regalo de algún vecino, de algunas matas de “garbanzos verdes”, recién  arrancados de su parcela: la mujer entrada en años, que “tenía gracia”, para pasarte la mano, mientras rezaba alguna jaculatoria, por las verrugas que  te habían salido en manos  y rodillas”…

Se notan la ausencia de vecinos, casas silenciosas, las calles van quedando sin vida, sin niños, ni mayores, la emigración en los años 60, en la búsqueda de trabajo,  reduce en más de diez mil las personas del censo de los años cincuenta a este dos mil veinticinco, que no llegamos a los ocho mil vecinos.

Toca remar a todos los habitantes, para que la solidaridad, la entrega y el amor a la ciudad que nos vio nacer o acogió, mantenga una estabilidad de iniciativas variadas, culturales, empleo, el olivar y la entrega de todos para que no se pierdan algunos de los rasgos que siempre nos han acompañado, ser emprendedores, puerta del Parque Natural de Cazorla, Segura, las Villas, y que los gobernantes defiendan siempre el bienestar ciudadano.

FUENTE: M.L.F.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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